Stand by
Sábado por la mañana. El mejor día de la semana.
Hoy me levanto ya cansada. Ayer me acosté demasiado tarde, una vez más. Chateos varios me hacen desvelarme y revolverme para dormir más agitada y menos horas. Supongo que algo necesito que voy buscando por ahí, un poco a la desesperada. Pero son cosas que no se pueden buscar, no funciona.
Me pregunto por qué insisto, porque no abandono esta estúpida búsqueda sin sentido. Yo que siempre he sido buscadora de tantas cosas gratificantes, ahora persevero en esta especie de tarea autodestructiva y baldía. Recibiendo leches una y otra vez.
Lo cierto es que he tirado muchas veces la toalla. Pero siempre vuelvo. Necesidades emocionales, esas que surgieron al abrir la caja de Pandora que quizá siempre debió permanecer cerrada. Protegida e insensible. Como hacen todos los habitantes de sus propias cuevas con los que me topo. Una y otra vez.
Se me producen en este sentido situaciones muy curiosas para alguien como yo. Me cuesta bastante ilusionarme y no digamos ya enamorarme. Siempre me ha costado. Pero de repente, soy como un trasatlántico encendiendo motores. Me cuesta arrancar, pero cuando me encienden y me pongo en movimiento parece que cuando me dan al stop sigo en movimiento por inercia. Y me muevo sabiendo que me paso de puerto. Y paso este puerto y el otro en este movimiento suave e imparable. Lento pero estable. Quien pudiera ser moto de agua, ahí haciendo requiebros y cambiando de direcciones cada medio metro...
Y parece que últimamente me conquistan con el intelecto. Me rodeo de gente que me resulta inteligente, y creo que por eso me gusta. Pero del resto de cosas están llenos de taras y barreras. Como yo durante mucho tiempo. Es curioso que ahora que llevo trabajando estas barreras y estas parálisis emocionales mucho tiempo, sea víctima de ellas una y otra vez. Creo que es algo que conlleva el desarrollo intelectual. Una cierta tendencia a obviar el desarrollo emocional. Porque cada acción racional exitosa te lo refrenda.
Y por ahí vamos por la vida, con nuestro perfecto raciocinio que nunca falla, exentos de vértigos y mareos. Esos que nos dan la felicidad y nos producen quebraderos de cabeza y corazón. Vivimos en la era del conservadurismo personal. Y así pasa la vida, envuelta en celofán. En un celofan inoloro, incoloro e insípido.
A mí siempre me han gustado los colores y las estrellas. También soy un poco lunática. Me afecta la luna llena y esas cosas. Aunque no he podido ser más racional en todos mis comportamientos. Supongo que mi educación, un poco victoriana, aunque contemporánea y libre en la parte intelectual ha hecho el resto. Mi psicóloga siempre me ha dicho que me han educado como a un hombre. Y tiene razón. Lo que no logro ver es la diferencia en la educación que se ha de dar entre hombres y mujeres. Soy tan hombre que ya no lo veo. Pero entonces salen todas mis feromonas. Y mi parte femenina se impone a lo bestia. Con cada regla, cada síndrome premenstrual y cada ovulación. Y me siento muy mujer. Y esa es la parte que falla. Ser hombre lo tengo dominado. Pero ser mujer me cuesta mucho más.
Y así me voy bandeando por la vida. Bastante regular en la emoción. Queriendo querer a tanta gente. Atrayéndome el intelecto y la emoción por partes iguales. Y dejando tantas cosas en "stand by". Espero que cuando dé al "play" no sea demasiado tarde...



Johnny Lomax dijo
"Ser hombre lo tengo dominado. Pero ser mujer me cuesta mucho más."
Lo más inteligente que he escuchado (leído) en los últimos tres mil doscientos cincuenta años. A tu lado, Platón subnormal profundo.
25 Febrero 2012 | 07:23 PM