Celeste in the sky
Fue flechazo a primera vista. Desde el momento que la vi entrar, supe que seríamos amigas. Se movía con swing y sus ojos traslucían su espíritu alegre desde el minuto uno.
Nos pusimos a hablar, quería saber mi nivel de inglés y terminé dándole la dirección de mi escuela de danza.
En un entorno de números, stress y obligaciones, irrumpió como una brisa fresca de buen rollo, de un alma limpia e inquieta. Nos vimos sin accesorios inmediatamente. Reconocimos a una igual a pesar de ser de distinta raza y nacionalidad. Porque nos une algo universal. La libertad de la valentía, de hacer las cosas sacándolas jugo pero sin quemar la tierra, ni matar las plantas, ni contaminar las aguas con nuestras miserias.
Y hablamos de música y tradujimos canciones de Amy Winehouse, antes de que yo la conociera, la ayudé en su periplo de compañeros de piso asesinos o ladrones y hablamos de hombres y de paranoias. Nos reímos de nosotras mismas hasta el infinito disimulando cuando alguien se asomaba por la puerta de cristal de mi despacho. Repasamos absolutamente todo; nuestra común afición a la escritura, a la lectura y nuestra visión de la vida. Conoció mis desastres amorosos y los destripamos sin un Cosmopolitan en la mano, por eso de estar en la oficina. Nos reímos de nuestra hipocondría con el sexo, de nuestra necesidad de plastificar a hombres que salen rana como si estuvieran envasados al vacío para no tener paranoias. Y casi me tronzo el día que se cayó al suelo después de darse cuenta de que al intentar ligar con un español le había ofrecido una mamada al intentar traducir "french kiss" con una intención mucho más inocente. Claro, que mi mirada de estupefacción no hizo más que crecer el día que ese mismo sujeto la abandonó después de explicarle que un gurú de la India le había aconsejado la abstinencia.
Porque si no fuera por ella y por esas conversaciones sobre los hombres de allende los mares y los de aquí, que nos hacen quitarle hierro a nuestras desventuras quijotescas, nada sería lo mismo. Ahora andamos intentado encontrar una explicación al grado de desconcierto en el que halla sumido nuestro producto nacional. Intentamos entender el porqué se hallan paralizados a mitad de camino, sin saber a dónde ir, sin saber cómo comportarse y dejándose vagar por un mar cálido de amigos que regalan sus oídos y madres que alimentan sus estómagos. Ayer, mi querida Skyller, entabló una conversación con una francesa de 60 años casada con un español. Fue radical. Le dijo que los españoles no saben cómo ser independientes, que necesitan siempre dirección, que alguien les diga lo que tienen que hacer.
Me niego a pensar que esto es así, aunque sospecho que algo puede haber de cierto. Las madres protectoras que les han hecho el rey de la casa y los grupos de amigotes, han protegido a aquellos sin las suficientes agallas para querer crecer e inventarse como individuos.
Mientras, Skyller y yo bailamos música negra y nos vamos de conciertos. Yo me voy acercando cada fin de semana a su color, con cada rayo de sol del Mediterráneo. Y juntas planeamos un fin de semana en NYC donde seremos las nuevas protagonistas de "Sex & City", con o sin "Cosmopolitans".



srta desconocida dijo
Estamos como vacas sin cencerro, va a ser mejor empezar a recomendar la compra masiva de brújulas, como la de móviles 3G de ahora ¡o más aún!
A ver si asi se encuentran (o nos encontramos)... ;)
bicos!
5 Agosto 2009 | 09:26 PM