De virus asesinos, visitas y bailes
Estoy en casa, con esa especie de abotargamiento que dejan dos días sin salir y un virus que me ha hecho, digamos, renovación de líquidos.
Después de que la semana pasada, fuera de estas de enmarcar, el fin de semana necesitaba descansar, tomar resuello. Y me fui al monte el sábado, a pasear y respirar. A comer patatas revolconas, boletus y un entrecote de enmarcar. A estar con mis padres y una prima que aparte de guapísima es la alegría de la huerta. Una persona siempre contenta, siempre optimista. Eso sí que es que te toque la lotería, mucho más que su tipazo y sus ojos verdes.
El domingo lo pasé con Maite y con Pau. Sintiéndome también en familia. En esa pequeña familia de dos que integra también a los que les quieren. A los que les quieren bien, a partir de ahora, que de todo se aprende. Y charlamos hasta quedarnos sin saliva, y aburrimos al pobre Pau, un niño precioso que se parece todo a ella y con el que compartí chistes verdes de mi infancia - de esos de los de caca, culo,pedo, pis- . Y tomamos una paella junto al mar, mientras diseccionábamos nuestros sentimientos, pasados y errores. Mientras la botella de vino iba bajando y Pau ya no sabía si jugar con la pelota o tirárnosla a la cabeza. Pero creo que le caí bien. Tan mono, tan achuchable, ya casi un caballerito. Y vi su nueva casa, llena de cuevas y recovecos para jugar a la búsqueda de tesoros y conseguí no caerme por las escaleras de mi guarida. Y vi su patio y comimos pipas viendo una película de misterio malísima que nos enganchó. Y vi más de cerca esa maternidad que me llama y me atormenta. Las dificultades y los frutos. La energia que requiere, la atadura que supone y el calor que da.
Siento que tengo una amiga para siempre en Barcelona. Y tengo que darte las gracias, Coctelera, porque todo lo que me has traído ha sido bueno. Gente maravillosa, algunos destinados a permanecer para siempre conmigo. Aunque también has conseguido que remueva aguas, que saque cosas, que reflexione en alto lanzando gritos al sol y a las nubes. Pero esos gritos soy yo y llevaba mucho tiempo sin escucharme. Desde que escribo aquí soy más yo en todas partes. Aunque ser yo a veces sea complicado.
Hoy es que estoy floja, deben de ser los dos kilos que he perdido en un solo día, aunque ya hoy he podido empezar a comer y seguro que mañana vuelvo a trabajar.
El lunes trabajé en Barcelona, viendo a gente que hace tiempo que no visitaba. Muchos me recibieron con cuchillo guardado, porque lo que les gustan son las puñaladas traperas. Pero como yo soy frontal no les queda más remedio que sacarlo y darla más suave. En fin, hay gente que no tiene remedio y Barcelona sigue tan bella como siempre. Tan guapa y menos agujereada que mi Madrid.
Tarminé el día bailando. Volví justo a tiempo para mi clase. Y me sentó genial. Lástima que hoy no tenga fuerzas para ir. Me veo demasiado floja. El próximo día me perderé, pero me reencuentro rápido.
Con ganas de estar entera y guerrera.


Maite dijo
Me has hecho sacar lagrimones, pequeña frontal. Esa sensibilidad nuestra... Yo ya sabía que tengo una amiga para siempre en Madrid desde casi la primera vez que pisé su Casa de Paz, y también que a mi pequeño le gustarías, porque sí, se parece todo a mí. Y ahora voy a dejar de llorar porque parezco una mocosa, y no soy una mocosa, soy una mujer ADULLLTA. Un beso enorme... Y bienvenida a nuestra enorme pequeña familia de dos. Nos encantaría agrandarla :-)
12 Noviembre 2009 | 08:00 PM