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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

19 Noviembre 2011

Esfuerzo

Me levanto en un día grisáceo que quiere levantar. Yo me encuentro hoy como el día, grisácea y con ganas de levantar para volverme luminosa. Supongo que las hormonas y una semana bastante exigente me han dejado en este estado. Escribo esto un sábado mañanero antes de ponerme a trabajar un rato en un informe.

Las hormonas son traicioneras, te manejan a su antojo como te descuides y tienes que hacer verdaderos esfuerzos a veces para controlarlas. Muchas veces he pensado cómo sería si fuera hombre y siempre pienso que tendría la mitad de sufrimientos. Ni hormonas ni instinto maternal. Ese que me hace querer tener un hijo y muchas veces tener una empatía tan grande que me hace ser madre de todo el mundo en la oficina y conocer los grandes secretos personales de mucha gente. Como si yo no tuviera suficiente con mis propios pesos y desequilibrios. La realidad, es que debo de causar una percepción de fortaleza, empatía o solidez para que siempre acabe echándome tantas cosas a mi espalda.

Reflexiono ahora sobre el esfuerzo, porque si esto me sucede, no es de forma natural. Lo de la empatía y el instinto maternal sí, pero lo de la fortaleza y solidez es una característica muy curiosa en alguien tan sensible y vulnerable a la vez. En gran parte es producto de la gran capacidad de esfuerzo que siempre he tenido. Vale, que tengo determinadas características naturales, como puede ser la propia sensibilidad y un carácter irritable que generalmente solo me hace daño a mí, porque vivo en permanente lucha contra él. Sin lograr la reconciliación permanente. Quizá sea una especie de inconformismo intrínseco que siempre me machaca porque me hace ver que todo siempre es mejorable o se le puede dar la vuelta luchando y con esfuerzo.

Vivimos en una cultura facilona. En la que todo nos viene dado prácticamente masticado y siempre nos creemos con más derechos que obligaciones. Noto que me hago mayor, porque estas características las percibo mucho más en la gente más joven. Yo soy hija de los 70 y de la cultura del esfuerzo. De que había que levantar un país y hacerlo crecer con ilusión. Además soy hija de Castilla, lo que es mucho decir. Esfuerzo y esfuerzo, con pocas concesiones a las excusas y dispersiones.  Por eso nunca me planteé si era demasiado, siempre seguí hacia delante dando todo lo que podía de mí para lograr tal o cual objetivo, arrimando el hombro para lograr un fin grande determinado. Sin pensar en mí más como instrumento para lograr lo que en ese momento me parecía importante. Dando y dándome de si hasta el infinito.

Supongo que esa cultura está bien cuando es general, cuando supone una filosofía de trabajo basada en la generosidad y no en el medallismo barato. Pero este pez, después de volverse más y más flexible y más y más delgado de tanto estirarse y nadar, de pronto se dio cuenta de que estaba nadando en la pecera equivocada.

Ultimamente, ya no me planteo si nado en la pecera equivocada o no, creo que directamente soy un pez extraño y exótico y que ninguna pecera se adaptará a mí. Porque el ser humano ya no trabaja para fines comunes y objetivos grandes. Es mediocre y trabaja en su propio beneficio. La mayoría de las veces.

Y ahora no sé qué hacer con mi maldito esfuerzo. Ese que me ha hecho ser quien soy, lograr puestos importantes entre comillas (me río yo) y llevarme hasta la extenuación.

Es curioso que mi loquera me diga que me deje de esforzar, que fluya y me relaje. Me pregunto a cuantas personas les tendrá que decir eso hoy en día. Por eso me viene tan bien el yoga y la meditación.

Hace unos días me llamaron "huidiza" y me sentó fatal. Imagino que no hay un adjetivo que me represente peor que ese. Yo que necesito ayuda externa para huir de algo y no implicarme hasta la médula. Y entonces me pregunté por qué demonios me dijeron eso y por qué me sentó tan mal. La conclusión a la que llegué es que escucho demasiado y soy demasiado respetuosa. En que mi capacidad de dar me deja en un plano retrasado cuando se trata de lograr el objetivo de que se sientan bien los demás. Porque si yo tengo ese objetivo entonces mi ego se desvanece para dar paso a la verdadera escucha. Y cuando digo ésto me siento como el Dalai Lama y su "compassion", pero es que es muy extraño como percibo algo de budista entre tanto marasmo. Desde luego el ser humano es realmente complejo. Porque este Dalai se irrita y cabrea enormemente perdiendo todo atisbo de budismo cuando le dicen eso. Menos mal que con un poco de silencio se me pasa.  Curioso bálsamo el silencio. Ahí vuelvo a ser medio budista natural.

Recientemente he tomado la decisión de aplazar un tiempo mi gran proyecto. Hasta que pueda fluir un poco más y mecerme con el viento. Pero en seguida se me han abierto otras dos ideas. Qué le vamos a hacer, soy así y no puedo parar quieta. Solo espero no esforzarme más de lo necesario en ellos, más de lo que sea capaz de reportarme felicidad y calma. Si es que finalmente los acometo mientras fluyo.

Qué post más feo y más extraño me ha salido. Bueno, digamos que es una foto de mi interior.

Así andamos...

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Señorita Honeychurch

madrid, España
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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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