De Briatore, yates y gelattos
Después de varios dias en Alguero, dejamos el paraiso del paseillo y el gelatto, para recorrernos la carretera del norte de la isla de camino a Porto Cervo, lugar de atraque de barcos gigantescos cuya groseria estriba no en el dinero que manejan sino en como lo muestran. Porque, por mucho dinero que se tenga, para qué quiere uno un barcazo de tres pisos en el que el mar está tan lejos como un apartamento barato en la playa. Puro exhibicionismo, digo yo.
La costa norte, está mucho más vacía que el resto de la isla. Paramos en una playa paradisiaca con poquísima gente, entre dunas, larga y con el agua clara como es general en toda la isla. Fuimos también a Santa Teresa de Gallura, al cabo más septentrional frente a Córcega. Un parque precioso, acantilados de roca granítica muy blanca, con aspecto de cartón piedra y Córcega al fondo.
Llegamos a Porto Cervo, muy animadas. Dos intrépidas Lulus, que se van al fin del mundo, con un coche, un mapita y mucha curiosidad. Encontramos rápido el hotel. Muy mono, en una de las colinas que forman una costa tortuosa de montañas, pinos y calas de playas de agua esmeralda. Después de arreglarnos, nos vamos a ver los barcos, esperando el típico trajín "banusero" de cotilleo de barcos y restaurantes en cada esquina. Los barcos estaban. Claro que sí. Para dar y tomar. Gigantes. Una auténtica grosería.
Pero ni rastro de animación por ninguna parte. Sacamos el olfato y preguntamos a unos y a otros hasta que conseguimos cenar en un sitio poco animado pero rico y tomarnos una copa en Baia Sardinia, una zona un poco artificial con algunas terrazas, en las que las italianas pueden ponerse el taconazo, el escote y sacar todos los bolsitos de Louis Vouitton que se han comprado en Milan o al negro de la playa.
Porque los italianos, me han resultado de lo más estáticos. Plantan la sombrilla por la mañana y se quedan atocinados durante todo el día. Pocos juegos, pocos buceos para la densidad de población, e incluso pocos bañistas para la cantidad de "cormoranes" encaramados a la arena y subidos a una hamaca de Lido o a una toalla. En la playa, en lugar de vender Coca-colas, venden bolsos, gafas, cinturones, hasta zapatos de tacón, de imitación. No tienen ni que levantarse para irse con las compras hechas. El negrito de turno enseña la mercancía y se van con su bolso fashion para poder luego hacer el paseillo por la tarde mientras se comen un gelatto. Por la noche, también sosos, poco habladores, poco bailones, poco andarines. Estaban como anestesiados por el calor, como si todo el país tuviera la tensión muy baja y estuviera por los suelos hasta tomarse el enésimo café. Porque café rico hay hasta en la playa. En cada chiringuito que no falta, te sirven café en unos vasitos pequeños para llevar. La parte divertida debe consistir en arreglarse. Pintarse como una puerta, ponerse el modelazo y darse un paseo sosón.
Y eso que Briatore te recibe en cuanto llegas desde un cartel anunciando su discoteca "Billionaire", lugar al que no fui, una vez desistí de buscar un poco de animación por toda la isla.
Y es que la actividad se la dejan para el día. Para conducir nerviosos y adelantar en continúa, para no esperar un segundo mientras giras, mientras aparcas. Para colarse por donde pueden. Para plantarte la sombrilla, casi perforando tu toalla. Eso me pasó uno de los días mientras me tomaba algo en un chiringuito. Al volver me había nacido una familia alrededor y mi toalla era cubierta por la sombra de la sombrilla. Ante mi estupor, el mejor de los trucos. "Pensaba que la toalla era de mi sorella Caterina". Asi que si no tenéis sitio, ya sabéis, siempre podéis usar el truco de Caterina.
Cerdeña es un paraiso dentro del agua. Ser un pez, tener un barquito o llegar fuera de temporada, debe resultar encantador. Sus aguas son claras, transparentes y cambian un poco de tono en función de la costa.
Los italianos sorprendentemente sosos aunque amables, salvo al volante.
En Porto Cervo, empezamos a ver españoles pijos, que dan muchísima pereza. Te devuelven a esa parte de la sociedad, que hace tiempo decidí abandonar por aburrimiento.
En Madrid, me recibe calor y un pic-nic en el Retiro. Dentro de un rato una caña.
La energía de Madrid es única. También la que requiere.
Mañana empiezo a trabajar y el viernes a Nueva York.




fruterito dijo
Lo importante es que te lo has pasado bien.
31 Agosto 2009 | 02:48 PM