De puntos de inflexión y otras vicisitudes (365 días y palabras)
Lánguida pero mucho más serena empecé el año. Acompañada de Claudia y unas pastillas mágicas de la felicidad que me iban a permitir recuperar un estado de ánimo más tranquilo.
Busqué el amor, una vez más, dándome de nuevo de bruces con la indecisión y la inmadurez emocional, esa que cada día voy superando yo a base de trabajo y valentía.
Hice mil viajes como Alí Babá, en una alfombra mágica que me hizo cruzar el mundo hasta Indonesia; para bucear y ver peces de colores junto a estrellas de mar de un color azul intenso, para ver volcanes con lagos turquesas en su interior, para charlar con jefes de tribus con encías podridas de mascar betel y ver templos a la orilla del mar, templos acogedores con ceremonias inauditas que incluyen sacrificios de animales. Viajes que hacen entender mejor la humanidad, sus semejanzas y disparidades más rotundas. También viajes de trabajo, esos que ya ni siquiera cuento; Nueva York, Londres, Boston, Paris. Y una boda en Brasil, en la que ofrecimos flores al mar mientras me encontraba con el amor de otros y la pasión impregnando el aire de Salvador de Bahía, el África americana.
Conocí más gente, ampliando el espectro de gente maravillosa que me rodea por todas partes, la gente que siempre quise tener a mi lado; inquieta, creativa y generosa. Orgullosa de esta familia amplia y dispar que tengo a mi alrededor y que no tiene por qué tener lazos de sangre. Porque no hace falta.
Mi próximo viaje tendrá que ser un Nueva York especial, porque se lo he prometido a alguien que se tiene que recuperar para poder ir de compras conmigo. Y frivolizar de forma alegre y despreocupada.
Dejándome sentir libremente, me vi madre. Sentí esa llamada de la naturaleza. Y tuve claro que ese sería mi próximo proyecto. Acompañada de mi familia, la de sangre y la de cariño.
Quizá este año haya sido un punto de inflexión, el inicio trémulo de un nuevo futuro que comienza a vislumbrarse por un horizonte que se acerca a medida que me atrevo a abrir más los ojos. Para que entren la luz y el viento, que lo renuevan todo.



ruido dijo
Serena, bruces, alfombra mágica, espectro, prometido, sangre y viento. Tu relato tiene todas mis palabras favoritas, ¡una en cada párrafo!
28 Diciembre 2009 | 06:27 PM