Publicidad:
Terra
La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

10 Junio 2011

Gran Sol

Emprendemos ruta. Después de desayunar delante de un gran ventanal con vistas a la granja, embarcamos el bólido y comenzamos el peor día de carretera de toda la estancia por estas tierras.

El comienzo del viaje es bueno, pero la entrada a los fiordos del oeste nos depara una duda respecto a qué carretera tomar. La de la granja nos dice una cosa, en alguna parte hemos leído que han mejorado una carretera que puede ser una mejor opción para entrar por la cara norte de los fiordos. Finalmente antes de la desviación por una carretera de grava entramos en una población y preguntamos a un mecánico de un taller. Es imposible entenderse. Tengo sensación de interrumpir su faena. No obstante va a buscar a otro, que en teoría sabe mejor inglés. Nos parece entender que mejor cojamos la de grava que la de la costa está peor.

Nunca sabremos si la elección fue buena. Lo único que sabemos es que en nuestra vida hemos encontrado carreteras en peor estado que este día. Parece que ahora sí entramos en el fin del mundo. No hay nadie por ninguna parte. Atravesamos primero un tramo de carretera de grava entre montañas. Arido, desierto, granjas abandonadas. Ovejas y corderos. Alguna granja que sobrevive de forma milagrosa. Una carretera de grava habitual.

El peor tramo no ha llegado. Ahora hay un tramo de carretera asfaltada y yo quiero colaborar en la conducción. Cojo el volante y sigo penetrando en los fiordos del oeste. De pronto comienza otra vez la grava. La cosa se pone un poco peor, y otro poco peor y peor otra vez. Anuncian obras. Hay maquinaria trabajando en la mitad de la carretera. Ahora más que grava son pedruscos que algún día estarán más incrustados en la carretera. Me pregunto si para estas carreteras habra alguna razón aparte de la económica. Yo sudo la gota gorda. No soy una amante de la conducción y nunca lo he hecho en un entorno tan hostil. La cosa se pone cada vez más fea, hasta que de respente en la subida a un fiordo; léase cuesta, curvas y carretera de piedras, el coche me empieza a patinar. Como voy despacio paro y bajamos.

En ese momento baja un coche con dos alemanes. Les preguntamos si queda mucho con la carretera así, y nos dicen que 100 kilómetros. Estamos a punto de darnos la vuelta. Parece que nuestro coche no puede continuar así. Blanca va a preguntar a un obrero que le señala el final de la curva. Le dice que las obras son hasta ahí. Eso nos anima y decidimos seguir adelante. Eva toma los mandos para sacar el coche del atolladero. Prefiero que lo haga alguien con más experiencia. Imagino que ellas también.

Seguimos adelante, sudando la gota gorda; tramos malos suceden a tramos peores, algún pequeño descanso y luego otro tramo de grava en obras. Eramos conscientes de que habría tramos de grava, pero no de las obras en la grava, que en nuestro país serían directamente carreteras cortadas. Ayer vimos en internet el estado de las carreteras y no ponía absolutamente nada de obras por este lugar.

Al cabo de un buen rato con el corazón en un puño y con mucha tensión, decidimos parar en un fiordo con mesita para picnic. Hasta ahora casi no hemos podido admirar el paisaje. De hecho nos ha parecido casi feo, del estrés pasado. Ahora estamos en un fiordo al borde del mar y con una cascada detrás. Y de lo que es todavía más increíble: con un bocadillo de lomo entre las manos, patrocinado por Salamanca. Lo que pareciera ser una escena de pic-nic idílica se convierte en una escena surreal, de pelos al viento y pesas sujentando nuestras viandas; el viento es infernal.

Después de repostar nuestros estómagos Blanca toma el volante. Es un día duro. El más duro del viaje. Todavía nos queda un buen tramo. Y parece un poco absurdo venir hasta este punto solo para un día. Despues de otros tramos llegamos a una carretera asfaltada. Parece ya más factible. En mitad de una montaña, tres señoras mayores se hacen una foto delante de una estatua gigantesca vestida de marinero. Da mucho miedo. Nos hace gracia que sean tres como nosotras. Nos visualizamos envejecidas después de un mal viaje de carretera. Las saco una foto como si fuéramos nosotras con más edad.

