De flujos y reflujos
Me siento más tranquila estos días. Como colocando bien las cosas en un armario. Recolocando mi salón interior, o emparejando calcetines o pares de pendientes. Parece que el cajón de la ropa interior empieza a estar ordenado y que mi nevera comienza a tener los alimentos que necesito. Y todo esto en calma. Parece que recupero la calma poco a poco. Que empiezo a sentirme yo de nuevo. Y que veo que podré seguir siéndolo siempre pero aprendiendo unas cuantas cosas. Humildemente. Sintiendo que cada crisis me hará más fuerte. Me hará aprender cosas de mí. Buenas y malas. Y me permitirá seguir fluyendo hacia delante, donde antes me hundía sin navegar. Encontrando escollos y turbulencias incluso con las aguas en calma. Porque cuando uno no fluye, deja de flotar, o acaba vagando de costa a costa, de lado a lado del río.
Me he leído mi primer libro de autoayuda. Reconozco que me ponen enferma muchos psicólogos con esa especie de contemplación benevolente de las personas como si fueran un caso sin más. Con esa frialdad del método aprendido. Con sus recetas y recetillas. Con su carencia de empatía cuando uno está por los suelos. Eso te hace sentir una especie de cobaya de las emociones. Eso me pasó una vez hace años. Topé con una maestrilla de libro llena de diplomas y estudios universitarios. Pero carente de cualquier cariño y empatía en el trato con un paciente siempre triste y con problemas. Sin embargo, tras leer este libro, de pronto empiezo a entender algunas de sus tácticas.
El libro en cuestión se llama "La inutilidad del sufrimiento", me lo regaló una compañera de trabajo al verme triste y deprimida, porque a ella también se lo recomendaron en una ocasión. Y realmente me ha ayudado enormemente. O al menos creo que puede ser un principio de ayuda. Lo que me pregunto es por qué los psicólogos no nos contarán sus tácticas de ayuda o curación. Porque como seres racionales o, a veces, hiperracionales, probablemente nos fuera más fácil entender los porqués de una u otra terapia. Cuando te hacen escribir y hacer tests una y otra vez que ratifican una y mil veces lo que tu cuentas. Porque la teoría que defiende este libro es de lo más lógico y racional. Y consigue dar confianza en el que la cree, porque parece contradecir esa famosa teoría que yo tanto odio por mi inconformismo: la teoría de que nadie cambia.
Y yo me niego a pensar así, porque yo quiero cambiar algunas cosas simplemente para poder volver a ser yo. Mucho más yo. Con mi sensibilidad y mis puñetas, pero sabiendo lidiar con ellas con más maestría. Y este libro me ha dado confianza. Confianza en poder cambiar cosas aprendidas desde pequeña que finalmente resultaron dañinas o contraproducentes. En aprender a fomentar el sentido del humor sano y relajado. El reirme más de mi misma. El dejar de tener miedo de mi carácter, como si fuera algo que no fuese conmigo y por el que tuviera grabada la letra escarlata de "culpable". Ay, qué habrá sido de ese carácter me pregunto algunas veces.
Sé que tengo que trabajarlo y preguntar a mi loquera cual es su estrategia porque necesito saberla. Necesito un plan y unos pasos a seguir. Necesito saber mi itinerario. Lo que también sé es que no volveré a hacer depender mi felicidad del comportamiento de otros. Porque que la caguen o no, no es culpa mía y yo no puedo controlarlo. Así que aunque necesite un abrazo que no llega, una palmadita que no aparece o una sonrisa que nunca se dirija a mí, yo tengo que perseverar en mi ruta y mi camino. Haciéndola más bonita e interesante. Disfrutando de un camino que me pondrá una y mil veces dificultades que no tendré más remedio que superar. Y tomándomelas como oportunidades para conocerme más y hacerme más fuerte y más sabia.
Y sé que es algo muy complicado. De momento me conformaré con fluir. Como dice Desco y su psicólogo de nombre imposible.
Fluir por la vida con un barco ligero con un buen timón, una buena despensa y un tintito de verano.




misscalamar dijo
tú descuida, que ver a jeff el miércoles te lo va a quitar toito to :)
un besito hermosura.
5 Julio 2010 | 07:57 AM