"Virginidad es mi pasióoooon...
... Virginidaaaddd es tooodoooo mi ideaall"
Este temazo, de las madres ursulinas o cualquier otro colegio de monjas, nos acompañó durante nuestro segundo dÃa de Paraty. Un dÃa repleto de risas y lluvias peregrinas.
Recién levantados fuimos a ver unas cascadas a un bosque verde y frondoso. Unas cascadas que hacÃan las veces de tobogán resbaladizo para los valientes. Y digo para los valientes, porque nosotros nos conformamos con bañarnos en la charca que dejaba el agua que caÃa y con tomarnos una cerve en un chiringuito que se ubicaba pasando un puente colgante al más puro estilo Indiana Jones, por el que solo podÃa pasar una persona.
Esperando el autobús en una parada con tejadillo, comenzó a diluviar. Un loco, con pinta de entrañable y muy mal olor, se sentó con nosotros. ParecÃa conocido por todo el mundo, por la chica del barecillo junto a la carretera y por el propio autobusero. La lluvia nos hacÃa plantearnos nuestro siguiente destino: la playa de Trinidade. Ir a la playa con esa lluvia parecÃa una locura, pero tampoco tenÃamos nada mejor que hacer, asi que decidimos bajarnos de la furgonetilla y coger un autobús hacia allá.
El autobús local tiene un cobrador en una cabinita y pone que está vigilado por cámaras de seguridad. Cuando Ãbamos de camino, un chico que estaba sentado a mi lado, me preguntó "esa chica se llama Eva, verdad?" dirigiéndose a una de mis amigas. El mundo es muy pequeño, realmente lo es. Un amigo de la infancia de Salamanca junto a su novia en un autbús de Paraty a Trinidade que estuvimos a punto de perder. Lo mejor es que también conocieron a nuestros amigos Jorge y Norbi en Rio. Lo dicho, o los españoles tenemos una especie de imán o Brasil no es tan grande como lo pintan...
Trinidade es una playa fabulosa, hace un cÃrculo rodeado de montañas verdes que parece llegan al mar. En cuanto la pisamos, dejó de llover. Unos cuantos baños, unos cuantos paseos para terminar en un chiringuito pequeñin tomando unas cervezas. Nos resguardamos debajo de un tejado de paja cuando volvió a llover y a ponerse el sol. Bailamos samba con la camarera y desvariamos con ese efecto que producen las cervezas con el estómago vacÃo.
Muertos de risa, con las toallas en la cabeza, en modo monja, para cubrirnos de la lluvia, cantamos nuestra canción poniendo cara de pÃos mientras esperamos el autobús que nos llevó de vuelta. Entre el público, pescadores sucios con cara de pocos amigos.
Ya en Paraty nos duchamos rápido y fuimos a cenar una moqueca a un restaurante pequeño y familiar con música en directo. Es un guiso de pescado riquÃsimo que tiene también leche de coco y se toma con arroz y farofa (una especie de harina de mandioca con el propio jugo de la moqueca).
Después de despedirnos de la pareja imprevista, nos fuimos a la Pousada a preparar el equipaje para salir el dÃa siguiente hacia Rio y de allà a Salvador, donde tuvo lugar la boda del siglo.
Â

blogmulo dijo
¡Me encantó Paraty! Trindade nos lo dejamos para otra ocasión...
¿Qué tal estaba la muqueca? Nosotros no nos atrevemos a probarla fuera de BahÃa... :-)
4 Enero 2010 | 10:52 PM