Todos
Las fiestas madrileñas me devolvieron a las calles y a los universos terrenales y frívolos que plasmé en muchos post de este blog.
Los de días de marchas larguísimas y amanecidas con desayunos desconocidos que podían ser de pasta casera o de pan con tomate. Casi nunca de abrazos y besos. Casi siempre de resacas y risas. Frivolidades muy saludables.
Y hace dos años abandoné. Me metí hacia dentro. Nunca dejé de hacer cosas. Mi naturaleza es así. Inquieta y activa hasta en la depresión. Y doy gracias por ello. Porque esas cosas son las que te devuelven de nuevo al ruedo de la vida, a las ganas de reir, de frivolizar, de tomar todo en su justa medida o en una medida menor de la que tiene que es mucho más sano.
Y a la vuelta estaban todos allí; el chico de gafas con el que hablaba en mi templo del swing, la Pandilla Maravilla, de parranda en sus bares heterogays como su propia naturaleza heterogénea y alegre, mi Ro y su alegría congénita a la que tenía un poco olvidada, parejas animadas que son capaces de dejar tres churumbeles en casa por tomarse esa cerve y un mojito al son de una música machacona con olor a gallinejas. Tres recién llegadas de la Toscana, al más puro estilo Honeychurch, aunque yo no estuviera.
Hasta el saxofonista cubano emergía entre la multitud como una estatua en tributo a la belleza y al sexo. Barbudo y más guapo que nunca, su cuerpo y cara perfectos me daban la bienvenida a este nuevo despertar de la carne. No por nada en concreto, sino porque la vuelvo a sentir ahí donde estaba. Fue un momento, una visión entre la multitud que luego desapareció, como diciendo "no nos hemos ido a ninguna parte", los tíos buenos del mundo seguimos aquí, aunque tú ya no nos vieras. Y les agradezco la bienvenida.
Mientras, me tomo esa copa de menos y bailo un rato. Con el dolor de espalda y piernas que había olvidado. El de este deporte de la juerga tan cansado. Porque los años no pasan en balde, pero parece que estamos todos en el mismo sitio. Que cerré los ojos, pasaron dos años y los volví a abrir en el mismo lugar. Con todos allí, con una cerveza o un mojito en la mano. Dispuestos a bailar, a acompañarnos, a charlar a reir y querernos un poco. Todos a todos, todos a nosotros mismos, a la alegría, a la música, a la soledad, al cansacio, al baile, a la borrachera, al sol, a la luna, a la alegría de vivir.
Y como me han dado la bienvenida, volveré con ellos. Y me dejaré llevar y fluir. Sin pensar mucho. Sin esforzarme mucho. Riendo y bailando. Como si tuviera 20 años.
Total, así estamos todos.


paco Nadal dijo
Que disfrutes SFO. Besos
17 Agosto 2010 | 04:53 PM