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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

2 Junio 2011

Conduciendo entre la lava

Nunca he tenido gran amor al volante. Más bien siempre he tenido cierta aversión y miedo a conducir. Pero hoy ha sido mi estreno en un viaje.
Por la mañana nos hemos calado en Vik. Hemos visto playas negras con formaciones rocosas emergiendo del mar mientras el mar golpeaba sus paredes. Pájaros anidando en las paredes rocosas, mientras las montañas verdeaban y se formaban bahías misteriosas en Dyrholaey. No hemos conseguido ver un solo frailecillo anidado y protegido por ese puente de piedra en mitad del mar. Pero nos hemos mojado lo que no está escrito. Lluvia que va y viene con ganas. Mojada y seca de forma permanente. Limpiaparabrisas inexistente en mis gafas. Limpiaparabrisas en miles de posiciones al minuto en el coche.

Tras tomar una sopa de coliflor con un pan de esos integrales que saben a gloria, hemos tomado una pequeña carretera de grava hacia el interior de las montañas. Ovejas lanosas gordas y sonrientes campan en el verde más absoluto. Los corderitos parecen sacados de un cuento de Heidi y corretean bajo una lluvia fina. O una lluvia gorda, según el segundo del que hablemos.

La carretera serpentea por entre las montañas. Llegamos a una especie de pueblo abandonado. Como si Braveheart hubiera vivido en una de esas casas y todo el mundo hubiera salido huyendo de una masacre. O como si sus espíritus siguieran viviendo por ahí. La soledad es absoluta. No hay nadie. Ni un solo vehículo.

Más adelante nos cruzamos con una furgoneta. Señales de vida.

Seguimos adelante. El cielo y el horizonte se mezclan en un gris cansino persistente. Llueve y llueve. Todo el día bajo una lluvia que impide pasear a gusto en un paisaje que lo pide a gritos. De pronto después de una curva, todo es negro. La negritud invade una especie de vacio entre las montañas. No lo entiendo. No sé si es la lluvia, pero no entiendo el paisaje. Requiero una explicación. Poco a poco voy dándome cuenta, que lo que veo es una lengua gigantesca de lava, que desemboca en una especie de mar de tierra. Un poco más adelante el mar real. Paisajes extremos para una conductora un poco novata.

Seguimos ruta. Ahora camino inverso por esa carreterilla que me tensa el cuello y los brazos. Seguimos por la carretera principal. Ahora tenemos que llegar a Skaftafell. Este tramo de la carretera fue cortada en cuanto el Grimsvötn erupciono hace justo una semana. En ciertos momentos es la nada absoluta. Un promontorio verde emerge a modo de meseta chorreante. Los hielos se deshacen en cataratas que salen de un recipiente terráqueo perforado y a punto de reventar.

Sigo conduciendo recto y recto. Empiezo a estar cansada porque llevo todo el día conduciendo con viento y lluvia. No estoy acostumbrada y me tenso más de lo normal.

De pronto, el camino es cada vez más árido. Luego se vuelve negro. Avanzamos en un mar de lava y morrena de glaciar. Aparecen macizos montañosos al fondo. Nevados.
Los glaciares están avanzando hacia la extensión infinita negra de lava, pero no se distinguen. Su color negro de hielo tintado tras la erupción, hace que se camuflen con el terreno. Avanzamos por este mar sobre unos puentes. La llegada es impresionante. Parece una de esas películas del fin del mundo o de mundos mucho más allá de la tierra.
El hielo blanco que queda en las cimas de las montañas resulta el único toque familiar. Aquello que nos conecta con otros paisajes conocidos y nos dice que estamos en la tierra.

Llegamos al punto de información del parque nacional. Vemos un vídeo sobre la que fue la última erupción antes de la semana pasada; la de 1996. Este video hoy está más actualizado que nunca.

Nos damos un paseo hacia la lengua del glaciar. La vemos bastante cerca desde el otro extremo de un lago. Esta completamente negro. Una pena. Algo único. Las actividades sobre el glaciar quedarán deslucidas y tenemos dudas sobre si realizarlas mañana. No parece que tenga mucho sentido. Los matices de colores, grietas, etc…no pasarán al azul sino al negro. Hay que aceptar la realidad del momento.

Volvemos al hotel y nos tomamos unas Gull frente a un ventanal con vistas a las montañas nevadas. Borrachinas nos vamos a cenar. Sopa de champiñón y trucha.

Mañana será otro día. No creo que subamos al glaciar, pero daremos paseos, veremos cataratas y navegaremos por una laguna con témpanos. Pero eso ya es otra historia.

Tags: viajes, islandia

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Señorita Honeychurch

madrid, España
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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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