Estaciones
Me despierto tranquila, relajada. Por fin he descansado y dormido bien después de una semana agotadora en lo profesional y lo personal. Ayer vi una peli y me acosté pronto para ayudar al biorritmo a ordenarse, a tomarme el pulso y cogerme los tiempos. Vagueo un ratillo, me lo puedo permitir. Ir lenta y pausada.
Abro mis ventanas en todas sus fases; las carpinterias de fuera, la ventana con cristal y las persianas mallorquinas. Me encantan estas ventanas del Madrid antiguo, con sus tres piezas de ventanales grandes. Sobre todo después de cambiar la del medio por aluminio y Climalit para que el jaleo de los fumadores del bar de enfrente especializado en gin-tonics me den absolutamente igual e incluso me acompañen.
El sol entra luminoso. Uno de estos días de Madrid de cielo azul nítido. De esos que se echan de menos cuando estás fuera. Y eso que la contaminación debe de estar alta y estamos pidiendo lluvia a gritos. Aunque no lo dirán los contadores desplazados al Retiro el año pasado para hacernos trampas al solitario.
Preparo el desayuno en pijama. El clásico, el que procuro hacerme todos los días: zumo de naranja natural, pan con tomate y aceite y un café de cafetera italiana para tomarme las tazas que me apetezca. Todo muy despacio.
El día es para mí. Para lo que me pida el cuerpo. Hoy no quería planes. Es maravilloso poder salir de ellos, de los horarios y obligaciones, aunque sean lúdico-festivas. Este estado de relajo me suele acompañar todo el día cuando he descansado bien y puedo tomarme la vida con calma. Un sueñecillo placentero se instala en la paz de mi cuerpo y mi espíritu. El estado perfecto para disfrutar, para estar permeable a la naturaleza, al arte, a las cosas bonitas de la vida. Y hoy estoy contenta. Pensando con tranquilidad en lo que está por llegar en algún momento. En mi gran plan especial. Porque aunque esté en el aquí y el ahora nunca puedo dejar de pensar en el futuro. Soy así, y no lo puedo evitar. Imagino que es necesario para ilusionarme por las cosas.
Pero hoy no tengo ninguna idea maquiavélica, como me dicen en la oficina. Hoy estoy en estado de paz. Igual porque ayer me llamó mi Sofi desde Alemania. Para charlar un rato y hablar de nosotras. De mi vida y de la suya, tan distintas pero tan fáciles de conectar. Porque hay gente con la que hablas el mismo idioma y no importan las distancias espaciales. Ahora estoy deseando hablar con Estados Unidos; con Sky en inglés y con Esti en este español de corazón. Para saber que están bien y que siguen sus avatares. Para saber cuando las volveré a ver. Y es que el corazón cada vez se te dispersa más por el mundo. Y de eso nunca se habla cuando se habla de globalización. Será algo en lo que no han caído los antisistema. Porque digo yo que este efecto es positivo. Nos hace más ricos y tolerantes. Con esa riqueza que no se cuenta ni en dólares ni euros, porque va más allá. Tan más allá que al no tener medición no hay forma de comerciar con ello. Y yo me pregunto si esto no será la semilla de la reconciliación mundial. Reparte amigos por el mundo y verás como todo deja de ser blanco o negro. Te verás con perspectiva y valorarás lo que otros tienen.
Y diciendo ésto, abro la ventana. Entra fresco en este día luminoso.
Se anuncia un cambio de estación.


Maite dijo
Yo he llegado a un punto tan sencillo en mi vida, que lo mejor de ella son los días, momentos y sentidos así. No le pido nada más. Solo a veces los adorno con un poco de Bach y ya es la ostia ;-)
12 Octubre 2011 | 08:28 PM