Publicidad:
Terra
La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

3 Octubre 2011

Espíritu Cívico

Lunes, de buena mañana, con ese medio despertar del que se desplaza aplazando la acción absoluta, como dándose un margen. En el primer semáforo del Paseo de Recoletos que tengo que cruzar veo una valla, de esas de las obras, tirada en el jardín con las patas hacia fuera. Varios coches y autobuses pasan a pocos centímetros del elemento. Visualizo rayón y desplazamiento de la valla por los aires. Dormida y todo, decido quitarla de ahí en medio. Junto a mí hay varias personas esperando a que el semáforo se ponga en verde para cruzar.

La retiro y noto que me miran con cara marciana. Siento que tengo que dar una explicación por no haber seguido mi camino sin mirar alrededor, la ruta señalada debajo de mis orejeras. "Es que me ha parecido que se podía dar alguien. No está así mejor?" pregunto escrutada. Una señora me dice "sí, sí, está mejor" mientras nadie más contesta. Individuos alienados que miran hacia delante, como si los trescientos sesenta grados que les rodean no fueran más que un decorado que no ven, como esas escenas de acción que se construyen tras el montaje. Viviendo en una superficie plana de color gris en la que no pasa nada, en la que solo hay que desplazarse de un punto a otro, sin que nada ni nadie les moleste. Ni que decir tiene, que odio la no empatía. Que la gente sin expresión me pone mala y me dan ganas de agitarla hasta que haga algo, emita algún sonido o eche alguna mirada concreta.

Esta tarde, volviendo de trabajar, he cedido el paso a un coche que llevaba tres horas con el intermitente puesto y estaba condenado a pasarse ahí toda la noche. Pues le ha costado un rato pasar. Como pensando donde está el truco, se ha quedado un rato parado, por si se encontrase con alguna loca malasombra que fuera a atosigarle en el último momento.

Son solo dos ejemplos tontos de algo que vengo notando hace tiempo. A la ya manifiesta falta de civismo y educación. Al "antes yo que nadie". Se viene uniendo una especie de crítica velada al diferente, al tonto que intenta hacer las cosas de otra manera.  Porque el que intenta hacer la vida un poco menos agresiva en esta ciudad, definitivamente es tonto, no cabe otra posibilidad. A veces, me pregunto, si en el fondo no se tratará de otro defecto nacional. Si, estos comportamientos despectivos con el civilizado no contendrán en si mismos un reconocimiento de lo correcto. De que ellos saben que lo que está bien es así. De que muy en el fondo también querrían ser capaces de hacerlo porque alguna vez alguien intentó educarlos en lo correcto. Pero como es más costoso y no se deciden prefieren defenestrar al que sí lo hace porque en el fondo lo que tienen es envidia. Envidia del que controla sus instintos y avaricias en virtud de un bien general, que en el fondo es particular porque redunda en beneficio de todos. La envidia, el gran defecto que Ortega achacaba al pueblo español, es una lacra gigantesca. Que unas veces se manifiesta en falta de educación y otras en corrupción de cualquier tipo o en coches gigantescos. La rebeldía y no aceptación del éxito del otro no redunda en el ejemplo, no convierte al ocioso en trabajador, ni en activo al vago, no convierte a incívico en educado sino más bien a éste último en bobo.

Y me pregunto como se podrá erradicar. Como podremos mejorar en un defecto tan feo y tan destructivo para ganar en virtudes como la admiración, el trabajo o la paciencia.

Hoy lo comentaba con mi profesora de inglés, en esas clases en las que continúo para seguir mejorando mi acento y vocabulario a pesar de que esos estudios extraños que salen en yahoo digan que el acento español es el más sexy. Y ella, escocesa de nacimiento, me contaba una anécdota simpática de una araña subiendo en la pierna de una señora en un vagón de metro. Ella la avisó y ella muy digna la miró como si fuera una marciana porque se permitió el lujo de traspasar su decorado inmóvil y uniforme, su silencio lleno de figurantes de cera.

Supongo que son percepciones que se tienen cuando viajas, cuando ves otras realidades más allá de tu ombligo. Cuando amas a tu país porque ves claramente sus defectos y esto es lo que es amor de verdad. Todos nos deberíamos dar unos cuantos paseos por el mundo. Con los ojos bien abiertos. Absorbiendo materia y espíritu, virtudes y espíritu cívico.

servido por Honey sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Honey

Señorita Honeychurch

madrid, España
ver perfil »
contacto »
Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera