Semanas que son meses
Hay semanas que se vuelven densas como un pastel de chocolate americano, que se estiran como un chicle acoplado a todo el paquete y extenúan como si has corrido el Iron Man.
Esta semana ha sido una de ellas. Semana de hitos laborales que han requerido de noches y madrugadas. Semana en la que la película "La Comunidad" se parecía más a Heidi que mi propia realidad. Semana en la que llegar de noche al portal de mi casa, abría otra reunión de horas cuando era interceptada por los vecinos. Semana regada por reglazo inesperado producido por ciertas emociones, que me ha dejado completamente exprimida.
Tener una orden de demolición del ayuntamiento, cuando miras por la ventana de tu casa y todo lo que ves son palomares transformados en terrazas, pisos que crecen de forma desordenada y rehabilitaciones en las que cruzas los dedos para que haya intervenido un arquitecto, te hace sentir la injusticia. Mi casa es preciosa. Bien hecha, acabada, sin riesgos de caídas de tejas o cristales. La casa más bonita de la calle. Es cierto que soy un poco subjetiva, pero os aseguro que vuestra valoración no sería muy diferente.
Mi calle es una calle comercial. Llena de tiendas exclusivas y restaurantes de moda. Las señoras vuelven llenas de bolsas de carton con objetos preciosos y las parejas arregladas salen a cenar los fines de semana.
Pues bien, no es que os quiera alarmar, pero la aquí presente, a la que quieren demoler parte de su casa, ha tenido que llamar dos veces a los bomberos para salvar la vida de los viandantes. Unas tejas sueltas una vez dieron lugar a un post muy divertido, en el que aparecía en casa rodeada de bomberos y yo tenía una pequeña fantasía. En otra ocasión, una guillotina potencial amenazaba con cortar la cabeza de alguna reina del consumo. Actualmente obras y obras un poquito extrañas hacen aparecer individuos que bailan sobre los tejados a la vez que crecen de forma abstracta todo tipo de formas extrañas cuya homogeneidad responde al "sin ton ni son".
Pues bien, mientras mi casa, casi podría venir en las guías de la ciudad. Mientras me encuentro turistas mirando por el portalón. Mientras en ella todo está fijado, homogéneo y perfectamente acomodado a las necesidades de hoy. Resulta que entre todas las chapuzas de la zona, el Ayuntamiento ha elegido mi casa para dirigir una orden de demolición de parte de ella. Cierto es que la inmobiliaria incumplió con el proyecto, que es unos centímetros más alta de lo que debiera, que determinadas cosas se hicieron de forma distinta a la aprobada. Pero lo que es más cierto, es que para alguien con un mínimo de sentido común, esta orden es injusta. La justicia es injusta. Es la sensación que tengo desde que me ha tocado lidiar con ella personalmente. Por no hablar del sentido común que prima en el Ayuntamiento. Qué tipo de protección tienen los ciudadanos. Parece que los piratas y desaprensivos se ven protegidos, mientras los costos de sus chapuzas los pagamos la gente honrada. En fin, no os quiero torturar con mis problemas, no quiero haceros mirar para arriba cuando caminéis por el centro de esta ciudad. No quiero que huyáis de la policia en lugar de pedirla ayuda, ni quiero que os convirtáis en delincuentes porque sale barato. Ya sabéis que yo soy crédula por naturaleza y decisión. Prefiero creer y dármela que vivir en un estado permanente de escepticismo dañino.
Pero hay semanas que son meses, semanas en que el sangrado es físico y legal, semanas en las que no sabes que creer, semanas en las que de pronto te has vuelto un homeless.
Estoy por irme de cacería.




The Devil Rules the World dijo
Uy, qué mal me suena todo eso. Yo doy fe de que tu casa mola mazo. De hecho, he pensado en quedarme de ocupa en la entrada del portal varias veces. Contaba con que tu me bajases las sobras de tus cocinitas y algún rooibos de vez en cuando (sabor "felicidad" por supuesto). Pero si ahora lo van a demoler, paso, que luego la gente tropieza y pasa lo que pasa. Me buscaré algún cartón interesante y un banco...
Animo que la semana ya termina.
21 Febrero 2009 | 03:42 PM