Instrumentos
El fin de semana comenzaba con un concierto de Dianne Reeves, esta diva del jazz cuya voz podría abrir montañas, separar mares y hacer que el cielo se cayera en una tormenta. Todo poderío, ante una audiencia entregada a sus guiños e improvisaciones. A sus historias y a su música poderosa.
Minimizada en un asiento gigante, luchaba contra el sueño y contra el típico dolor de cabeza proveniente de mi cuello jirafil. A veces, el escenario y sus luces que lo transformaban en cielo estrellado o en club de jazz de los setenta, me hacia sumergirme en un estado onírico que solo levantaba alguna nota potente directa de esa fabulosa caja torácica. Eché en falta alguna canción-nana, de esas que me hubieran llevado directamente a los brazos de Morfeo, de esas que me hubieran hecho soñar de forma afable y en colores pastel.
Porque Dianne no es que tenga voz, es que tiene en su garganta un altavoz que se tragó allá por su infancia. Un altavoz que creció con ella a base de vida y canciones. Como alimentándose de esa energía negra que transmiten este tipo de divas nada divas. Con una chaqueta al más puro estilo Michelle Obama, su cara guapa y expresiva se quedaba con la galería.
Abandonó la canción. Las letras dejaron de ser nada para convertir su voz en un instrumento. Sin cargar con él en ninguna caja de madera, ni ninguna funda que no sea su propio cuerpo. Porque lo que Dianne hizo el viernes no fue cantar canciones, fue tocar canciones con unas cuerdas vocales que le empiezan en la punta de los pies y terminan en el último pelo negro alisado de su cabeza, configurando un instrumento poderoso al que la semántica de las palabras parece no necesitar.
Pero Dianne, a mí me gustan las canciones al oído. Las canciones de terciopelo que, de pronto, se convierten en un colofón poderoso. Y me gustan lo que dicen, lo que cuentan y cómo. Y tus notas preciosas en un tarareo particular me gustan como acompañamiento de las guitarras. Como el stradivarius de un terceto magistral. Pero esa, para mí no es tu función. Te queremos contándonos cuentos, cantando amores y desamores, rogando a Dios. Te queremos queriendo a tus afectos, dramatizando el dolor como ese cante flamenco al que hiciste referencia. Y yo quiero terciopelo y miel. Brisa y no solo viento huracanado. Porque tengo sueño, y a veces frío. Porque necesito que me arropes y que me cuentes lo que una vez te pasó. Despacito y con cariño.
Dianna es poderosa como el viento, como el sol, como el fuego. Es una fuerza de la naturaleza que si se desborda, parece que va a caer el cielo sobre nuestras cabezas. Y esa fuerza ha de controlarla, porque si no da miedo y provoca emociones más intensas de las que el relajo puede permitir.
¿O será que quieres despertarnos?.
Ayer volví a un concierto. De una sala perfecta y oficial, a un cuartito trastero de casa de verano. Con los restos de cada casa de vacaciones, la sala Zanzíbar aparecía con el toque simpático de un chiringuito de verano invernal. Destartalada, con unos colores imposibles, entre quirófano y sala de dentista, entre sillas de restos de colección y el león del paseo de tarzán en el parque de atracciones.
Ya allí estaba Felicia y su nuevo Milkyway, con sus preciosas canciones, mitad country, mitad blues y su preciosa voz aguda y clara. Y su sonrisa y actitud. Conociéndola poco ya me gusta. Alguna conversación nos habrá acercado, a pesar de la diferencia de voz.
Y entre voces e instrumentos he pasado el fin de semana. Rodeada de amigos, de los que traspasan y de los que se quedan en la frontera, de los que trasnochan y de los que no. De los que tienen niños y de los que dudan si merecería la pena contribuir a la superpoblación.
Cada uno con su idiosincrasia, sus circunstancias y sus ganas de vivir.
Cada uno a su manera, como diría Frank Sinatra.


Paco Nadal dijo
Me ha gustado tu periplo norteamericano, quizá también porque me traía recuerdos gratos y muy recientes. Y sí, tienes razón, el alma grande de un país se siente en la carretera. Y ese es un país muy grande (con sus pros y cons), y con muchas historias de carretera.
Un abrazo
8 Noviembre 2010 | 05:16 PM