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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

9 Junio 2009

Conversaciones con el jefe del poblado: aterrizaje en Sumba

Para no perder las buenas costumbres, nos pegamos otro madrugon de las 5 de la manana y vemos amanecer mientras desayunamos en esa especie de chiringuito de los mares del sur, viendo la que por unos dias fue nuestra playa.

Vamos rumbo a la isla de Sumba, una de las islas mas genuinas de la tradicion ancestral indonesia. Tenemos suerte con el vuelo de Merpati. Va en hora y hace como primera escala de un autobus de linea entre las islas, en Tambolaka, lugar donde abandonamos a la mayoria de pasajeros en transito hacia Denpasar (Bali).

Al salir por la puerta de la pista un chico me pregunta "Miss Marta?" y le digo que si antes de meternos a coger las bolsas en una especie de lonja marinera. Es milagroso lo de internet, pensar que vas a tener a alguien diciendo tu nombre en una remota isla indonesia para llevarte a tu proximo alojamiento solo tras un correo electronico, hace pensar que efectivamente ha cambiado el mundo.

Sumba es mas seco que Flores y se aprecia a simple vista. Aun asi, las carreteras estrechas, estan llenas de vegetacion y de vida a sus costados. Miles de ninos corretean por todas partes como si nacieran en cosechas trimestrales como el arroz.

Finalmente tomamos un sendero que nos lleva a nuestro hotelito. Nos recibe una senora muy espabilada con la que estudiamos el itinerario para los proximos dias. Para poder ensenarselo al conductor que casi no habla ingles. Los nombres no son nada faciles y estan llenos de "w": se te olvidan en cuanto los has leido.

Somos las unicas huespedes del hotel y todo el mundo nos recibe sonriente, pero es dificilisima la comunicacion, porque hablan muy poco ingles.

Tiramos millas y nos dirigimos al noroeste de la isla, hacia la region de Kodi. Tras un viaje lleno de ninos saludandonos a nuestro paso, muchas escenas de la vida cotidiana y pueblos con sus caracteristicas cabanas, paramos en Ratenggaro, un pueblo en una acantilado que da a una playa impresionante en la que desembocaba una laguna atravesando la cual habia un pueblo donde solo se podia llegar si los habitantes quieren llevarte en barca (cosa que no les dio la gana).

En Sumba es muy importante el protocolo. Cuando bajas del coche te rodean los ninos y los mayores vienen a curiosear pero lo que hay que hacer es buscar al jefe de la aldea, saludarle y ofrecerle unos cigarrillos o una nuez de areca (el famoso "betel nut" que debe ser la droga mas consumida de Asia y que aqui se la meten hasta los ninos). Despues te sacan un libro de visitas con la intencion de que les des una propina por poder visitar su pueblo.  

Ratengaro fue nuestra primera inmersion en un mundo de culturas animistas, en la que la muerte esta tan presente que guardan a los muertos y no los entierran hasta que haya suficientes bueyes para matarlos y enterrarlos con el difunto. Todo es muy primitivo e intenso. Hasta hace 25 anos cortaban cabezas a los enemigos y a los extranjeros (glup, me lo creo oiga...).

La avalancha de ninos pidiendo caramelos y fotos para morirse de risa al verlas despues y el sobeteo general. El amigo que me sale fotografo y le tengo que dejar mi camara para que no se enfade, que cuando cambian el chip son un poco violentos, nos hacen sentirnos un poco acobardadas en esta primera visita. La negativa tajante a llevarnos a Wainyapu, la aldea al otro lado de la laguna, nos sorprende. La reaccion es extrana y un poco violenta, asi que tenemos que salir de alli, casi por patas.

Nada que ver con sus vecinos de Pronabaroro, que tienen un jefe que es un cachondo mental porque va puesto de betel hasta las orejas. Nada mas llegar, le ofrecemos cigarrillos y nos hace de guia por su pueblo.

