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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

24 Septiembre 2008

Masaje flotante

Salgo de mi spa absolutamente relajada, vuelvo a casa flotando por la calle más fina de mi ciudad. Como en las películas chinas en las que se desplazan por el aire, mis pies dificilmente tocan el suelo, acomodada en una nube blanda y esponjosa.

Después de mil reuniones, me he dado un momento "porque yo lo valgo" y tras buscar al desaparecido Dr. Ji he acabado siendo ultrasobada por un masaje a cuatro manos.

Con un tanguita mínimo y dos masajistas, música relajante y camilla con pétalos de rosa la escena parece casi una película porno del género lésbico. El sobeteo es mundial, desde los pies a la cabeza, pasando por todos los lados menos uno. Con ese punto remanente, se hubiera convertido en una sauna o garito similar y estaríamos hablando de un establecimiento al margen de la legalidad.

En los dedos de los pies presionan y producen un pequeño pellizco sin apenas presión, suben por las piernas con movimientos cambiantes, muslos, brazos, abdomen, pecho, cuello, un rato en la cara, donde ya me han puesto unos algodones fresquitos que no sé qué maravilla contienen. Media vuelta y por detrás; otra vez los pies, me doblan las rodillas, presionan puntos que producen super-sensaciones, el culo, la espalda, brazos, trapecios y cabeza por detrás.

A estas alturas ya me he convertido en una pieza más de la camilla, he llegado al punto de fusión en la que mi cuerpo blando se ha unido al colchón y a la toalla. Tengo frío de relax. Prácticamente no me puedo ni mover. Solo me queda un pensamiento racional, el más racional del día a pesar de lo repleto del día. Me pregunto directamente, quién demonios necesita un novio pudiendo pagarse un masaje a cuatro manos. Quien coño quiere un novio, yo quiero bono de 10.

Entumediza, relajada y flotante me voy levantando pegajosa de aceites esenciales, para vestirme y volver a casa.

De camino, deslizándome por el aire, vaporosa, enciendo otra vez el móvil, para conectarme con la vida. Tengo cinco mensajes en el móvil de una amiga, al más puro estilo Samantha de Sex & City. A un par de manzanas, ella organiza un cóctel lleno de glamour. En cada mensaje, una nueva aparición de un famoso para cotillear. Pero yo estoy repleta de aceites esenciales, de esos que hace que te resbale hasta al mismísimo galán de moda.

Flotando.

servido por Honey 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

The Devil Rules the World

The Devil Rules the World dijo

Te veo levitando por la calle con sonrisa de satisfacción y despertando la mirada de perplejidad de la gente hasta que una persona se vuelve al verte y dice "ah, ahí va un masaje a cuatro manos..."

Qué envidia, ¿no?

25 Septiembre 2008 | 03:58 PM

Miss Calamar

Miss Calamar dijo

Te odio.

Bueno no.

Pero ya sabes.

Yo quiero flotar!

2 Octubre 2008 | 11:03 AM

Lunasalada

Lunasalada dijo

Uf si se me antojó el masaje, nunca he probado a cuatro manos, pero si reconozco la sensación de salir flotando como con un hormigeo grato por todo el cuerpo

2 Octubre 2008 | 03:44 PM

mariliendre

mariliendre dijo

Tú misma te contestas la pregunta... El novio sirve para llegar allí donde no llegaron las cuatro manos, aunque... si te gusta el número, serían mejor dos, dos novios, ya que estamos...

8 Octubre 2008 | 08:43 AM

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Señorita Honeychurch

madrid, España
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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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