El arte de vivir
Es complicado a veces, esto de que pase el tiempo y te vayas configurando, creando un pasado tangible y un presente. Esperando un futuro que tratas a veces de atisbar, otras de eludir y la mayoría de las veces de ir capeando de la manera más sabia de la que eres capaz. Con sus incertidumbres y cargas. Con esas sorpresas positivas y esas grandes putadas que la vida a veces te hace pasar.
Y ahí está el individuo, solo o acompañado, pero con la única certeza de estar aquí y ahora y de ser como quiera y pueda mientras tenga su juicio entre las manos. Que desgraciadamente, no siempre sucede.
Toda mi vida he admirado sobremanera a los artistas, a la gente capaz de expresar algo bello, o conmover con algún tipo de emoción. Sea cual sea. Supongo que mi gran sensibilidad para algunas formas de arte - que no todas las formas de expresión me llegan igual- hace que la gran intensidad que soy capaz de sentir, o la sutileza, o la belleza, o la barbarie, o la injusticia o la soledad, hacen que el creador de la obra determinada en cuestión haya sido siempre acreedor de mi más sincera admiración.
Sin embargo, últimamente, voy afinando más mi juicio. Ahora no admiro a la persona de forma integral, sino que voy admirando una u otra capacidad determinada que no necesariamente me hace sentir cariño ni me conmueve. Será porque me encuentro con demasiado artista con mucha menor sensibilidad que la mía propia y con unos caracteres egocéntricos que directamente provocan la total anulación de su admiración como persona.
Por el contrario, cada vez admiro más a las personas con mayúsculas, esas que van capeando el temporal de la vida, conformándose o rebelándose cuando es necesario, adaptándose y respetándose a si mismos. A aquellos que no son artistas de ninguna materia concreta, que no tienen obras que enseñar más que su propia persona, su educación o su respeto. Aquellos que te hacen sentir bien en su casa, que siempre tienen un té, un vino o un vaso de agua. Aquellos que escuchan de verdad, con prudencia, sin impostar la voz ni proyectar su ego de forma permanente en el contrario. De la forma más libre que permite tu historia acumulada. Sin prejuicios ni sorna. Sin juicios que siempre se basan en el desconocimiento.
Hoy he estado rodeada de gente con arte. Una vez más me han hecho sentir bien un montón de personas diversas, de nacionalidades diversas, de profesiones diversas, de géneros diversos, de tendencias sexuales diversas. Y me he dado cuenta de que los admiro a todos, de una forma u otra. La obra de arte de su persona. Desde la educación, serenidad y riqueza cultural del anfitrión, hasta el cariño en cada pastel, en cada guiso preparado por varios de los comensales, el interés por la búsqueda, por superar miedos, por dar alegría y color. Podría dar una razón para cada uno de ellos, o varias. Cada vez necesito más tener una cierta admiración por las personas para que susciten mi interés. Puede ser el esfuerzo por mejorar, mirar hacia delante y tratar a todo el mundo con ese respeto que se merece cada ser humano. Porque todos somos diferentes y tenemos una historia que no siempre es de lectura fácil.
Después otra tarde con Nor, en la que nunca nos falta conversación, en las que el diálogo es verdaderamente diálogo, porque nos escuchamos de verdad, porque nos obligamos a articular un montón de pensamientos.
Y es que tengo suerte y estoy rodeada de gente que tiene mucho arte en la disciplina más complicada, en la de la vida. Gente que tiene arte de vivir.


Esther dijo
Que bonito, Marta!!..Me ha encantado...Un besito, nos vemos pronto!
13 Noviembre 2011 | 12:53 AM