Reencuentros
Escribo ahora mismo, reencontrada con un catarro de verano de los que hace mucho no me cogía, sobre reencuentros y despedidas.
Volvió mi Maitexu, en una visita express muy bien aprovechada. Dice que mi casa le da paz y creo que debe ser porque apenas dejo que la pise, envuelta en una vorágine de planes y paseos madrileños. Tuvimos una velada especial, con la aparición de Calamarita en la pantalla de mi portero automático. Intentamos arreglar el mundo. Y si alguien lo hizo fue ella, la pipiola rajaba y rajaba mientras las senior nos la comíamos con los ojos mientras comíamos un trozo de pizza. Velada especial que a punto estuvimos de prolongar hasta el infinito a pesar de tener un fiestón en unas terrazas en una azotea de la calle Arenal. Más madrileño imposible. Con el reloj de la Puerta del Sol asomando, iban pasando un sin fin de representaciones de tatuajes (amor de madre, Gun's & Roses, Love& Heat, Antonio...) en una de estas fiestas geniales y estrambóticas llena de gente libre.
El jueves el reencuentro había sido en la Fiesta Coctelera, con mi Nick, mi Gonci, mis queridas Lucía y María y algunas nuevas adquisiciones, Marilia, Ryu, el amigo guapo de María cuyo blog no recuerdo, Blat y otros cuyos blogs no leo, porque últimamente estoy muy dejada en esto de leer. Me encanta verlos. Me llenan de energía. Me hacen ubicarme con perspectiva y ver lo que tengo en común con gente con la que aparentemente no me une nada. Y pensando y pensando, creo que lo que tenemos en común es la fantasía. Sí, esa especie de búsqueda infantil y esencial sobre la vida. Ese intento de mostrarnos y comunicarnos con nuestros semejantes. Porque va a ser que nuestros semejantes nos interesan. Un ego un poco quebradizo o muy solvente, que en función del viento que tome la vida se infla o desinfla buscando aliento.
Así que ante el rumor de la muerte de Michael Jackson se originó un revuelo buscando confirmación. Confirmación que no tuve hasta el día siguiente. Y lloré a otro personaje infantil buscando fantasía. Me acordé de mi colección de Superpops llenos de fotos y de las coreos que me sabía de sus vídeos. Siempre pensé que era un poco friki - eran los 80 y no había negros en España, porque Michael todavía lo era, además yo iba a un colegio muy pijo - y ahora me he dado cuenta de que supe apreciar la genialidad. Qué penita. Hoy me ha escrito una amiga de la infancia, que se ha estado acordando de mí a cuenta de lo superfan que yo era. Así que Michael está siendo estos días un reencuentro y una despedida al mismo tiempo.
El domingo estuve en Paris, y en Trocadero no había más que Michaels bailando Billy Jean con la Torre Eiffel al fondo. Tengo unos cuantos videos que no pude dejar de grabar. Paris, otro reencuentro.
Paris me dio cuatro meses de belleza y frialdad, de paseos y escapadas agresivas. Me dio noches de bengalas en el Pont des Arts y dias enteros absorbida por las maravillas del Louvre. Me dio amigos italianos bohemios y me permitió conocer al senegalés más elegante de la Defénse. Esta vez Paris me devolvió a Yumi. Una nota en la recepción del hotel, me avisaba de una cena a las 20.00 en el Café Marly, un restaurante que está en el Louvre. Allí nos reencontramos ella, Cristina- una italiana que conocimos también en la misma época- y yo. No paraba de mirarme y reirse. Sé que me vio hiperactiva, porque soy así y no paraba de hablar. Mezcla de inglés y francés, porque yo hacía siglos que no hablaba francés y Cristina siglos que no hablaba inglés. Así que hicimos una mezcla curiosa, un esperanto de andar por casa que de vez en cuanto metía una palabra española como "merengue" que inmediatamente entendía la italiana.
Paseamos, nos contamos nuestras vidas y llegamos al Pont des Arts, mi lugar favorito, uno de los más románticos de Paris. Demasiada gente piensa lo mismo que yo, por eso estaba lleno de jóvenes con guitarras, parejas dándose el lote y botellones elegantes. Yumi, vive cerca de Shinjuku, trabaja en un banco y está requetesoltera. Totalmente compatible conmigo y mi vida. Quedamos en que yo tengo que volver a Tokio y ella a Madrid o la casa de la playa. La pregunté si sigue viajando con una minimochila y me dijo que sí, que lleva muy poco equipaje. A ver si me da unas clasecitas. Le dije que había escrito sobre ella en mi blog y sobre como nos conocimos una vez fue capaz de salir de la ducha compartida con turbante y todo, tras una hora de afeites. Se reia sin parar. Me dice que parezco más energética todavía que antes, que ya es decir.
Y así transcurrió una velada de reencuentros con una ciudad de ensueño que estaba contenta y veraniega, con un moonwalk masivo en Trocadero y con mi querida Yumi, mi japonesa del turbante en la cabeza y la maleta pequeña.
Al día siguiente, tras una noche de pelea con el edredón del hotel (dichoso invento alemán) y el aire acondicionado, me reencuentro con un trancazo de verano mientras abandono una ciudad que, lejos de escuchar a Edit Piaff, tiene a Thriller de banda sonora.
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marta drooker dijo
Caramba! Vos en París y yo con mi infancia desanfrancesada! Seguís siendo la mejor cronista de viajes que conozco! Un fuerte abrazo!
6 Julio 2009 | 03:03 PM