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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

26 Octubre 2011

Cosas que hago cuando pienso en otra cosa

Este post lo tendría que haber escrito el domingo y tendría que haber sido uno de esos post en los que mi querido Laluz solía decir que que parezco la reencarnación de Haro Tecglen, pero algo sucedió el domingo que todos mis pensamientos se fueron a acompañar la tristeza de unos buenos amigos. Y es que cuando una quiere a sus amigos, siente sus alegrías y tristezas en su propia piel. Y eso me pasó el domingo.

Por la tarde fui a ver "Fuerza Bruta" en el circo Price. Había visto una serie de imágenes impactantes y tenía ganas de verlas por mí misma, dejándome llevar por esa plástica que envuelve y hace tener sensaciones. Estuvo bien; hubo momentos estelares impactantes desde el punto de vista estético, sobre todo, en los instantes acuáticos que dejaba una especie de sensación sobrenatural de ninfas sumergidas; mezcla de sirenas y "nacimientos de Venus" un poco más pervertidas. Una plataforma subía y bajaba hasta acercarnos esos seres acuáticos y ponernos encima de nuestros ojos, sus ojos, sus bocas, sus nalgas, sus vaginas envueltas en una ropa interior de colores suaves. Y los hombres por debajo, no sabían si tocar el plástico de la plataforma, si hacer una enésima foto con el móvil (hay verdaderos enfermos, que se dedican a verlo todo a través de esa minipantalla, perdiéndose la auténtica inmersión en el todo espacial), si babear o simplemente dar un salto y rozar con sus labios el material en teoría delicado que sujetaba a las sirenas, mientras ellas provocaban con sus labios en el otro lado.  Para nosotras no había nada, más que el contacto humano de una sala de circo redonda, apelotonada y en movimiento para dar cabida a cada nuevo artilugio que aparecía por ahí. Seres voladores que se deslizaban por un mar de plata, angustiosa carrera de un hombre que no llega a ninguna parte mientras choca con muros y se cruza con seres anónimos que se caen. Es curioso, pero me dio más sensación de surrealismo que de fuerza. No sentí yo tanta "fuerza bruta" debe ser que yo o soy más bruta o tengo más fuerza, me voy a empezar a preocupar por el grado de estimulación que necesito. Va a ser que ya he visto demasiadas cosas.

Claro está que esa misma mañana, iba yo al auditorio. Uno de esos conciertos mañaneros a los que tanto me cuesta llegar porque se me pegan las sábanas. Esta vez era Shostakovich, la orquesta nacional, un director polaco con un peinado a lo Pitingo y un violinista chino que compartía su peluquero aunque el corte le quedaba más gracioso.

No entiendo nada de música. Me pasa como el vino, me gusta o no, pero se me olvidan los nombres, aunque suela tener buen gusto. Me pasé el concierto en otro lugar, impactada por la desgracia que le había sucedido a mi amigo de la que me había enterado en el taxi justo antes de llegar al auditorio. Al oirme, el taxista me habla de cultura asiática y de reencarnación.  De su escaso miedo a la muerte que a mí me deja sorprendida. Me ha tocado un taxista filósofo y lo agradezco hoy. Envuelto en sus barbas y pinta de heavy.

Y sentada delante de una gran orquesta pienso en ello, mientras a veces cierro los oídos y no me entero de la música. En mi silencio interior. Un poco ausente. Como quien se baña en el mar sin mojarse la cabeza. Pienso en los instrumentos. En cual sería una buena reencarnación. Y como a nadie le gusta que le soplen o le golpeen, se me ocurre que el chelo, porque tocan sus cuerdas y le abrazan todo el rato.

Y se pasa el concierto sin que haya escuchado nada.

(Y es curioso, pero me siento como frívola y mal al escribir este post con el ánimo revuelto).

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Señorita Honeychurch

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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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