Seguimos ruta. Llegamos a la desviación que serán la carretera de grava que lleva a nuestra población. Pone un cartel de que a partir de este punto no hay más gasolineras. Decidimos desviarnos 15 kilómetros para llenar el depósito; algo que siempre has de hacer aquí por precaución. A la vuelta voy mirando al mar por la ventana. De pronto, veo algo que se mueve. Será una roca pienso. De pronto, la roca echa agua a presión hacia arriba. "Una ballena"!. "Una ballena!" Exclamo. "Creo que he visto una ballena". Mis amigas se preguntan si esto puede ser. Yo también estoy extrañada, pero el agua a presión no deja lugar a dudas. Paramos el coche y esperamos a que se asome. Efectivamente es una ballena nadando por el fiordo. Cuando estamos fijándonos en ella vemos otra a lo lejos. Es más grande. Parece una mamá ballena con su cría. Tan tranquilas, retozando y comiendo en el fiordo, tan cerca nuestro. Nos adentramos en la carretera de grava que rodea el fiordo y que es la que tenemos que coger para ir a nuestra playa. Paramos el coche y estamos un buen rato observando la escena: las dos ballenas navegan a sus anchar, resoplan y se las oye aquí mismo, tan cerca. Pasan casi a nuestro lado sin dudar, nadan desaparecen y una estela de pajarillos las persiguen para comer el placton de sus lomos. El ballenato y la mamá ballena, una escena emocionante. La naturaleza nos hace un regalo nada más llegar. Tenemos que dar las gracias.

Todavía nos queda alrededor de hora y media de ruta en una carretera de grava alrededor de fiordos. Estamos cansadas. Ahora más contentas por haber confraternizado con las ballenas. Tenemos ganas de estirar las piernas. A las tres nos gusta andar y llevamos un tremendo y estresante día de coche. La costa es escarpada, pero empiezan a aparecer playas doradas y anchas. Playas salvajes donde dudo que alguien se haya bañado alguna vez sin traje de neopreno. Ni con él puesto. Pasamos montañas acantiladas, playas, patos mil. Pasamos un barco varado, un museo surrealista con un avión en la puerta, pasamos otra playa gigante con una marisma clara de agua turquesa y arena blanca. Pasamos montañas y agua, y finalmente llegamos a nuestra población. Una iglesia y nuestro hotel en una playa blanca gigantesca; Breidavik . Precioso y agreste. Al bajar del coche nos da un viento, para variar. El viento es agotador por aquí y no me extraña que Björk componga esas canciones. Es lo mínimo que te puede pasar. Entramos al hotel. Nos da mala impresión. Tiene pinta de albergue viejo y desvencijado. Nos dan la llave de la habitación. Cuando subimos está sucia, sin hacer. Lo decimos y nos dicen que nos sentemos a cenar mientras lo arreglan. Antes de venir confirmamos que íbamos a cenar. Menos mal. No hay nada por ningún lugar. Y no queremos otro bocadillo para la cena. Al comer la cena, nos damos cuenta de que se aprovechan de esta exclusividad, o simplemente tienen una cocina pésima. Otra vez bacalao gratinado para cenar. Y un postre malísimo. Después de cenar nos damos un paseo por la playa. Es lo bueno del eterno día. Nada comparable a esos paseos por nuestras playas. Para poder hacerlo nos tenemos que poner bufanda, guantes y gorro. Y si tuviera uno, me pondría un mono de esquiar, una prenda tan práctica en este país para hacer todo tipo de actividades (que si la pesca del bacalao, que si las motos de nieve, que si ver ballenas, que si pasear por la playa...tenía que haber metido solo bragas y mono polar en la maleta). Paseamos llevadas por el viento. Necesitamos aire y movimiento. En un momento Blanca se acerca un poco hacia dentro y salen golondrinas polares volando. Suelen atacar cuando se ven amenazadas. Nos vamos pitando. Una playa desazonadora, preciosa y hostil. Naturaleza en estado salvaja. Como todo el país.

