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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

29 Enero 2012

De deporte y actividades zen

Esta semana he retomado la actividad deportiva. No es que la hubiera dejado por completo, los que desde pequeños estamos acostumbrados al deporte, no podemos prescindir de hacer algún tipo de actividad en nuestra vida, aunque sea correr a por el autobús. Pero después de un año en el que por diversas circunstancias, no conseguía continuidad deportiva, parece que esta vez vengo decidida a continuar con fuerza.

Mi baile, esta actividad que tantos buenos momentos me ha reportado, tendrá que esperar de momento. Mis horarios erráticos, una tendinitis en un pie después de un Camino de Santiago, y el empezar a destiempo, van a motivar que haga actividades que requieran menos compromiso. Por tanto actividades, que reportarán menos placer. Al final el placer y el compromiso siempre van bastante unidos. Pero en este momento de mi vida, me conformo con esto.

Finalmente, he empezado a ir al gimnasio al lado de la oficina. Para escaparme cuando pueda a nadar, a pedalear, a lo que sea, con tal de moverme. También seguiré con mis actividades zen por la tarde: yoga, meditación y los pinchazos de un guapo acupuntor que me llevaría a casa de buen grado.

Ya estoy notando los efectos. Es cierto que mi cuerpo es agradecido, que la memoria muscular de muchos años de baile intenso hace que enseguida me ponga en forma sin grandes agujetas. Pero lo mejor efecto que en mi causa el deporte, es la vitalidad. El martes estaba medio dormida, como drogada, no sé si la combinación de las agujas sabias de mi acupuntor con una pastilla de melatonina - que he dejado de tomar, claro- hicieron estragos o fue la presión atmosférica, pero lo cierto es que estaba abotargada. Un empujoncito de alguien, hizo que fuera al gimnasio y así empezar la carga de las baterías anímicas que tanta falta me hacía.

Lo que es realmente gracioso, es la diferencia de ambientes entre los lugares que frecuento. Al ambiente variopinto, joven, más bien gay  y modesto de la escuela de danza se sucede el ambiente "no sin mis siliconas"  del vestuario femenino del gimnasio. Una sucesión variada de peinados y estilismos de partes íntimas de la más diversa condición y un lucir de tatuajes y musculitos masculinos bastante graciosa. Y eso que este gimnasio es de lo mejorcito que he visto. Gente bastante normal, para la fauna y flora que suele haber en estos lugares.

Mientras, descubro la meditación sin objeto espiritual ni religioso, la meditación de la consciencia y la lucidez, intentando tomar perspectiva y verme como un objeto sujeto a mi observación. Tomando distancia de mí misma y viéndome ahí, nadando tranquila en piscina como un camaleón ciego, uno, dos, uno, dos. Corriendo a la misma cadencia en una cinta o estirando mi cuerpo largo y sin límites en un saludo al sol eterno. Mirando mis anhelos e incertidumbres con calma y una cierta lejanía. La lejanía del que por fin se quita importancia, porque percibe que el mundo sería igual sin su presencia. Así que no merece la pena tanta energía invertida.

Calma, lejanía, lucidez, palabras que llevan a un cierto desapego. Y le pregunto a mi profesor, si esta calma puede producir desapasionamiento, falta de interés en determinadas cosas que te dejen gélido, sin calor, sin hedonismo. Y entiende la pregunta. Pero parece que hasta ahí es tan difícil llegar que nadie ha solventado esta pregunta. Porque desaprenderse como sujeto no es nada fácil. Desapasionarse por lo de uno no parece tarea baladí. Pero yo conozco al Obelix de la meditación. A una persona muy especial que se cayó en la marmita del estado zen, cuando era pequeño. Y le llevaría a clases de pasión. Para que metiera su carne donde se quema, donde duele y donde se disfruta. Porque el estado zen está bien para compensar, pero vivirlo 24 horas es como pasar de puntillas por la vida. O eso me parece a mí, a esta emoción andante tan racional.

Porque es curioso, pero estas meditaciones y estas sesiones de acupuntura tan orientales, me están despertando de nuevo al hedonismo mejor entendido, a la sensualidad y a las ganas de nuevos amores. Será porque mi acupuntor es tremendamente guapo?. Nunca se sabe. Yo creo que es cuestión de naturaleza, de equilibrio. Y cuando uno se balancea y se relaja, todo vuelve.

Y es que parece que para estar bien, solo necesito que me pinchen un poco.

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Señorita Honeychurch

madrid, España
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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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