Cerve en Amsterdam, cerve en Bali y cerve en Flores
Escribo desde el ordenador del primer hotel que me ha permitido tal lujo. No se si se me perdera lo que estoy escribiendo pero una vez mas lo voy a intentar. Tengo un dolorcillo de cabeza que proviene de la falta de sueno y de esa cerveza maravillosa de la puesta de sol en un playa paradisiacal en la que unos ninos pescaban mientras unos pocos turistas aficionados al buceo se duchaban para cenar. Esta manana, por llamarlo algo nos hemos levantado a las 4 de la manana para ver amanecer en la cima de un volcan con tres craters, cada uno con un lago en su interior, el mas impresionante de un color turquesa que iba cambiando con la luz del amanecer. Estamos en Flores desde ayer y ha sido un dia intenso. Tengo sensacion de que llevo de viaje desde que sali hacia Amsterdam el sabado por la manana.
Y es que esto esta realmente lejos. A veces pienso que mis vacaciones son una escapatoria hacia lo desconocido y lejano. Cuanto mas lejos mejor logrado el objetivo. El sabado pasamos un dia agradable en Amsterdam. Estaba toda la ciudad en la calle porque hacia un dia soleado y agradable. Paseamos la ciudad, cervecitas en una terraza, paseo por un barrio, cervecita en otra terraza y vuelta al hotel que era el primer destino en transito de nuestra odisea pre-antipoda.
El vuelo largo pero bueno. Hiciemos escala en Kuala Lumpur que tienen un aeropuerto de lo mas moderno y cosmopolita. La llegada a Bali, nos dio la primera bofetada de calor. Nuestro querido Helmut – un aleman al que alquilamos una casita en Seminyak- parecia no haberse presentado a por nosotras. Un par de llamadas y casi una hora mas tarde bajo el sol hicieron aparecer a un tipo simpatico que conducia un todoterreno. Nos llevo a nuestra preciosa villa. Todo como en las fotos. De estilo balines, con una piscinita ideal y un cuarto de bano al aire libre, se convirtio en nuestro refugio para esa noche. Cenita, cama y noche toledana con el jet lag. Todavia no me he deshecho de el por el momento. Despues de un estupendo desayuno cogimos el vuelo a Flores desde Denpasar. Aunque corto hizo escala en Sumba. En el aeropuerto nos recogieron Conrad y Mateus y nos llevaron a el Gran Hotel de Moni. Llegar a un hotel de noche, que este cubierto de andamios y que las ventanas esten tirades por el suelo, es lo que depara esta loca vida de turista que se mete en cualquier lugar. Bromee con el guia y le pregunte si teniamos que poner nosotras las ventanas. Al pasar el primer tramo una aparicion de la Virgen en tamano natural e iluminada convirtio el momento en mas sobrecogedor. Pusimos el “modo commando”, un monton de espirales antimosquitos, cambiamos todas las camas de sitio buscando donde colgar las mosquiteras y disfrutamos enormemente de un bano que no tenia ni lavabo con agua corriente. Tampoco sabanas. Una maravillosa colcha de flores hacia honores a la isla en la habitacion. Despues de una cena en el maravilloso restaurante, nos fuimos a intentar dormir hasta el despertar a las 4 de la manana. Cada una tuvo su particular noche toledana, debio al desarreglo del sueno y al marco incomparable de nuestro destino.
El Kelimutu es impresionante. Los lagos cambian de color en funcion de la luz y los minerals que van deshaciendo. Un paseo vespertino sienta bien hasta a las insomnes. De vuelta al hotel desayunamos una especie de crepe con huevo frito y platano y un te que nos sienta estupendamente. El resto del dia transcurre entre pueblecitos y coche. La vegetacion de la isla es spectacular. Verde, montanosa, volcanica y costera es una isla preciosa. Sus pueblos y casas son muy peculiars, con casas que parecen que llevan sombrero y lugarenos amables que nos dejan pasar a visitarlas. La comida estupenda en un chiringuito pequeno al borde del mar, en una playa espectacular. Hemos comido todo el dia pescado a la brasa, sabroso y jugoso. Me ha encantado librarme de los noodles y del arroz picante. El hotel de hoy tiene otro aspecto. Fundado por un misionero aleman que ha venido a saludarnos y presentarse en la cena, tiene el encanto de lo sencillo y pequeno y la sencillez de no tener absolutamente nada accesorio. Ni el jabon, vaya.
Despues de un dia eterno, nos hemos sentado a ver la puesta de sol, con el mar como un plato, el cielo naranja reflejandose en el agua y unos lugarenos, que la mayoria eran ninos intentando pescar los peces que seguro nos comeremos manana.
Ahora espero poder descansar por primer dia. Que me abandone el jet lag y poder disfrutar de un dia de snorkel en una isla que hay enfrente. A eso, a relajarnos en la playa y a ver pueblos pesqueros dedicaremos el dia de manana.
A ver si me apano con el tubo.

esther dijo
verdee....estoy verde de envidia!!!!....madre mía, guapas que viajazo!!!!....traernos unas fotitos y un poco de aire fresco balinés en la maleta...besitos
3 Junio 2009 | 11:02 PM