Quiero matar a mi profesor de baile
Pura autodefensa. Puro intentar sobrevivir a sus intentos de fulminarme con un infarto inducido.
Porque lo hace adrede, no hay duda. Día que vuelvo después de un periodo sin aparecer, día que percibe un cansancio superior al normal en mi careto ojeroso, es el día que tiene torcido y nos hace repetir la desconocida coreografía cienmil veces hasta la extenuación, viéndome corretear detrás del grupo disimulando y copiando los pasos. Su mensaje es simple; no se puede faltar.
Y lo sé, lo tengo merecido. Quien me manda a mí ir a clase de baile con gente a la que doblo la edad y pretende dedicarse al mundo del espectáculo. Con gente que llega con la mente despejada del estudiante, o tiene en el baile el máximo objetivo de cada día. Y pensará el profesor que no voy por vagancia, por dejadez, por tomarme cañas y llenarme de croquetas y aceitunas. Vale, alguna vez. Alguna vez ha podido ser por eso, pero en general mantengo una lucha permanente por llegar, por salir a una hora prudencial, por no verme metida en un atasco o en una huelga de metro y por llegar a tiempo para calentar sin verme lesionada.
Probablemente nadie se esfuerce más en llegar a su maldita clase.
Por eso, en lugar de improperios y varas, de caras de mala leche y broncas de diva de reality show, solicito ánimos y comprensión. O al menos, ignorancia. Que me dejen camuflarme en esa última fila del pelotón de los torpes. En esa última fila que se choca con barras acumuladas y bolsas y zapatillas tiradas junto a un piano. Y ser transparente, coño. Que después de pelearme todo el día, con números, reuniones y llamadas telefónicas, es dificil improvisar y ser sexy de un plumazo. Que ya lo sé; que si fuera Beyoncé y andara por ahí, embutida en pantalones ajustados, preocupándome de mis mechas y uñas de porcelana e intentando ligarme a un morenazo, me resultaría mucho más fácil ser muy femenina y sexy. Mucho más. Pero que en el mundo en el que vivo, solo me falta hacerme un implante de testículos para poder sobrevivir y, de momento, "la técnica Beyoncé" no me ha dado frutos. De acuerdo, lo intentaré, empezaré a ir a la oficina con escotes y cadenas de cruces en el cuello, haré coreografías a los inversores para ver si se anima el valor, incluso puede que les enseñe un pecho como Janet, que también es muy funky. Pero hasta que tenga la técnica depurada, pido clemencia. Que dejar el traje al otro lado de la puerta es complicado. Que las puntas de trabajo no me permiten seguir paso por paso todas las coreografías. Que cada temporada que falto, me cuesta más recuperar el fuelle y la forma. Que estoy tomando Astenolit.
Un poquito de comprensión.
Y si no, que nos hagan una entrevista antes de entrar y nos pregunten aspiraciones, disponibilidad, y forma física. Que solo te piden euros.
Y se me pasará el berrinche.
Y bailaré de nuevo.





Miss Calamar dijo
Aaaaaaaaaaaaaaaay churchil!!!
Respiiiiiiiiiiiiira
Y si quieres que vaya allí in person y le patee el culo, no tengo ningún problema. Tú dispón, y yo capón.
Un besito, primor.
Que tienes muchísimo más encanto que la Beyoncé.
27 Marzo 2008 | 08:57 PM