No se si me adjudico el papel de jefe del grupo o que, pero se puso a andar conmigo y tuvimos la conversacion mas surrealista de cuantas recuerdo en mi vida. El viejo me hablaba y yo ponia cara de interes y de enterarme de todo. Yo le preguntaba por las mandibulas de animal colgadas del techo de una de las cabanas. Le preguntaba sobre lo que tenian secando al sol, una semilla negra que parecia pimienta. Con un gesto de "pica, pica" y un abanico en la boca, el hombre se parte de risa y me empieza a dar golpecitos en el hombro como diciendo "ay que boba, hija". Sus dientes son gigantescos saliendose de la mandibula completamente tenidos de rojo del betel, carcomidas las encias, daban ganas de vomitar. Pero el hombre era simpatico, y sobre todo, era el jefe, estabamos alli por su gracia, asi que habia que ganarselo. Llegamos a otra casa donde estaba la mujer, que habia decidido unirse al enemigo y ponerse tambien hasta las trancas de betel para lucir un precioso look igual de bello que el marido.

Le pido si le puedo hacer una foto y me dice que s'i, le hago una con el grupo y Blanca me hace una mi con el. El, de pronto, me da un achuchon y yo tengo que hacer fuerza al contrario porque me veo con sus pinos en mi cuello a modo de vampiro. Esta claro que se ha quedado conmigo. Me vende un colgante que le gusta verme puesto y me planta un abrazo que por un momento pense que me iba a matar de amor. Ya he ligado y, por supuesto, con nada parecido a un surfista australiano cachas.

Con buen sabor de boca y las ganas de ir regalando colutorio, nos subimos a la fregoneta para ir al pueblo de Tossi.

En la guia pone que es mejor evitar el pueblo, pero en el hotel nos ha dicho la senora que podemos ir.

Vamos, pero el jefe resulta ser un senor mayor con muy malas pulgas que nos hace darle mas dinero y casi nos echa a gorrazos de su casa. No se cuantas cabezas habra cortado, pero unas cuantas seguro.Mientras, una nueva invasion de ninos que te quitan caramelos de las manos a aranazo limpio, nos siguen pidiendo fotos. Finalmente salimos huyendo de alli hacia la playa de Pero.

Se trata de una playa preciosa de dificil acceso. La arena es blanca como de concha o coral machacado. Las mareas vivas han dejado una laguna en la que esporadicos pescadores hacen la faena.

Descansamos alli, en un momento de pajara sobrepuesto por jamon y unos conguitos hechos pure.

De pronto aparece un hombre con un machete en la mano que se dirige a Aida. Voy hacia ellos, por si pasa algo. Dice no se que, que no entendemos, con una cara muy seria y con el mango del machete asomando por la espalda. Ante la duda cojo unos cigarrillos y se los soy. Aparece otro elemento con machete, pero finalmente se reparten los cigarrillos y parece que se van tranquilizando. Nuestro conductor tambien aparece, porque parece que algo se ha olido. Salimos por patas al coche. Es la tercera vez en un dia. Parece que esta zona es un poquito hostil, deben de llevar lo de cortar cabezas grabado en el ADN.

Ya cansadas, sucias, sobadas y sin comer, llegamos al hotel y nos vamos un rato a la playa que esta enfrente de nuestra cabana. Una playa impresionante solo para nosotras. No hay nadie en ninguna parte. Es una playa del norte con mareas vivas, olas y fresca, rodeada de acantilados con formas curiosas por la erosion.

Despues nos espera una agradable ducha fria, una comida local en el restaurante del hotel (otra cabana al aire libre) a base de arroz, pescado, pollo, verduras, patatas y una sopa muy rica con mucha pimienta. A la luz de la velas, no por romanticismo, sino para poder ver algo en una isla donde la electricidad no va muy bien y se va cada dos por tres.  Nuestra mesa redonda y grande de coco en un porche solo para nosotras, la recordaremos en el futuro.

Parece mentira que haya todavia lugares a los que no llegue practicamente nadie.

De vuelta a la habitacion, peleamos con la mosquitera y vemos un Gecko gigante que se ha metido en una. Es como un lagarto gigante, con membranas en los pies y canta como un pajaro.

Esperemos que sea inofensivo, porque parece que nos va a tocar dormir con ellos todas las noches.

La llegada a Sumba ha sido de una intensidad dificil de asimilar en un solo dia.

Manana mas.

(escrito el 5 de junio 2009)

 

Tags: viajes, indonesia

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Señorita Honeychurch

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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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