Todas las Martas
Llevo una temporada con las Martas revueltas. Mis distintas facetas se me revuelven y entremezclan hasta provocar un permanente desacierto. La ejecutiva se muestra sensible y le tiembla la voz cuando regaña, la bailarina tendrá que llevar plantillas y la que escribe crea frases desafortunadas.
Y es que llevo una racha revuelta, en la que no encuentro confort en mi interior, y eso que escribo en un día luminoso, por fin tranquila en casa, después de otra semana programada de principio a fin. El sol entra por la ventana y me he despertado con una sonrisa después de un reencuentro con un amigo del colegio. Pasados casi 25 años. Ayer tenía el día guapo, por fuera y por dentro. Y escuché e intenté atar cabos y tuve la cita más surrealista del planeta, con un hombre y su perro. Al perro le caí bien y el hombre, en mitad de mi confusión, me dio un beso de despedida. Qué edades complicadas habitamos.
Intento recolocarme, no pedir peras al olmo y resituar a cada uno en su sitio. Porque siempre he sido polifacética y he sabido encontrar sustento en cada cual. He sabido valorar lo que cada amigo me aporta, cada situación me enriquece y así me he ido haciendo más sabia y tolerante. Pero, de pronto, solo veo mi ignorancia, lo que la gente no tiene en lugar de lo que da, las carencias en lugar de las aportaciones. Veo agujeros y huecos insalvables. Incomunicación y apatía. Y entiendo que ha de ser el punto de visión, porque la realidad será la misma. Como girando el caleidoscopio me hallo. Intentando ver los colores y las nuevas formas. Lo que llena y no lo que vacía. Lo bueno que se descubrió y no lo malo por descubrir.
Supongo que cuando me ponen contra las cuerdas, reacciono mal. La presión no me ayuda. Meses de altas exigencias profesionales y personales me pasan factura y me dejan lánguida, átona, viendo negro lo que siempre fue azul, rojo o amarillo. Monocroma y sin luz.
Ahora voy a darme un respiro, a sentir el aire y el sol. Ser más condescendiente conmigo misma. Siempre me han dicho que me meto mucha caña. Excesiva para mi sensibilidad. Y es que esta dualidad fuerte y sensible va a acabar conmigo. Aceptaré que yo tampoco puedo con todo. Porque cuando la balanza se inclina, hay que poner contrapesos en el otro lado para que vuelva al paralelo. Y así estoy yo rebalanceando y contrapesando mi propia naturaleza. Soy particular, qué le vamos a hacer. Y si aplazar implica un riesgo, no tendré más remedio que asumirlo, porque no puedo con todo.
Deshaciendo los nudos de mi espalda y mi cuello. Intentando no dar importancia a tratamientos injustos y casi despiadados, y mirando hacia delante. Sabiendo que soy luminosa, inteligente y sensible. Y esperando ser más hábil para sacar algo en claro de la ecuación.
Intentaré disfrutar de todas las Martas, ponerlas en fila india, y hacerlas desfilar vestidas de rojo, bailando al son de un buen jazz.


Nor dijo
Bonito post. Agridulce, pero bonito. Y con un final optimista y de no-exigencia, que ya vale de proyectos y plazos... Hoy, pasando por el Alfil, he visto que están reponiendo esto: http://www.teatroalfil.com/v2/zz079_avner.asp Si no lo viste en su momento, NO TE LO PIERDAS. Saldrás con una sonrisa de las bonitas. Besos
18 Diciembre 2011 | 09:17 PM