Un año revuelto
Decido escribir este post el día 2 de enero. He tomado vacaciones, entra el sol por la ventana y es lunes. Supongo que un buen día para comenzar.
Por más que lo intente, no puedo evitar ser fiel a unas ciertas costumbres adquiridas. Aunque este ha sido el año en el que me fallaron mis herramientas, mis pequeños salvavidas prácticos y funcionales. Aquellos que me salvan una y otra vez del stress y la depresión, esta vez me resultaron poco fructíferos. Quizá porque el stress llegó a cotas más elevadas de las que pueda quitar una sesión de yoga, como la aspirina contra la jaqueca cuando se instala.
La primera mitad del año, fue expansiva. Con una decisión en mente, tomé la iniciativa de disfrutar lo que pudiera, de apuntarme a cuanto evento o viaje fuera posible y salir lo que fuera necesario. Por supuesto, el trabajo se encargó de acotar tiempos e intensidades, porque parece el director de mi vida. Algo que tendré que cambiar en el futuro, porque su voracidad es irracional e inhumana y solo yo puedo pararlo.
Celebré un cumpleaños especial por todo lo alto, guapa, sonriente y recibiendo a todos mis amigos a golpe de copas y canapés en un lugar donde la fiesta se prolongó hasta muy altas horas al son de la música de un querido amigo, que pincha para levantar al más seta de su acomodado trasero. Faltó gente, pero la vida es así, y cada uno tiene la suya.
En esta etapa no me acompañó este blog, algo extraño ya para mí, pues me lleva acompañando más de cinco años (va para séis), porque sentí que debía callar. Disciplinarme a no contarlo todo a quien no le interesa, a no compartir con gente que lee pero no comparte nada. Pero una es así, y aquí está de vuelta, aceptando que cada uno es como es. Y hay quien comparte y quien se lo guarda todo para sí. Desde aquí mando un fuerte abrazo y doy las gracias a los que me seguís año tras año. A los que comentáis y a los que permanecéis ocultos, fieles desde el inicio de este blog. A los que os conozco y a los que no.
Y me regalaron un bautismo de buceo que nunca hice, porque nunca fue el momento apropiado. Y me fui al mar a recargar pilas una vez más, y viajé por Islandia, sintiéndome un poco Björk, un poco trollesa y un poco elfa. Y me fui a Edimburgo, con la Pandilla Maravilla, a ver la ciudad de Ward cuya madre nos acogió con los brazos abiertos, en esa casa como de Grandes Esperanzas de Dickens, llena de libros y plantas. Interesantísima mujer que nos invitó a la fiesta de clausura del festival de cine. Con ellos me fui también a La Rioja, a celebrar un cumpleaños de alguien muy especial, un francés del mundo, que nos llevó a visitar bodegas de Rioja y no de Bordeaux.
Por trabajo viajé un poco menos, Londres, París, Frankfurt, lo de siempre. Aunque esta vez nos embistieron por detrás en París, un pijo larguirucho con cara de susto, que me mandó despedida hacia delante de uno de esos cochazos con choffeur con los que nos malcrían en los viajes. Nada grave, aunque mi cuellecillo jirafil se resintió un poco. Más gracioso estuvo otro París, el que puso banda sonora a mis viajes de trabajo, que ahora consideran a Elvis y su " Love me tender" una suerte de "nuestra canción" ; un tema un tanto extraño para algo laboral, pero que surgió por autoproclamación y por el empeño de un taxista en cantármelo en su taxi parisino, mientras me ponía una cinta, ante las risas de mi compañero de trabajo, que no entiende el porqué de cuando va conmigo le pasan este tipo de cosas. Y es que es verdad, soy así, y tiendo a que la gente me cuente su vida o me pasen cosas estrambóticas.
También visité Viena por trabajo. Nunca había estado allí y tras dar esquinazo a mis acompañantes, en una ciudad llena de modelos (se celebraba un evento de moda), tuve una velada genial con un amigo de un amigo que decidió sacarme de paseo. Todavía recuerdo el encuentro con él y su bicicleta en la puerta de la catedral.
Me doy cuenta de que he escrito tan poco en este tiempo, que se me acumulan y acumulan las cosas que contar en este post inmenso con poco orden y concierto.
En julio empezó la inflexión, empecé a intentar algo que no pudo ser. Al menos de momento. Y por primera vez me sentí sola de verdad. Incomunicada de los que más quiero en este mundo. Sin encontrar nexos y levantando muros y fronteras. Y tras el fracaso, me eché a andar. Anduve cien kilómetros hacia Santiago. Pensando, llenándome de aire y llegando a algunas conclusiones que me han acompañado y me acompañaran siempre. Me dí cuenta de mis muchas limitaciones. De la incapacidad de algunas cosas en soledad. Y de que sin la familia, nunca podría llegar a nada. Siempre lo supe. Pero ahí me dolió más que el hematoma que hice en mi pie. De la tendinitis que me acompaña desde entonces, a modo de recordatorio. Y es que caminar por la vida es así; a veces hay piedras, a veces hay sol, a veces caminas solo y otras va pasando gente con quien hablar por el camino. Pero siempre tienes que seguir hacia delante.
Y así seguí, caminando. Intentándolo de nuevo. Fracasando de nuevo. Y en el medio, alejándome de algunas personas y acercándome a otras. De las que me alejo, supongo que volverán. Que los tempos y momentos no son los mismos. O que simplemente lo que me aportan no es lo que necesito en este momento. Las dejaré en stand by, dosificando encuentros para que no sean desencuentros y los pille con más ganas cuando nos acerquemos.
La comunicación resultó un tema fundamental en este año. En el año en el que me sentí la persona más sola del mundo. Aunque estuviera rodeada de gente. Porque la comunicación es algo más del interior, de conexión mental y afectiva. Y supongo que yo ando carente de ésto y lo voy buscando como loca por todos los lados.
A veces, rompí la baraja en esta búsqueda. Otras, por el contrario, logré franquear muros y acercar corazones. Hice un gran amigo por internet, alguien que ahora vive en Santander y que ha tenido un año muy complicado. Creo que fue la sinceridad lo que forjó este cariño. Y para que hablar de Nor, ya le he dedicado más de una palabra. El sabe que este año, fue el año de nuestra amistad. El año en el que me acompañó en este camino que el ya conoce.
Otros pudieron estar y no estaron pero quien sabe si estarán. Todo es posible en esta vida. Todo, mientras se tenga espíritu luchador. Y en esas ando. Recomponiendo energías, limando asperezas, cogiendo impulsos y tratando de reafirmarme en la serenidad. En la armonía. Mi palabra favorita que hace tiempo no pronuncio. Armonía. Armonía. La voy a decir más alta y más clara cada vez. Para que llene mi espíritu, mi cuerpo y mi mente con este mensaje. Y todo resulte más fácil y fluido.
Y haciendo balance, no puedo más que decir, que este año ha sido un año revuelto. Esperemos que la armonía reine en este que entra. Este es mi único propósito.


Nunilo dijo
Muy interesante esta vivencia y enhorabuena por este blog. La verdad es que tengo que admitir que me encanta y por cierto, yo últimamente estoy leyendo muchos libros de autoayuda que hay algunos bastante interesantes como estos http://mipagina.1001consejos.com/profiles/blogs/15-mejores-libros... aunque eso sí , el estar siempre ocupado también ayuda bastante.
2 Enero 2012 | 05:02 PM