Livin' San Diego
La llegada a San Diego, guiados por "la Señora", nuestro navegador que se pone a "recalcular" en mitad de los cruces, es bastante sencilla. La primera impresión, es de otra velocidad. Las autopistas ya se parecen más a las nuestras, aunque más educados, ya es otra caña, otra velocidad y tamaños más moderados de vehículos.
Después de desembarcar en un hotelito bastante mono, más al estilo europeo, de decoración cuidada con toques orientales, nos vamos a dar un paseo al paseo marítimo. Hace un día espléndido. Una temperatura muy agradable y sol. Paseamos de arriba a abajo hasta que cae la tarde y se pone el sol. Una fiesta está teniendo lugar en un barco bastante grande. A la ida escuchamos el cachondeo, a la vuelta, toneladas de camareros, ya descamisados y con las pajaritas en la mano, ríen y se despiden bastante divertidos, como si hubieran hecho honores al dicho de "quien parte y reparte...".
Los invitados a la fiesta, con acreditación de alguna compañía, visten el típico Casual Chic, que se comparte en todo el mundo. Ese estilo con el que mi jefe dice no poder, porque o va de traje o va hecho un cisco como para subir al monte. Todos igualitos, con sus pantalones tipo chino y sus camisas azules o de rayas. Esta secta global de currantes fuera de servicio. Hay muy pocas mujeres. Como en casi todos los lugares donde hay algun evento laboral. También lo he percibido en algún viaje de trabajo. No sé donde se esconden las americanas. Sin ninguna duda, los camareros aparte de cobrar, seguro que se lo han pasado mejor.
Cenamos ligero en una terracita del paseo. Muy agradable la temperatura, muy entretenido cotillear a los paseantes.
Al día siguiente amanece nublado. Lo que parecía que iba a abrir, se va cerrando más y más. Nos dirigimos al Sea World. Nos han dicho que merece la pena y allí dirigimos nuestros pasos. Llegamos un poco antes de que abra.
La mañana se convierte en un ir y venir a zonas cubiertas. Los chaparrones se suceden y nos dejan sin ver el espectáculo de delfines. Por suerte podemos ver el de ballenas, que es espectacular. Antes de su inicio saludan a los miembros del ejercíto que están entre los espectadores y les hacen una especie de homenaje. Cosas que solo pasan en este país. Entre el público, dos tíos impresionantes. Los ejemplares en vías de extinción más valiosos para la especie humana. O al menos para el presente ejemplar de la especie humana. Van con sus hijos - en plan padrazo, lo que todavía da más morbo- y con sus mujeres. Ellas muy guapas, pero ellos son de tropezón. Ya no tengo ojos para las ballenas...
Ciertamente hay bastantes hombres guapos en este país. Y muchos horrorosos, como en todas partes. Lo cierto es que la proporción entre hombres y mujeres guapas se decantan a favor de los primeros. Tiarrones corpulentos con pinta saludable, de esos que hay tan pocos en España. Bastante material. Digamos más bien, que una gama más amplia.
El Sea World se ha arruinado un poco por el día. Es un plan para hacer con buen tiempo. Se percibe además que no están demasiado preparados para la lluvia. Claramente debe ser algo bastante excepcional. Además, aunque probablemente en el momento de su inauguración fuera algo bastante insólito y espectacular, hoy en día hemos visto tantos acuarios y similares, que ya no nos sorprenden tanto las cosas. Me quedo con el espectáculo con ballenas.
Salimos del recinto y nos vamos a comer a Ocean's Beach, también en la Jolla. El día gris hace que no luzcan tanto los surferos. Un mar embravecido y pardo los levanta entre olas gigantescas. El típico espigón, el típico paseo, un ambiente alrededor un poco cutre y hipioso. Casillas malas, establecimientos de comidas muy sencillos. Comemos en un mexicano bastante auténtico. La señora que nos sirve nos habla en español. Enfrente otro chico guapísimo con unos ojos impresionantes. Moreno y con estilo. Parece que hoy es el día de esos "otros" ejemplares. Y yo que pensaba que iba a ver focas y delfines...
Después nos vamos a ver una Misión. La primera misión franciscana que fundó Fray Junípero Serra en California. La misión de San Diego de Alcalá, es blanca y con un campanario muy pintoresco. Solo entrar, te hace pensar entre sorprendida y admirada, como estos monjes con sus hábitos podrían atravesar el mundo para cristianizar a los nativos del lugar. Solo pensar lo que pensarían ellos, desnudos viendo aquellos atuendos tétricos e imposibles, les tenían que dar ganas de salir corriendo. Pero tuvieron éxito en realidad.
