Apariciones
Dejé de verlo cuando era una cría, hace igual 25 años. Tenía barba rojiza y una actitud risueña y divertida. Les recuerdo en pareja, saliendo de un dos caballos para ir a comer a un restaurante en Peguerinos. Al más puro estilo "Cuéntame", rollo un poco progre, puesto que los dos pertenecían al partido comunista. Ibamos al restaurante de "las Pilis", no porque la dueña se llamase así y su hija también, sino porque tenían una gata que daba nombre al restaurante que pululaba por todas partes. Ahora sería considerado antihigiénico probablemente.
En uno de mis últimos cumpleaños que compartí con él, me regalaron un coche de cuerda descapotable, como de latón, que andaba solo mientras una pareja giraba la cabeza como saludando en plan realeza de paseo.
Después vino su divorcio y su desaparición sin saber muy bien por qué. Mi tío y su barba roja y su risa, desaparecieron de mi vida para siempre. Mi tía se quedó tocada. Creo que para siempre. Intuyo que fue su gran amor, aunque tampoco parece muy dificil de adivinar. Para mi abuela, de la Andalucía más profunda, lo de comunista y, sobre todo, lo de pelirrojo siempre fue mal fario. Y lo del divorcio le pareció una tragedia anunciada solo por su color capilar.
A mi siempre me gustó. Siempre me transmitió energía y alegría. Ahora, que yo soy mayor que cuando él desapareció, me doy cuenta de lo jóvenes que eran por entonces. Me pregunto si no se divorciaron también por progres, porque eran de los primeros en poder usar esa modernez legal.
Después desapareció de mi vida. Solo supe de él de forma esporádica, por una tía a la que le costaba hablar de él, porque yo creo que le escocía su nombre. También supe de él cuando ella murió, porque quiso venir y no le dejamos ver su agonía. Porque no merecía la pena borrar una imagen lozana y feliz y quedarse con una triste y dolorosa. Y nos dijo que siempre la quiso. Que probablemente se equivocó. Que igual podrían haberlo arreglado de una forma diferente. Nunca sabré si es verdad. Probablemente él tampoco.
Pero no lo había vuelto a ver. Hasta el otro día. Un sábado como otro cualquiera, de esos de paseo por el monte y comilona posterior, me dejó en estado de shock. Mi ex-tío apareció de repente. Con veinticinco años de más y sin barba. Con una hija que no era de mi tía y con su sonrisa perenne.
Y él nos reconoció. Y estuvo tan cariñoso como lo recordaba. Y yo no sabía qué más decir, ni qué sentir. Pero me gustó. Aunque vive en Bruselas apareció como de la nada. Para reencontrarnos.
Y cuando se fue, me entraron unas ganas de llorar incontenibles. Y se me escaparon las lágrimas; por ella, por el pasado, por el amor, por el desamor, y porque el cariño es imborrable con los años. Y todavía lloro cuando me acuerdo. Será que vuelvo a ser niña cuando me acuerdo. Y ya hace mucho tiempo.



Cata dijo
Es muy curiosa esa forma que tienen los divorcios de sacar a gente de tu vida... y claro, no se deja de querer de un día para otro :)
Que bonito encuentro, y que bonitas sensaciones.
23 Noviembre 2009 | 10:56 AM