Cogiendo el hilo
Reconozco que llevo una temporada viviendo más que escribiendo. Que la reflexión que implica escribir no me apetece.
Que después del viaje, necesité un esfuerzo extra para saltar a mi vida real: a mi trabajo, a los desplazamientos de por la mañana, al baile, a Madrid. Entiendo que ahora va mereciendo la pena ir recapitulando. Porque si paro ahora, es posible que no vuelva, porque pierdo el hilo.
Ese hilo conductor de mi propia película, que se estira, se recoge o se expande según el estado anímico. Digamos que ahora ese hilo es de colores y teje a su antojo un montón de planes y un montón de motivos para estar contenta y pendiente simplemente de dejarme llevar, de fluir alegremente por mi río precioso.
En estos días de silencio, he salido, he visto a amigos que me hacía falta ver, he retomado clubes de lectura sin los deberes hechos, bailes y dolores de rodillas, también forma física y abrazos con mi ciclotímico profesor. He retomado horas de trabajo y altibajos con mi jefe, entregas y presentaciones de resultados, reportajes inesperados y escapadas energizantes.
Contra todo pronóstico conocí a mi holandés. Digo “mío” en plan posesivo, hasta que nadie demuestre lo contrario. Porque fue una especie de centrifugado rápido en cuatro días de sueño totalmente inesperado. Ahora tengo un holandés errante por el mundo con el que me escribo mensajes, correos y hablo por teléfono. Sueño con volverle a ver y acompaña mi esencia de una sonrisa cariñosa. De momento, todo buenos efectos. Aunque esté lejos muy lejos, y parezca que sea como tener un tío en América. Pero lo siento cerca a pesar de los caprichos de la geografía y de su trabajo. Recibo noticias desde Filipinas, pronto desde Hong-Kong y yo me pregunto si algo habrá para que yo me tenga que buscar siempre afectos que estén en la quinta puñeta…
Este puente me he ido a la playa. Se han venido conmigo otros cinco amigos muy queridos. Justa combinación de hombres y mujeres, de habladores y silenciosos. Da gusto cuando las cosas fluyen, cuando el tiempo se pasa bien se haga lo que se haga. Sin importar demasiado qué. Aunque algunos tengan que subirse una montaña para ser felices. Son hombres y tienen su porcentaje de testosterona mal que les pese. Y yo no. Yo luchaba con la última pirula de mi condición mientras buscaba un arbolito inexistente como cuarto de baño. Pero disfrutaba del ejercicio y del mar. Del mar que lo rodea todo por todas partes. El cielo, las nubes y el horizonte. Ibiza a lo lejos como un fantasma benévolo de la vacación y el rien faire. Y yo persiguiendo a los gatos por la montaña. Intentando ser gata y solo siéndolo por nacimiento. Pero encontrándome bien. Como en una especie de verano azul más otoñal. Por el tiempo y por la edad. Por la experiencia y por las inexperiencias eternas. Con ganas de repartir abrazos a todos en una especie de exaltación de la amistad no alcohólica.
Y me he sentido acompañada y feliz. Dando gracias por este nuevo momento positivo. Y cruzando los dedos para que dure.
Cogiendo el hilo.


nora (una japonesa en Japón) dijo
" Justa combinación de hombres y mujeres, de habladores y silenciosos" ...
Me ha gustado mucho esta frase, porque yo también tengo esos amigos/as de habladores y silenciosos :)
Me alegro que estés bien ;)
Besote.
3 Noviembre 2010 | 12:43 AM