Sacando palabras
Después de venir de comer un copioso cocido de casa de Blanca, intento decidirme a romper el hielo con el blog.
Estoy poco activa últimamente. La organización de las fotos del viaje y los eventos navideños han ocupado todas mis ganas esta temporada.
En cualquier caso, en algún momento tendré que retomar buenas costumbres. Tendría que hacer balance del año, aunque me da un poco de pereza.
El 2008 podría resumirlo como un año "vivido", un año en el que me han pasado muchas cosas, unas buenas y otras no tan buenas. Un año que me extenuó hasta hacerme volar desvencijada a mi Shangri-la a tomar la energía perdida de los Himalayas.
Si echo la vista a atrás, que los pies ni para coger impulso, veo un año que empezó con deseos de relajarme en la vida y de encontrar un poquito de amor. Seguí trabajando, bailando y viajando. Recordando momentos especiales que revivo aquí antes de que se borren del todo de mi memoria. Seguí dándome masajes y acudiendo a teatros y espectáculos. Cogiendo taxis y disfrutando de la pandilla maravilla.
Entre tanto, encontré el amor. Pasé una blanca Semana Santa. Y escribí cosas cursis como se supone hacen los románticos. Pero resultó ser bastante más complicado de lo que parecía. Y yo no hacía más que intentar explicar por qué. No hacía más que intentar justificar como soy cuando el problema era de la inseguridad del otro. Resultó ser un agujero negro devorador de energía. Distintos idiomas entre dos personas más distintas de lo que pareció al principio. Pero yo lo di todo. Lo intenté y por eso estoy orgullosa. Sin miedo y con generosidad. Pero me dieron calabazas inesperadas. Calabazas que me dejaron fatal por lo traicionero y con las que ahora me hago una crema de verduras. Para la cena. Porque, en realidad, resultó un alivio.
Pero el agotamiento laboral y emocional me dejaron extenuada y el verano llegó oscuro en vez de lleno de sol. Un viaje a Nueva York, me lleno de imágenes, cámaras de fotos y una nueva soledad. Volví a dormir en diagonal.
Y apagadilla seguí con mi vida. Compré una casa en la playa pero el verano no me trajo tampoco la paz que necesitaba. Ya al límite, el verano resultó un fracaso y acabó con mi estabilidad. Fue la gota que colmó un vaso ya muy lleno. Falta de vitalidad, seguía en la lucha diaria. Dando las energías que no tenía, en mi trabajo exigente mientras planeaba un futuro escapista.
La energía me la devolvió en parte Bután. Un destino lleno de paz, naturaleza y budismo. Un viaje lleno de amigas maravillosas, repletas de virtudes y buenos deseos.
Y en esas estoy ahora, recomponiéndome, entendiéndome, aceptándome y aprendiendo a respetarme conociendo mis límites.
Eso pido para el nuevo año. Salud física y mental. Para mi y para los que quiero.
Esperando ser un poco más feliz.




srta desconocida dijo
... y un poco más sabia. Eso seguro. :)
biquiños
11 Enero 2009 | 10:52 PM