Retozando en Paraty
Os habia avisado; este viaje iba a ser de lo mas relajado y el turismo iba a ser sensorial. Dicho y hecho. Ahora estoy en una Pousada monisima, en saloncito donde se celebra la feria literaria de Paraty con un jardin tropical afuera que enmarca una piscina con bordes de teka y tumbonas blancas.
Tenemos una habitacion para cuatro y otra para dos. La experiencia gran hermano es factor comun en todos nuestros viajes, en los que antes o despues se habla de cacas, reglas y digestiones.
Llegamos ayer despues de un viaje en autobus de mas de cuatro horas, por la Costa Verde. Una costa que es exactamente eso, verde y mas verde. De perfil sinuoso, los montecitos y pueblos se alternan con playitas y costas con islas cuajadas de arboles, palmeras y plantas diversas sin que quepa un alfiler. Pareciera imposible poner un pie en algunas por no quedar terreno libre sin algun tipo de vegetacion. La costa es verde y las aguas tambien, salpicadas de islas peludas como esas pelotas tipo asterisco de goma que venden de mil colores, pero en un unico tono predominante. Verde que te quiero verde.
Paraty es un pueblito pesquero empedrado, muy empedrado. Que conste que no he dicho adoquinado. Cuesta andar de los pedruscos que tiene el suelo. Debe de ser bastante turistico a juzgar por el numero de tienditas y restaurantes, pero estamos en el comienzo de la temporada y todavia todo se encuentra a medio gas.
Llegamos acalorados y despues de un bano en la piscina, nos fuimos a dar un paseo, a cenar un riquisima moqueca de camarao y a tomar una copilla a un bar hasta que una pareja tocando musica andina consiguio romper la paz por completo y rayarnos con su runrun. No hay forma de escuchar samba. Samba YA.
Hoy nos hemos levantado tranquilamente, despues de una pelea nocturna con la Mery con la que me ha tocado compartir una cama de la que casi me echa. Hemos ido al puerto y hemos alquilado un barquito para unas cuantas horas. Daniel, tenia el barquito impoluto, con sitio para todos abajo, salita chill out en el tejadillo y fruta, cerves y caipinhas a voluntad. Hemos ido recorriendo esta costa de Robinsones y piratas. Alejandonos de la costa de Paraty y de su iglesia blanca y colonial. Parando en islitas con algunas casas de ensueno, porque tampoco eran ostentosas y estaban encaramadas en los montecitos peludos de vegetacion que son estas islas. Hemos hecho snorkel, con lo que a mi me gusta - me he venido hasta con el tubo y las gafas- y nos ha parado en una isla a comer platos de pescado, camaraos y calmares fritos al borde del mar.
Un dia idilico que ha terminado, con paseo de tarde por el pueblito de relax, todavia con el cuerpo de sal y la sensacion del agua templada. Ahora siento el vaiven del barquito, pero me hace sonreir.
Me voy que me toca por fin la ducha.
