Serenidad
Esa es la palabra que llevo bebiendo toda la semana. Mi botella de agua tiene esa palabra pegada a sus paredes de cristal, para que el agua adquiera serenidad y se convierta en un jarabe con propiedades mágicas. Para que mi mente se fije en esa palabra para afrontar la vida como se merece; con lucidez, serenidad y alegría.
Y parece que está surtiendo efecto. Mi estado de ánimo va para arriba y he tomado algunas decisiones importantes recientemente. El lunes, vencí los fatalismos ocasionados por el ataque de la puerta del garaje, y me compré un coche como quien se compra unos zapatos, pero sin probárselos. Fui al concesionario, y me compré un coche en un abrir y cerrar de ojos, a pesar del vendedor. Un vendedor con pinta de alcoholizado y con muy poca cintura para bajar precios. Pedí descuentos por pronto pago, por pronta venta, por simpática, por todo lo que se me ocurrió, y el tío no se bajaba de la burra. Además eso de comprar un coche a un ser de cara roja y vasos sanguíneos transparentados, tampoco era una señal a favor de mis fatalismos. Pero también lo superé.
Salí del concesionario con mi órdago, como si saliera de un bazar moruno, donde has hecho tu última oferta de un regateo del que no conoces exactamente el límite. Una vez que ví, que el moruno-colorao no venía detrás de mí, como en los bazares de Egipto o Estambul, decidí que entraba yo. Dicho y hecho, no me fuera a arrepentir y pasaran otros veinte años sin conducir.
Así que ya tenéis a una Honey motorizada y dispuesta a vencer sus miedos y limitaciones.
Estupenda señal de una serenidad bebida y buscada desde hace mucho tiempo.
Hoy estoy tranquila en casa, con unos días por delante en mi Madrid. Dispuesta a disfrutarlo en vacaciones y no a intuirla en una carrera permanente hacia alguna parte. En esos horarios donde todo me encaja con calzador porque todo quiero hacer. Madrid no se oye desde mi ventana. Eso es la serenidad de una ciudad a medio gas en vacaciones. El mejor Madrid, el que se despereza lento y vacío. Dispuesta a disfrutarlo y conocerlo más cada día. En un rato me daré un paseo hacia el Caixa Forum a ver si está abierta la exposición de Barceló, que por lo visto es una maravilla, y acentuará este modo africano en el que me encuentro.
Contrariamente a los efectos iniciales, la enfermedad de mi tía está empezando a enseñarme muchas cosas. Ya no solo estoy triste. Su valentía y su ejemplo. Su serenidad y paz, me está dando una nueva lección. Me siento más cerca de ella que nunca. Hablo más con ella que nunca, aunque está en su peor momento. En un momento que me está dando tantas cosas que ella, seguramente, no esté siendo consciente. Nunca imaginé que fuera a ser tan buena enferma, tan agradecida, tan poco quejica y tan serena. Que un momento de dolor, se pudiera convertir en un periodo de amor que nos acercase para siempre. Y cuando escribo ésto se me saltan las lágrimas y le doy las gracias. Por su serenidad, aunque ella no lo tenga escrito en ninguna botella como yo, por su entereza y por su resignación sin dejar la lucha. También doy las gracias a mi tío. Que la tiene como una princesa, que le ha dado amor durante tantos años, y cada día le demuestra que se puede convertir en lo que haga falta si es necesario. Cocinero, enfermero y sobre todo marido, con todas su semántica en sentido amplio.
Nunca los he querido más que ahora, y ya estoy llorando como una madalena, yo solita en mi salón, mientras suena la música y Madrid parece aletargado en una Semana Santa que a ratos es gris y a ratos soleada, como la vida misma. Como esta vida que hay que tomarse con serenidad y con alegría.
Esa será la palabra de la semana que viene.



srta desconocida dijo
AVISO: sera un comment de pensamiento paralelo a tu post! :)
hace unos años un grupo de japoneses hizo un experimento etiquetando botes llenos de agua que despues dejaban congelar. Usaban palabras con diferente carga, como amor, odio, manzana... de todo un poco. El caso es que observaron que los cristales de hielo eran más armónicos en los que llevaban palabras agradables que en los desagradables. Sobre la validez de eso.. mejor no pensarlo, pero es bonito creer que puedes beberte la serenidad a sorbos de una botella, aunque probablemente los sorbos nos los estén ofreciendo las personas que nos rodean y no los objetos.
Fin del rollo.
Bicos :)
3 Abril 2010 | 04:18 PM