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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

4 Junio 2011

¿Quién parte el bacalao?

La duda ha quedado despejada. A partir de hoy ya sé quien parte el bacalao. Al menos aquí, en Seydisfödjur. Un hombre curtido, con inglés imposible, padre de la camarera que nos atendió ayer en la cena, parte todo el bacalao que quiera en este lugar. O al menos, todo el bacalao que gente como nosotras esté dispuesto a pescar. Porque el día de hoy se ha centrado fundamentalmente en la pesca.

Como nos apuntamos a cualquier actividad que no hagamos normalmente, una sonrisilla se nos puso en la cara cuando la camarera, una rubita de piel blanquísima nos dijo que su padre nos podía llevar de pesca y en barco hasta el siguiente fiordo. Una mueca se nos había pintado en la cara cuando nos dijo que el chico que hacía excursiones en kayak no estaba por el pueblo estos días, pero se nos quitó al vernos convertidas en Capitán Pescanova por una vez en la vida.

Nos tomamos la mañana con tranquilidad. El día anterior había sido muy agitado y necesitabamos un día de lentitud y relax. Desayuno tranquilo, colada (tenemos la habitación que parece una tintorería) y charla delante de mil cafés. A las 12.30 nos recogía el señor Klas (le voy a llamar así, porque no soy capaz ni de retener ni de entender casi ningún nombre) para llevarnos en su coche al puerto.

Llevamos una caña de pescar y muchas ganas de ver paisajes y fauna. Hace un día precioso y nos montamos en su barquito de pesca. Al lado está el de su padre, un señor de 75 años con pinta de mucho más joven que todavía pesca y que nos presentará ya de vuelta de la jornada. Nos vamos alejando de Seydifördjur. Un pueblecito de casitas de madera va quedando atrás, montañas nevadas hacen de pasillo y pared a un mar azul añil con toques de verde. Nos dirigimos al mar abierto para adentrarnos en el fiordo que queda un poco más al norte. En el camino, nieve, hierba, tierra árida y cascadas del deshielo. Mil especies de aves nos rodean. Distintos tipos de ánades, gaviotas y demás aves vuelan sobre el mar y sobre la tierra llena de ovejas y corderos. Seguro que también hay renos en algún lugar. Hoy no los hemos visto, pero en Höfn nos sorprendieron y aquí sabemos que estarán por alguna parte. Seguimos al fiordo de al lado donde vive solo una pareja y solo se puede acceder en todoterreno. Similares paisajes pero en solitario. La pareja se dedica a la venta de plumas. No es de extrañar dada la cantidad de aves. Un pequeño embarcadero hace las veces de puerto para recoger el suministro de víveres durante el invierno.

El capitán Pescanova intenta hablar algo con nosotras pero nos siempre le entendemos, nos ofrece café y galletitas. Seguimos adelante, ahora queremos ser capaces de ver frailecillos, esa ave tan graciosa que parece una mezcla entre pingüino, tucán y pato y que es tan característica de Islandia. Ayer había una ballena por aquí. Eso sería ya demasiada suerte. Finalmente damos con los frailecillos: hay muchos y nadan de forma muy graciosa mientras se meten de cabeza en el agua y nos enseñan su culillo.

En este punto, ha llegado la hora de pescar. Paramos motores y nuestro jefe saca la caña. En seguida pesca un bacalao (al principio estábamos convencidas de que era trucha del ártico...de ciudad que es una). Finalmente pescamos un montón de ellas en una media hora. Pican sin cebo y casi de forma inmediata. Estamos alucinadas. Bacalaos de 4-5 kilos saliendo del mar como si fuera el maná. Sin ninguna dificultad. Está claro que este mar debe de estar cuajado de bacalaos. Blanca y yo nos animamos a sacarlos del agua. A los grandes les tiene que matar con un arpón. Luego los limpia las tripas y las tira al mar donde las gaviotas se tiran como poseidas. Qué mal rollo dan las gaviotas cuando no están volando con su planear perfecto. Los frailecillos han huído en cuanto éstas han aparecido en escena.

El capitán Pescanova limpia los compartimentos donde deja el pescado, limpia el suelo, limpia la pared. Tiene el barco impoluto y ahora sabemos porqué.

Volvemos a tierra, donde nos lleva a su casa a recoger material para su casa de pescador. Ahora ha llegado el turno de partir el bacalao y de limpiarlo. Subimos a su casa, donde nos enseña una cabeza de reno disecada. También conocemos a su bonito pointer que le acompaña a cazar. A juzgar por su casa y por los coches que tiene aparcados en la puerta, no se gana la mal la vida. Luego sabremos por qué. Tiene un cobertizo repleto de herramientas: perfectamente ordenado, impoluto.

Ahora nos dirigimos a su casa de pescador. Una casa estilo típico sobre una especie de espigón sobre el mar. Un sitio precioso. La sala principal parece un quirófano. Allí limpia el pescado y lo hace filetes. Un agujero en el suelo comunica con el mar donde tira los despojos

Finalmente, después de haber hecho la operación, nos mete en una bolsa los filetes de bacalao para nuestra cena. Además, nos regala bacalao en salazón, para que nos lo llevemos a España.

Ha llegado la hora de volver al hotel Aldán, base de operaciones del pueblo. Se toma un café, le pagamos la dolorosa. He olvidado cuanto (mejor será), pero será el bacalao más caro de mi historia.

Después de un paseo, una sopa en un café muy bohemio-polar volvemos a cenarnos el bacalao pescado en nuestra aventura del día.

Está rico, pero la forma de cocinarlo es exactamente igual que el atún del día anterior.

A la salida, nos metemos en un barecito que parece que está cerrado: El Grillo, es un bar regentado por un señor mayor con pinta de haber sido el rey del mambo en sus años mozoa. Tiene una cerveza cuya marca local ostenta con el mismo nombre en el que aparece la foto del que está al otro lado de la barra. Pasan cosas muy curiosas en este país. Es un país raro. Intentamos hablar con él pero tiene un inglés muy dificil de entender. Aun así se enrolla, hablamos de España y nos dice que el día anterior hubo juerga hasta las 3 o 4 de la mañana, la hora de ese extraño amanecer de un sol que nunca o apenas llegó a ponerse.

Cosas que pasan en el norte.

Tags: viajes, islandia

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Señorita Honeychurch

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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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