Nos vamos a la cama agotadas. Totalmente extenuadas por el viaje. Comprobamos los ferrys para pasar a Snafellness al día siguiente. Solo hay uno a las 18.00. Pensábamos irnos por la mañana, pero nos tendremos que quedar por aquí todo el día. Ya en pijama, Blanca mira por la ventana. Un sol gigantesco se asoma por la playa y lo ilumina todo de naranja. La escena es impresionante. Lo entiendo todo de repente: estoy delante del Gran Sol. Donde los marineros vienen a pescar mucho del pescado que encontramos todos los días en nuestras pescaderías españolas. Salimos al pasillo en pijama. Hay tres franceses en ropa interior, todos mirando por un ventanal esta escena hipnótica. Me pongo un pantalón encima del pijama, un abrigo y me lanzo en chanclas a la intemperie de la noche-día.

Es algo para recordar y tengo que llevarme una foto. El sol desciende enorme y muy lento. Ilumina todo de unos colores naranjas y rosas. El acantilado, el mar, las nubes tienen colores superespeciales. Todo es mágico y ahora lo entendemos. Hemos visto por fin el sol de medianoche con absoluta nitidez. El lugar no podía ser más abierto, bonito e idóneo.

Al final, nos sale bien. Decidimos levantarnos con calma. Me levanto diciendo que quiero un novio fisio para llevármelo de viaje y me dé masajes, tengo la espalda destrozada a estas alturas. Se nota ya el cansancio. Después de desayunar nos vamos al faro del fin de Europa occidental. A 300 km. está Groenlandia. Acantilados escarpados se suceden en el horizonte. Gaviotas y demás aves sobrevuelan los bloques gigantes de toca que forman los acantilados sobre el mar. Allí tienen sus nidos ellas y sin fin de especies más, entre ellas nuestros queridos frailecillos. Ahora están pescando en el mar y creemos que no vamos a poder verlos. Pero la naturaleza nos está haciendo unos regalos fabulosos: también aparecen frailecillos junto a nosotros. Uno de ellos se comporta como un "top model" y posa de uno y otro perfil haciendo monerías a su antojo. Es una mezcla entre pingüino, tucán y pato. Simpático donde los haya este animal. Simbolo de Islandia, donde vuleve todos los meses de mayo a pasar el verano.

Emprendemos camino de vuelta hacia el ferry. Todavía tenemos unas tres horas de viaje. Antes paramos a comer algo en el que debe de ser el único restaurante de Patreksfjördur, regentado por un vikingo al que solo le faltan los cuernos. Miramos a la pared y tiene una foto de sí mismo con ellos puestos.

El resto del día es ferry, pasando por la isla de Flatery, donde viven 4 personas. Desembarcamos en la península de Snaefellnes. Ahora tenemos que ir conduciendo al otro lado, donde tenemos el hotel. Es tarde, pero hay que llegar. Ahora me ofrezco yo a conducir. Ya que he conducido menos por la parte chunga, al menos voy a hacerlo en la parte cansada. El viento me lleva y tengo que estar corrigiendo todo el rato. Quiero llegar. A medida que nos vamos acercando empezamos a ver formaciones misteriosas, pero eso ya lo dejo para mañana.

Ahora estoy frente a un ventanal de un hotel monísimo (como lo agradezco hoy...) que da al mar con una Viking al lado. Dicen que hay orcas por esta zona. Yo ya me espero cualquier cosa en este país donde todo es posible. Hace mal tiempo, viento y lluvia. Esperemos que mañana mejore un poco. Mañana os cuento que ahora estoy agotada.

Tags: viajes, islandia

servido por Honey 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

engelson

engelson dijo

que sepas que aquí me hallo leyendo tus nórdicas aventuras, y no puedo evitar decir:

a) gran momento descojono con la frase de hace un par de post "creo que no he tenido nunca el culo tan frío"

b) "Dicen que hay horcas por esta zona", yo creo que quieres decir orcas, a no ser que los islandeses sean aficionados a ejecutar a la gente colgándoles del cuello saludos y a pasarlo bien

10 Junio 2011 | 09:58 AM

Honey

Honey dijo

Demasiadas pocas faltas para la velocidad de escritura y cansancio general acumulado. No obstante, tomo nota y corrijo.
En realidad, lo que más hay son orcos y troles, aunque no me extrañariahor que hubiera horcas desperdigadas por ahí, formando parte de la mitología de la zona...

11 Junio 2011 | 12:31 AM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Honey

Señorita Honeychurch

madrid, España
ver perfil »
contacto »
Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera