Una mañana en China
Esta mañana estuve en China; un par de horas.
Fui por la ruta de la seda dejando atrás Venecia y su Puerto hacinado de embarcaciones, paquetes, preparativos y humedad. En unos tiempos, donde la suciedad era distinta y los marinos llevaban mapas enrollados como pergaminos, sextantes y velas como únicos aliados enlos viajes. Tiempos de Marco Polo viajando hacia la ruta de la seda. Llegando a mercados donde olía a especias y ungüentos y las vestimentas eran tan distintas que, ni por asomo, hacían presagiar un mundo mucho más global en el que todos somos tan parecidos. Mercados llenos de gente y griterío, donde las almas se mueven activas e inquietas oyéndose su tumulto encarnado por la orquesta tocando sus cuerdas vocales.
Llegando a China, los violines se transformaron en una especie de cítaras que nos llevaban a la corte imperial. A horizontes lejanos de emperadores y ríos plomizos. A pueblos comiendo con palillos y a templos con inciensos de antes de la revolución de Mao.
Sumida en un síndrome premenstrual agudo, sintiéndome la más miserable de la tierra, apunto de estallar mi vientre y mi pecho, con la lágrima fácil y el corazón tierno, me he dejado llevar a Oriente por Tan Dun. El compositor chino ha invadido un auditorio lleno de toses y miasmas, un auditorio lleno de rostros pálidos de ojos redondos, convirtiéndolo en un exótico viaje al Oriente de ayer y de hoy. Mezclando sonidos de cuerda percusionada, violines y chelos transformados en miles de instrumentos diferentes y añadiendo percusiones de hoy algo insólitas como llantas colgadas en bastidor, ha conseguido un todo armónico y expresivo, un todo absoluto y evocador de la China de muchos tiempos simultáneos.
Y yo me he dejado llevar, como quien coge una nube hacia donde ella quiera llevarle, disfrutando de un viaje con retorno al punto más lejano al que se quiera ir. Es lo bello de la música, del arte en general; si lo sientes te lleva lejos sin moverte del sitio. Sin decidir muy bien nada, sin pensar a donde ir, ni cómo, ni porqué. Simplemente encontrándote en otro mundo de repente. En una especie de sopor gratificante dirigido por violines, vientos, chelos, percusión y la batuta expresiva de un Tan Dun viviendo su obra, en cada gesto de su cara.
Lang Lang, acabó tocando el piano hasta con los codos, en una pieza que iba de los agudos a los graves sin mediar ni medio segundo. Con su cutis terso y su rostro aniñado, sus manitas corrían enajenadas de un lado a otro del piano, dejando ver un puño de strass. Detalle de glamour para el que dicen, es posible que sea el mejor pianista del mundo. El piano es un instrumento Occidental, y sacarle los sonidos que te transportan a la magia de Oriente tan característicos de Tan Dun no resulta tan sencillo. Pero oí pájaros y sonidos de agua mientras Lang-Lang agitaba sus manos como poseído.
Hoy tengo que darles las gracias, a ellos y a los Reyes Magos que me trajeron la entrada del concierto. Sin ese viaje a China, sin ese deambular por la ruta de la seda, sin ese zarpar de Venecia mi día no hubiera abandonado el tono gris oscuro de estos días previos al rojo. Porque a veces tengo que viajar lejos muy lejos, aunque no me mueva del sitio.




am_zoo dijo
La ONE!!!!!! Qué nivel, Honey!!!! Señora orquesta.
Ví a Lang Lang en directo tocando 2 conciertos de Beethoven en un mismo concierto, uno en cada parte (eso es de crack), pero no me impresionó.
Va sobrado de técnica, pero musicalmente faltaba algo.
Yundi Li sí me impresionó.
Eso sí, ninguno de los 2 es el mejor del mundo. Eso de "el mejor pianista del mundo" es imposible de decirlo, pero si se pudiese hablar del mejor del mundo habría una veintena por delante de ellos.
Y lo de dirigir su propia música, eso es lo máximo.
1 Febrero 2010 | 12:14 AM