Corriente positiva
Cocteleros, os necesito. Necesito crear una de esas asociaciones de ideas como las que creábamos antes. Una corriente de energía positiva que recorra la blogsfera, ocasionando risas y recuerdos entrañables. Una corriente de cariño, que demuestre que este espacio no es frío, sino tan caliente como nosotros queramos. Como las casas, como los bares, como los pueblos.
Inicio esta corriente con algunos de mis recuerdos entrañables y situaciones marcianas, que me ha dado este blog en la comunicación con otros, vosotros, mis extraños tan familiares que os habéis vuelto amigos en su mayoría. Y me voy a poner nostálgica y divertida. Para que vosotros hagáis lo propio y nos riamos, y vuestra risa me llegue desde Murcia, Galicia o Cataluña. Desde la vuelta de la esquina o desde Japón. Desde la zona euro o desde las locas fluctuaciones monetarias de Argentina o el comparable americano. Y con esta risa, hago yo energía; energía para bailar, para correr, para amar, para vivir con una sonrisa en los labios. Y mi sonrisa, espero provoque la vuestra, en esta cadena de energía positiva que necesito me inunde a mí y a vosotros.
Sin pretender ser exquisitamente cronológica, mis recuerdos me llevan a Cadiz, y a una puesta de sol tomando una cerveza con Zarzu, el gaditano-alemán más querido de Rosario, una venezolana exquisita que dejó su país por amor. Vía coctelera, dejó su continente para terminar en Zahara de los Atunes encontrando el amor, que es muy caprichoso. Ella me llevó a él, y yo le busqué en un período de escapada de un trabajo inhumano, que pedía viento y mar. Límites geográficos y reubicación de mi materia en el espacio. Yo, sola en Zahara de los Atunes, busqué a Zarzu, me presenté y tuvimos una de estas conversaciones desde el corazón, que es desde donde hablan mis amigos cocteleros. A Rosario la conocí -físicamente- más tarde, paseando por esta playa inmensa y cenando una noche de verano en su restaurante. Tomándonos una copa en un chiringuito después. Con la magia de Cádiz, su mar, su luna y su viento. No pude ir a su boda en Venezuela, pero estoy feliz porque están juntos y por haberlos conocido.
Comer hormigas no suele ser mi plato preferido. De hecho, no recuerdo haberlo hecho finalmente. Hubo un día, sin embargo, que hizo que valiera la pena comerse todas las hormigas del mundo. Un día en que cuatro extraños muy familiares se encontraron para comer setas y berujas. Distintas edades, distintos atuendos, distintas vidas. Nick, con su camiseta de Capitán América, Calamarita con sus ojazos azules y su acento de aquí y de allá y Laluz mirándolo todo desde dentro mientras hacía alguna incursión en las hormigas. Encuentro fundamental en la historia de mi blog y que relató de una forma tan suya Nick. Solo puedo tener cariño por todos. Pienso en ese encuentro y sonrío. Me llena.
Luego hubo que ir a Barcelona, porque Maitexu e Ymiki estaban allí y había que conocerlas. Desplazamiento que también hizo Laluz con su preciosa mujer con los que di un bonito paseo por la Barceloneta. Y puse cara de angel a esos retazos que había compuesto sin piel y con mucho sentimiento. Y allí sigue ella, con su vida y yo con la mía, con su ciudad y yo con la mía, pero sabiendo que siempre haremos hueco para vernos cuando podamos. Con Alicia, hicimos algunas promesas. Ymiki resultó ser más escurridiza, pero era lógico, de donde sino iba a sacar sus experiencias para escribir. Intenté verla una vez en Cadiz, cuando ella estaba conociendo a su gitano, pero no pudo ser.
Después vino un viaje a Japón donde conocí a Nora, una japonesa muy especial. Una japonesa en Japón que me llenó de regalos para sus ciberamigos y me invitó a cenar tempura. El mundo entonces, se volvió pequeño mucho más pequeño. Por eso intenté quedar con mi mitómana preferida con la que incluso escribí un Blog Polifónico, en Córdoba, Argentina, pero solo oí su voz. Cosas de la logística. En uno de mis viajes a Londres, acabé con la Laluz, como caídos del cielo, en una fiesta de jóvenes arquitectos de los mejores estudios del mundo que viven en infraviviendas de suburbio. Allí como aterrizados directamente de la blogsfera, ese lugar en ninguna parte.
Y luego vinieron los chateos intempestivos, a tres bandas con mi Calamara y Laluz, en las que peleábamos en el barro todos los lunes. Chateos a dos con muchos más. Recomendaciones de conciertos de jazz por un músico , por entonces, berlinés al que no entiendo la mitad de los mensajes, por originales. Las conversaciones de amor y desamor con Mario, el diablo menos diablo que nunca he conocido. Y baños de burbujas de cariño y cumpleaños, estrenos de pelis, conciertos modernos y hasta de La Pantoja. Y proyectos de Gonci y Lucía poniendo palabras al agua. Fracasos y triunfos. Exposiciones de fotos, dibujos y guiones.
Y es que el ser humano, es el más interesante de los animales. Y lo digo recién llegada de Africa, intentando entender por qué es así para mí.
Y todo empezó aquí, a través de este pequeño espacio en el que intento ser yo o en el que intento entenderme. En este espacio, mi casa cálida que ha encontrado humanidad y cariño en sus invitados, y que quiere ahora, dar un grito de alegría: SOMOS COJONUDOS!.
PD: Qué extraño final para un post de "la Honey" no?. Toma nota, Desco.






nora (una japonesa en Japón) dijo
Corriente positiva desde Japón ... ¡Presente! :)
Besos**
19 Junio 2010 | 04:51 PM