Razón, pasión, existencia y ruidos
Ayer fui al teatro. En el Español ponían "El encuentro" , el nuevo montaje de Flotats que siempre es una garantía de calidad y contenido interesante. En la obra, se representaba un diálogo entre Descartes y Pascal en su época de juventud. El dramaturgo, Jean-Claude Brisville, ya me había convencido en "La cena", la mejor obra de teatro que había visto en mucho tiempo.
No sé si las altas expectativas despertadas por "La cena", el sueño, o mi pensamiento saltarín, hicieron que pese a que me gustó mucho, se me quedara un poco corta. Corta en tiempo fue, pero aquí hablo de corta en contenido. Un Pascal convertido en un talibán de la religión católica, no consiguió adentrarme en su pensamiento, en su ciencia, en su naturaleza superdotada que hubiera captado mi interés al instante. Un Descartes práctico y con la lucidez de la ancianidad prematura de esas épocas, resultaba bastante más creíble y agradecido. Imagino que Pascal pasó por esos momentos; de naturaleza enfermiza, su mente le hizo una pirula para buscar en la Fe, una creencia indemostrable que trascendía cualquier tipo de logro de su portentoso cerebro. En el fondo, una forma de abandonarlo, de dejar esa trabajo incesante que persigue a las mentes privilegiadas por el hecho de serlo. Un despilfarro. Eso es lo que sientes en toda el texto. Pascal va a despilfarrar su talento a merced de ideas que provocan otros tantos despilfarros menores en otras mentes. Pero estas no importan tanto.
Me faltó más rango de contenidos. Un paseo por otros aspectos de sus vidas y pensamientos. El encuentro fue histórico y según la cronología pudo ser así. Pascal tenía 24 años y ya había hecho grandes descubrimientos matemáticos, pero ahí se encontraba en su época jansenista atormentado y radical. Quizá fuera así, el texto dentro de este contenido no podía ser mejor, pero mi entelequia esperaba un encuentro distinto. Un encuentro en el que Pascal no fuera un talibán, y Descartes ahondara más en sus teorías y descubrimientos. Se me quedó todo muy centrado en un solo tema, discutido además por un ser absolutamente enajenado y tembloroso. Actorazos, en cualquier caso.
Es posible que en ese dilema, entre razón, pasión y existencia, yo me hallara un poco cegada por un reencuentro reciente. Un reencuentro de hace quince años que se me cruzaba entre estrofa y estrofa y me hacía perder por unos segundos el hilo de un texto que no permite pestañear mucho. Porque entre razón, pasión y existencia, ayer estaba yo en la segunda, un poco desconcentrada para lo que mi mente cartesiana evanescente suele ser. Porque yo soy cartesiana. O más bien, yo he sido cartesiana mucho tiempo. Después de la obra de ayer, me veo acercándome al Descartes viejo. Mucho más sentimental y cercano de lo que pudiera parecer. Me veo dispuesta a adentrarme en el mundo de las emociones. A crecer dentro de un área abandonada por un cartesianismo mal entendido, que no me ha permitido madurar en un terreno de arenas movedizas, en las que solo uno puede salvarse por la experiencia.
Y en esas estaba, cuando después de tomar algo, me fui a dormir. Agotada caí en un sueño profundo relajante que fui interrumpido de nuevo por unos tacones. De los tacones, pasamos al movimiento de sillas, del movimiento de sillas pasamos al de muebles más pesados, de eso a conversaciones en tono alto, de ahí a la música. Cinco de la mañana, seis de la mañana, siete de la mañana. Con el pelo revuelto, en pijama y con las babuchas cuya existencia ignoran mis vecinos de arriba, he subido un piso por las escaleras. Después de llamar al timbre, casi poniéndome de rodillas les he dicho "me estáis matando". Con un ya acabamos, se han recogido. No sé si han hecho más ruido, pues he recurrido a los tapones. Aunque los odio.
¿Por qué cuesta tanto el silencio?.




Gonzalo Darko dijo
Estuve viendo un programa de filosofía en la TDT en el que estuvieron hablando todo el programa sobre la obra. Uno de los dos catedráticos criticaba que Pascal estaba muy mal escrito y que daba una opinión sesgada y poco interesante del que le parecía el rey de reyes en filosofía.
EN fín, la verdad es que me apetece verla, creo que estoy en ese momento en el que me apetece meterme para adentro un poco, auqnue me veo abrazándo a Hume y su escepticismo radical, siempre con un pie fuera, siempre con esa dificultad para confiar en la franqueza de lo que parece evidente, siempre con la mosca detrás de la oreja. Jodido, vamos.
Babuchas XD
16 Febrero 2009 | 12:18 AM