Después de contemplado el espíritu, nos dirigimos a algo totalmente prosaico; a un outlet en la frontera mexicana. Damos unas vueltas y salimos cada uno con nuestras cositas. Todos hablan español.
La cena transcurre en Croche, un restaurante de Gaslamp, el barrio máa animado de San Diego y donde está ubicado nuestro hotel. Me encanta el ambiente de San Diego, una ciudad en la que no hay nada concreto que visitar. Nada que no te puedas perder. Pero que se percibe muy agradable de vivir y ha sido una buena última etapa de viaje. El barrio está lleno de restaurantes con muy buena pinta. Muchos tienen música en directo. Está animadísimo. Las chicas visten sus mejores galas y unos tacones imposibles. Ellos tampoco están mal. Hay gente de todas las edades y un montón de lugares en los que apetece meterse. Croche tiene un buen grupo de Jazz que nos ameniza la cena.
Después del descanso nos levantamos para pasar nuestro último día en San Diego.Yo tengo un día torcido, pesada y con la típica regla jorobada que se resiste a venir y te tiene fastidiada quince días. El día transcurre lento. Comienza nublado y termina quedándose estupendo. Empezamos en Balboa Park, un enorme área en el que se ubica el Zoo y un montón de museos alojados en edificios de inspiración colonial hispánica con motivo de la exposición Panamá- California de 1915-16. Es una zona muy agradable que también tiene un jardin botánico. San Diego es una ciudad para vivir y no tanto para visitar. Tiene un montón de museos interesantes, pero ninguno excesivamente interesante como para dedicar el tiempo que nos queda en la ciudad. Sería para vivirlos como ciudadanos, para ir a ver uno un día y otro otro.
La zona es verde y paseable. Muy recomendable. El zoo dicen que es uno de los mejores del mundo. Pero decepcionados por el Sea World, no creemos que dos días seguidos de animales, sea lo que mas nos apetezca. Total, no es algo que hagamos a menudo en nuestras casas. En uno de los parques un señor se enrolla con mi madre, le habla en español y le cuenta las veces que ha estado en España. Trabajaba de ayuda tras los conflictos. Profesiones de esas de las que nunca has oido hablar en tu país. Un señor muy agradable que me pregunta la edad y se queda estupefacto. Qué bien me cae!.
Nos dirigimos a Coronado. Una isla de San Diego a la que se accede por un puente de 3 kilómetros. Tiene una playa inmensa y un hotel precioso de principios de siglo pasado (inaugurado en 1888). De estilo victoriano, aparece como estrella dominante de la playa. Queda definida por el hotel, quien la demarca. La recepción es preciosa. De madera oscura y lamparas de cristal tiene ese estilo tan elegante típico- de los ingleses.
Comemos en la terraza al sol. Por más que el hotel sea muy elegante, no nos apeamos de la guarrihamburguesa, de los plásticos y del self service. En esto, falta un poco de mimo. Estoy harta de esta comida y de esta forma de comerla. En esta ocasión, el sitio hace obviar cualquier queja, o la hace más evidente, por lo que pide el cuerpo y el sentido de la estética.
Después de Coronado nos metemos a ver un portaviones. Así de variado, así de varipintos son los planes en San Diego. Una ciudad más para vivir que para visitar. El USS Midway es un portaviones descomunal. Creo que ahora son más grandes, pero a mí me cuesta imaginarlo. Visitamos, camarotes, cubierta con aviones, salas de máquinas y dependencias variadas. Impresiona ver el teléfono rojo con el que se inicio la "Tormenta del desierto" en el Golfo. Todo referencias a héroes y batallas. Algunas bastante recientes. El avión de Top Gun, y un montón de escuadrones con sus cascos y emblemas, hacen imaginar lo que sería la vida allí. Bastante agobiante. Muy curioso de ver.
Tras un Smoothie junto al mar, una cena de pescado en un restaurante muy bueno y animado. Paseando por Gaslamp, sigo con esta misma impresión. No visitéis San Diego, vivid en San Diego!.
(al llegar al hotel, intento volver a conectarme a internet. Llevo tres dias intentandolo sin exito."Se ha caido, me dicen una y otra vez", sin yo dar credito. La verdad, es que estoy teniendo ciertas dificultades. Le digo al chico de recepcion que no me vuelvan a decir que funciona si no es asi. Me dice que me deja un rato entrar si es para ver mi correo. Su espacio es una especie de mostrador, en el que estas de pie mirando a la galeria. Me vienen a hacer el Check-in varios clientes. Me salva diciendo "ella no trabaja aqui", momento surrealista...).

frutero_tropezón dijo
Hace años tuve un profe de jazz que cuando tocábamos sin expresar nada nos decía "sonais a hotel...". Cuidado con los grupos que amenizan... ;-)
3 Octubre 2010 | 03:18 PM