Volando a Madrid
Después de cenar por tercera vez en Fire&Ice, nuestra pizzeria favorita decidimos ir a tomar una cerveza a algun garito de Thamel para otear el horizonte nocturno. Una terraza con un sonido rockero atronador nos señala donde está la marcha.
Subimos unas escaleras y nos encontramos en un extraño bar. Parte está a cubierto y parte tiene una terraza techada. Un grupo de rock, toca clásicos mientras menean sus cabelleras lisas. Un espontáneo baila el "moonwalk" y se descoyunta delante del grupo.
El ambiente es raro. Oscuro y con bastantes jovencitos fumando adivina qué y tomando cervezas. Todo es un poco cutre; un acuario con el agua más sucia que el aire de Katmandú, de un color verde algoso tras un cristal opaco y sucio, recoge a peces de colores y a un pez negro que se queda haciendo el muerto en el fondo. Huele a frito y a humo. Blanca mata una cucaracha que camina por encima de la mesa. Sube la pierna en un estilo de bailarina aventurera.
Estamos un rato y decidimos probar suerte en otro local.
Subimos a otro similar. Está lleno. Multiples mesas y sillas rebosan de gente. Huele a maria y a vicio. Todo el mundo está un poco pasado. Unas mesas bajas tienen pipas para fumar descalzo. Los zapatos se depositan en una estantería que está llena de zapatillas de deporte. Hay alguien tocando, pero no nos da tiempo a oir nada. No tenemos sitio para sentarnos y si no lo hacemos estamos en el medio. Decidimos marcharnos, estamos cansadas.
En Katmandú se respira droga. Te ofrecen por todas partes hachís, y el ambiente sugiere sustancias mucho más duras. A la salida nos encontramos con el mismo niño puesto hasta las orejas. Un niño muerto. Un niño drogado que se te abraza y hace cosas muy raras. A veces te quiere morder otras algo pide. Te dan escalofrios y miedo.
El barrio está lleno de policía armada con palos. Ya no sabemos para que son los palos, si son para los perros que se vuelven locos por la noche, para los yonquis o para los monos traviesos.
Es noche de viernes y está claro que hay más que palabras.
La noche de Katmandú nos resulta hostil.
En algunas aceras hay más niños drogándose. Algo aspiran entre sus manos. Es desazonador.
A la mañana siguiente, hacemos unas compras y nos vamos al aeropuerto.
En el primer avión parece que se va a quedar un asiento vacío a mi lado. En el último momento, un señor con pinta de haberse escapado de un safari, aparece. Lleva unas botas colgadas de una mochila que pesa un quintal. Es español. Se presenta y me da la mano. Le pregunto si no le cabían las botas en la maleta. Me dice que unas botas que quedan bien, más vale no perderlas.
Nos pasamos el viaje hablando. No calla. Estaba en Katmadú rodando un documental. Es todo un personaje y no para de contarme cosas interesantes. Me dice que si me gusta lo que hago. Le digo que hay cosas que me gustan más. Me dice que tengo que hacer lo que me gusta y me cuenta su periplo vital. Es todo un aventurero. Se ha recorrido Africa de arriba a abajo conduciendo y conoce a la gente, la idiosincrasia y los peligros del continente. Tiene una ONG particular. No calla y le pregunto si lleva mucho sin hablar. Reconoce que no se llevaba bien con una cámara que se sienta unos asientos más adelante. Al rato veo a la chica hablar con el que tiene al lado. Me rio y le digo que está claro que ambos necesitan hablar.
Después de unas horas en Doha, el siguiente vuelo nos vuelve a sentar juntos. Me da una clase rápida de fotografía, me cuenta más cosas de Africa. Le digo que si nos llevaría a las cinco el año que viene. Me dice que sí. Dormimos.
A la llegada a Madrid, nos intercambiamos correos electrónicos. El vive en Barcelona y todavía le queda un vuelo más. Quedo en mandarle fotos del vuelo Paro-Katmandú.
Parece que no paramos de conocer gente que rueda documentales en el viaje. Una francesa en Bumthang para el National Geographic, el loco de Cuatro y el aventurero de la ONG. Gente curiosa esta.
Llego a Madrid recién amanecido. Hace mucho más frio que en el Himalaya. Las luces de Navidad están puestas.
Aterrizando.



srta desconocida dijo
Re-bienvenida!!!!!
pero no aterrices del todo, tú ve poco a poco, por aquello del jet lag y el cambio de presión por la altitud, ya tendrás tiempo de volver a la rutina, por año nuevo quizá...
bicos
15 Diciembre 2008 | 11:02 PM