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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

3 Octubre 2010

En la Carretera

Así se llama el libro de Kerouac que todavía apenas he abierto, en un viaje con casi ningún momento de relax.
Lo bueno de los viajes por carretera, es que te sumerjes un poco más en el país. Sobre todo cuando no lo conoces. En esta ocasión, la carretera ha sido fundamental y un actor más en nuestro viaje. Carreteras rectas y bien asfaltadas, con salidas a la izquierda incluso tratándose de autopistas, con cambios en los límites de velocidad más a menudo de lo que para nosotros es habitual. Carreteras como cables trazados en extensiones inmensas y sin habitar. Desiertos, en los que percibes que habitarán cascabeles y coyotes que se esconderán detrás de algunos cactus. El camino desde Gran Cañón a San Diego, nos lleva por la Arizona del desierto y las ciudades desangeladas.

Después de recoger las maletas en nuestro hotel de Tusayan, emprendemos ruta hacia San Diego. Hacemos una escala técnica en Lake Havasu City, para acortar kilómetros y poder descansar en el camino.

Nuestra primera parada es Williams, esa pequeña ciudad en la ruta 66. Nos paramos a hacernos fotos con las señales de la carretera. La mítica carretera que atraviesa el país desde Chicago, llena de referencias por la generación Beat.
Williams tiene mucha gracia. Es tan americano, tan del oeste, tan de la ruta, que está lleno de cafés y restaurantes al puro American Style. Comemos en uno que tiene mucha gracia. Nos atienden en español. Me como mi enésima ensalada César, la dieta más equilibrada que he encontrado en esta zona de la américa profunda. El sitio es especialista en tartas, unas tartas kilométricas que tienen medio metro de alto. También fabrican fudges, que nos dan a probar.

Paseamos la calle principal. Un café con un coche antiguo en lo alto, se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad. Lleno de surtidores antiguos, es un dinner con mucho sabor. Hay tiendas de souvenirs muy curiosas. Entre antiguas, imitación, cutres y curiosas. Flanqueando el pueblo la vía de tren hacia Gran Cañon muestra una antigua locomotora. Otros establecimientos tienen coches antiguos a sus puertas, el típico Cadillac desvencijado, y otros de esos cuadradotes y grandes.
Tiene mucha gracia Williams.

Abandonamos la histórica ruta 66 para dirigirnos a Lake Havasu City. Kilómetros y kilométros de la nada más absoluta. Formaciones miniaturas de lo que debe de ser Monument Valley, millas y millas.

Desviandonos a la carretera 95 nos dirigimos a esta misteriosa ciudad de la que nunca hemos oido hablar. Antes pasamos por un complejo de "ocio"; señoritas, juego y camiones, una bonita combinación.

A la derecha vemos una mancha negra que debe de ser el lago. El elemento que nos ha hecho elegir esta ciudad como lugar de parada.
"La señora", que es el navegador de la discordia, nos lleva hasta el hotel. Cuando salimos del coche, una bofetada de calor nos deja sin aliento; hay más de cuarenta grados. El paraiso del descanso parece que no va a ser tal. Después de dejar el equipaje nos vamos a cenar. Nos ha dicho que cerca hay un italiano para el que no necesitamos coger coche. Es como caminar por una especie de polígono industrial por la noche, cuando ya no queda nadie. Qué feo. Dos furgonetas abren la ventanilla y pitan al vernos pasar. Esto parece más inhóspito que el oeste americano. Se me olvida que ES el oeste americano.

El italiano, es un establecimiento, entre una peluquería cutre, un sitio de hamburguesas y una oficina de empleo. Fuera es todo feo y destartalado. Por dentro es más coqueto aunque raya con lo kisch. Yo tengo vistas a Capri, en un cuadro espantoso de dimensiones gigantescas.
Comemos sorprendentemente bien, para el lugar donde estamos. Somos los únicos del restaurante hasta que entran una panda de jóvenes que cenan a toda velocidad. Está claro que la slow food no va con ellos.

Después de cenar nos vamos a la cama. Antes intento que me pongan dos llamadas a mis amigas americanas, la de nacimiento y la de adopción, pero no son capaces. No entiendo ná. Hay cosas sorprendentes de este país. La dificultad de esta llamada, la lentitud de internet en muchos sitios, incluso a veces la inexistencia. Menos mal que escribo en un netbook.

Por la mañana visitamos un puente inglés traido de Londres en los años setenta. Muy bonito, pero parece completamente fuera de lugar. Como el invitado extraño a una fiesta en la que no se le ha perdido nada. De mañana todo es un poco mejor. Se ve el lago, algunas barquitas y el puente antiguo. Pero vaya, no os recomiendo que vayáis a Lake Havasu a veranear.

Continuamos ruta. Arizona es seca, árida y despoblada. Pasamos por un desierto. Nos bajamos a fotografiar cactus y montañas áridas. De pronto nos damos cuenta de que puede estar lleno de cascabeles y alacranes. Volvemos corriendo y seguimos ruta.

Una línea recta, desierto a un lado y al otro, cactus, montañas sin un solo árbol. Arizona tiene el nombre que se merece. No puede ser más árida e inhóspita.
Nos vamos acercando a la frontera mexicana. Pasamos por Yuma y vemos el gran muro. Una verja infinita que recorre kilómetros y kilómetros. La separación entre Estados Unidos y México. Al otro lado el Paso, y muy cerca Ciudad Juárez, nos hace percibir historias de inmigración y muerte. Esa verja que nos recuerda a la huída de Babel y de tantas películas y realidades duras y actuales. En un punto hay un control. La policía que ha brillado por su ausencia en todo el viaje, comienza a hacerse presente. Nos paran y nos preguntan con un acento espantoso de donde somos. Nos dejan pasar.

De pronto aparece un desierto de dunas gigantescas. Es precioso y da terror. La verja sigue a lo lejos y ahora ves al que consigue traspasarla muriendo de calor en las dunas. Belleza extrema.
En el siguiente control nos hacen salirnos. El segundo poli, nos hace una serie de preguntas. Se apellida Rodriguez y está claro que sabe un español que no quiere usar. Después de enseñar los pasaportes, nos dice un "buenos dias" que lo descongela.

Nos toca parar a comer. No es tan fácil. No hay nada en kilómetros a la redonda. Entramos en un pueblo Pine algo, que resulta ser algún sitio de vacaciones y está cerrado todo.

Hacemos otro intento con otro nombre que suena mejor "El descanso". Allí encontramos un antiguo dinner, de principios de siglo. Es genial. La camarera es genial. Comemos lo de siempre, la verdad. Esta vez, al menos con vajilla de verdad. Liberados de plásticos espantosos. Rubia de bote, con ese pelo como de algodón, vaqueros y camiseta ajustada con el nombre del local; Mary nos atiende sonriente. Un piano, mesas con fotos antiguas, una radio y hasta un radiador de un coche de esos primigenios, decoran este simpático local. Después de sacarnos unas fotos, también con Mary, seguimos ruta hasta San Diego.

En la Carretera es donde se percibe el alma de un país.

Tags: viajes, usa

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Señorita Honeychurch

madrid, España
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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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