Publicidad:
Terra
La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

14 Noviembre 2010

Acción

Mi vida es una tómbola, llena de actividades y eventos.

Aparte de trabajar y bailar, esta semana ha estado repleta de actividades y buenas noticias. Como parte de mis actividades culturales habituales, el jueves fui al teatro. Llegué a todo correr, como siempre. Para los que no entendáis por qué llego tantas veces tarde, os diré que el simil de los dos elefantes en un seiscientos, es bastante representativo de mi forma de gestionar la variedad de actividades que me interesan, sin perder por ello mis rutinas necesarias para el mantenimiento óptimo de determinadas necesidades burguesas.

Y es que, antes de ir al teatro, tuve que llegar a casa sorteando el habitual atasco de la carretera de La Coruña, aparcar el coche en mi aparcamiento, para no tener que cargar con él por esta ciudad cómoda, fácil y llena de sitios para aparcar y, como actividad prosaica de mantenimiento básico, llegar a casa poner una lavadora previo cambio de sábanas. Y es que los viernes vienen unos duendes maravillosos que me planchan y me mantienen la casa como los chorros del oro. Si no llega a ser por esos duendes...

Así que llegué al teatro por los pelos y con la lengua fuera. Me senté dentro de esa Abadía de ambiente recogido y teatral incluso sin obra y me dispuse a disfrutar de una de esas veladas mágicas que el teatro depara cuando se encienden las luces y los actores están al alcance de la mano. La obra nada complaciente; "El mal de la juventud", de Bruckner. Una representación del existencialismo de entre-guerras. Donde el sinsentido, el nihilismo, el sexo como destrucción más que como construcción de algo, y la sinrazón de personas inteligentes a la deriva en un clima en el que nada importa, te hacen quedarte con ese mal cuerpo del entendimiento de sensaciones nada ajenas pero siempre rechazadas por la cordura. Rechazadas por la negación del que percibe, de forma práctica y racional, que ese sumergirse en pasiones y experiencias oscuras no lleva a ningún lugar más que a la muerte. A la física o a la emocional. Para meterse en un torbellino de cavernas tortuosas, en la que uno vaga a la deriva, sin dirección y sin voluntad. Seres desperdiciados por una coyuntura marcada por la guerra. Porque quien vive una guerra corre el peligro de relativizarse hasta morir. De entregarse a un hedonismo absurdo o a un conservacionismo triste que no casa bien con la juventud enérgica y vital. Y ese es el peligro. La juventud como enfermedad. En determinadas épocas, la juventud acelera determinados males. En otras es un bien preciado que agudiza determinados bienes. La juventud es una lupa, un amplificador, un coche con excesiva potencia, para circular en vías en las que se requiere contención y reflexión. Aunque, en determinadas épocas, la reflexión exacerbada de la juventud, puedan conducir al sinsentido, al nihilismo y al suicidio.

Actores estupendos, en una obra nada complaciente, que hay que ver de forma sensorial, como quien ve una estampa en movimiento de arquetipos sintiendo por los cuatro costados. No deja buen cuerpo, pero para eso ya está Walt Disney.

Estando en esas, nos llega un mensaje de la novia de mi hermano. Ha ganado su primer premio de arquitectura. Años de esfuerzos que continuarán a próximos años de esfuerzos. Creyendo en lo que hace, no sucumbiendo al adosado, ni a la cuenta ajena. Manteniendo su idealismo en una habitación sin ventanas de la calle Amor de Dios. Soñando con que ésto sea un punto de inflexión que traiga más éxitos en el futuro. O al menos, permita seguir creando y comiendo a la vez. Salimos corriendo del teatro y nos fuimos a donde había sido la entrega de premios. Un premio inesperado contra todo pronóstico. Una fiesta fashion con cóctel y cantante en plan diva de la modernidad. Gente guapa. Nosotros los más felices del lugar. Eso sí, a los canapés llegamos tarde.

El viernes tenía otra fiesta, aniversario de un bar de Madrid. La pandilla maravilla al completo y otro cóctel, otro envolvente jazz en el saxofón de Alex, y luego soul en otro grupo de amistades aledañas de esta red en la que Hugo hace de maestro de ceremonias. Con su sombrero de copa, dirige una orquesta de amistades, conocidos y simpatizantes, siempre con el cariño del que da y del que transmite un entusiasmo contagioso. Con él, la noche madrileña solo la para el cansancio. Siempre hay buenos planes. Si fuera millonaria, jamás podría sucumbir al aburrimiento, eso seguro.

Ayer fue día de campo y relax. No dormí lo suficiente, pero pude ir a mi reducto de aire fresco. La montaña al fondo, los árboles amarillos y naranjas. El monasterio de El Escorial, como testigo del paso del tiempo y de las estaciones. Y nosotros caminando, por un camino solitario de tierra, vegetación y vacas. Interrumpiendo lo justo su pacer, su criar de terneros de alpaca y algodón. Y el aire estaba fresco y limpio. Y la ciudad quedaba atrás. En Peralejo olía a chimenea y a invierno. A setas y a horno de asar. Capturando energía de la tierra, del campo, de lo natural. Energía necesaria para agotarla en esta vida urbanita intensa e interesante.

Y a la vuelta otro teatro. Esta vez, Josep María Pou haciendo de Orson Welles. Un actorazo. Un petardo de monólogo. Casi sucumbo al agotamiento de esta actividad incesante.

Al llegar a casa leo un rato el libro de Patti Smith "Eramos unos niños". Es la última propuesta del Club de Lectura. Me está gustando. Muy interesante ver una época neoyorkina imparable y caótica. Comparado con ella, la mía parece una balsa de aceite.

Hoy me he levantado con catarro.

servido por Honey 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Ismael

Ismael dijo

Mola mucho leer tus última posts, tan llenitos de energía. Se ve que estás viendo el mundo con gafas de colores.

¡Qué no decaiga!

Un besote

15 Noviembre 2010 | 10:02 PM

Honey

Honey dijo

Y usted que lo vea conmigo, Sr.Ismael!.
Besotes,

16 Noviembre 2010 | 10:30 AM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Honey

Señorita Honeychurch

madrid, España
ver perfil »
contacto »
Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera