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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

15 Septiembre 2010

La Casita

Pabellón de recreo de los reyes y mío propio, La Casita del Príncipe, de El Escorial, fue siempre para mí algo personal. Como si se tratara de mi propio jardín, siempre me sentí allí como en casa. Jugueteando pequeñaja entre los setos de boj o mirando para arriba a interminables sequoyas, me imaginaba princesa y corría por entre los laberintos de un jardín imposible. A veces peces de colores, me decían hacia donde correr o donde esconderme, en mis juegos de escondite o en mis huídas de dragones y malos de cuento.

Otras veces, ya fuera del jardín civilizado, buscábamos nueces o recogíamos castañas pilongas que caían sobre nuestras cabezas.

Un árbol bajo donde podíamos subir con relativa facilidad, era las veces el cuartel general de unos Angeles de Charlie, menores de edad, que carecían de cualquier laca en el pelo y cuyos tacones eran unas bambas Victoria. Con el tiempo, las ardillas fueron haciéndose más sociables, probablemente porque los niños dejaron de subirse a los árboles y fueron sustituyéndolos por obstáculos más importantes en videoconsolas.

En el camino que rodeaba el muro de piedra, un campamento de piedras gigantes, formaban un castillo coronado por una cruz de granito. Allí hacíamos campamentos, con sus cocinas, sus dormitorios y sus comiditas hechas de hojas y bayas.

Hacía el tren, un montón de vacas pacían tranquilamente allá donde cogíamos moras para hacer mermeladas en Septiembre, con las primeras lluvias de verano.

Un poco asilvestrados, jugueteábamos a los clicks en el parque y a rescates eternos donde corríamos y nos mellábamos las rodillas. Otras veces montábamos coreografías con canciones de Parchis y Teresa Rabal, o nos colábamos en las ruinas de una fábrica de Telefónica para coger cables de colores con los que hacíamos pulseras que luego vendíamos a duro.

Mi primera revista porno la vi tirada en una obra parada, donde acudíamos a llevar leche a Laida, una perra negra desgarbada que cada dos por tres aparecía preñada y llena de garrapatas. Sus camadas de perritos, nos adentraron en el milagro de la vida y de la muerte, y nos dieron multitud de temas de conversación.

La Casita siempre formó parte de mi infancia, de mi adolescencia y de mi hoy. Los chuletones de Felipe, el micólogo regente del bar, creo que tienen mucho que ver en mi tamaño actual. Nunca tomé más variedades de setas y tampoco me sentí más en casa que rodeada de Aida, la hija más cariñosa y María, su madre, la cocinera más cordial. Años y años de comidas en una terraza de arena, tomando el sol del invierno o del otoño. Al borde del palacio, cubierta por castaños, en mi remanso de paz. Captando energía y reconectándome tras semanas agotadoras. Enterándome de que nos llaman "los guapos" a pesar de las pintas infames de urbanita agotada con las que solía aparecer.

Y digo solía porque al restaurante le queda poco. Con la jubilación de Felipe, cierra un lugar que me ha acompañado toda mi vida. Una casa de la abuela en la sierra, un restaurante al que ir sin pensar. Porque cuando digo restaurante me cuesta, porque siempre me pareció algo distinto. Me pareció un ir a casa de la familia del pueblo que te ha hecho de comer.

Hace un par de semanas hicieron fiesta de despedida; para los clientes de toda la vida. Algunos crecimos allí, otros - como una pandilla de jubilados de cientos de años- van desapareciendo de este mundo. Mayores, niños, jubilados, trabajadores, perros, tantos hemos pasado por allí, que será raro no poder disfrutar de los guisos, de las setas y del cariño familiar de "la casita".

Continuará siendo mi remanso de paz y de recuerdos, continuaré paseando sus paseos, aunque seguramente me tire más al monte. Pero los echaré de menos. Aunque se merezcan un descanso.

Curiosamente, este fue el tema de la primera redacción de mi vida: La Casita del Príncipe.

Mi fidelidad es aplastante.

Tags: recuerdos

servido por Honey 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

laluzenmi

laluzenmi dijo

that's paradise, ni más ni menos.
aunque siempre dudaré de tus chuletones...

15 Septiembre 2010 | 07:52 PM

Honey

Honey dijo

:)

Te juro que me conocen por los entrecotes que me meto!.

Besitos

15 Septiembre 2010 | 11:03 PM

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Sobre mí

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Señorita Honeychurch

madrid, España
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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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