Barrio
Levantarme tranquilamente y sin prisas. Vaguear hasta que el cuerpo aguante en la cama. Ponerme cualquier cosa y tirarme rodando al bar de enfrente. Sin duchar, casi sin peinar. Pedirme un zumo de naranja gigantesco, pan con tomate y un café. Leer los periódicos tranquilamente. Pedir un segundo café. Hablar con el dueño de lo grande que está su hijo y de como van superando la crisis. Pasarme allí una hora mientras empiezan a entrar los clientes del brunch y la comida. Que mi segundo café se junte con cuatro cervezas en la barra. Terminar la última página del periódico y hojear el suplemento.
Coger mi carrito de la compra y charlar con la farmacéutica de viajes y vacunas del cólera. Llevarme una muestra de crema hidratante. Saludar al portero esta mañana.
Dirigirme a Chueca tranquila, subiendo la cuesta de las tiendas de caprichos. Ver a gente feliz, relajada y con ánimo gastador.
Saludar a los fruteros que comentan sorprendidos lo pronto que he llegado hoy. Hacer cola porque no es mi hora. Porque yo compro siempre cuando ya han cerrado y están ordenando la fruta. Colándome por la puerta de atrás. Y ellos me esperan, atendiéndome en familia. En petit comité, mientras pléyades de repartidores de mil países atienden instrucciones de la señora frutera; mayor, enérgica y con muy buen humor.
Hoy me toca esperar. No hay prisa. Hago mi pequeña compra semanal, mientras la cola crece detrás de mí. El último resulta ser Flotats, uno de mis actores de teatro favoritos. Sus obras son las que más me gustan con diferencia. La calidad de los textos que elige, la profundidad de los mensajes y la genialidad en sus actuación, me hacen tener que decirle algo. Me acerco a él, mientras el frutero me selecciona unos kiwis. Están un poco duros y trata de buscarme los que se puedan comer en unos días. A veces, no me da lo que pido si no está bueno. Le pregunto a Flotats que para cuando otro despliegue teatral como "la cena" o como " el diálogo de Descartes con Pascal". Me dice que está en ello. Le digo que soy fan, que esos textos son una maravilla. Me contesta que el texto es lo más importante. Sin desmerecer sus geniales actuaciones, le digo que tiene razón. Pero que encontrar un buen texto resulta muy difícil. Me despido diciéndole que le estaré esperando. Esperando ansiosa otra lección teatral como las que suele preparar. Ahora me selecciona el frutero una rama de tomates, como a mí me gusta. Le pago y me despido. La frutera se ríe y me dice que hoy podrán cerrar antes. Flotats me saluda al salir con una sonrisa.
Ahora solo me queda la tienda de alimentación; un poco de pan, un tarro de miel, yogures y alguna otra cosa más, me llevo mientras la tendera, madre de Santi el chico de los recados y mujer del tendero, me comenta que han estado malos toda la familia. Un virus intestinal que dura un par de días y que anda rondando por el barrio. Le pregunto si duele el estómago y me dice que sí que produce un dolor en la boca. Justo el que yo tengo desde hace un par de días. Espero que lo venza yo a él antes de que se amotine en mi cuerpecillo. Quizá tantas vacunas extrañas, le hayan hecho acostumbrarse a pelear más que a otros. Y todavía me queda la del cólera.
La cólera que estoy abandonando este sábado templado y sereno. Un sábado de reencuentro con mi barrio. Mi barrio ecléctico y activo. El de las mayores moderneces y las cosas más sencillas. Como soy yo, a veces sencilla y otras sofisticada. Pero siempre auténticos.


Eva Jazz!!! dijo
No deja de sorprenderme la cantidad de gente con talento que hay en la escuela de baile "Karen taft". Está llena de artistas, gente con mucha sustancia dentro; algo que no es nada fácil de encontrar. Martuki, eres especial!
Un besote gordo.
18 Abril 2010 | 10:10 PM