Sakura en Madrid
Vivo en una especie de aniversario japonés.
Hay días en los que tengo sensibilidad nipona. Es algo muy extraño viniendo de una madrileña con ascendencia burgalesa de morcillas y Papamoscas. Pero así es.
Hoy es uno de esos días. Hoy soy japonesa.
Me levanto con un día malo; día alérgico de vientos velocistas y regla dolorosa. Día de herpes en la boca y agotamiento total. Mientras me desplazo en autobús, voy viendo como los árboles se van desprendiendo de sus flores rosas.
Estos últimos días sentí que Madrid había sido conquistada por cerezos y prunos. Que Madrid vivía un sakura castellano de árboles en las aceras y flores desperciadas sin ser protagonistas de una sola foto. Y me acordé del peregrinar de Kyoto. De ese discurrir de gentes admiradas por una flor. Peregrinos de la primavera que veían en cada capullo que se abría una estrella del celuloide.
Yo les miraba entre sorprendida y maravillada. Fascinada por una valoración que aquí hubiera parecido muchas veces intranscendente. Y me acostumbré a mirar como ellos. A ver la delicadeza de un cerezo de ramas retorcidas cuajado de flores rosas de alma blanca.
Y sentir la primavera como renacer de la vida, como la cumbre de un ciclo vital que comenzó con una sola semilla, con la cimentación de una raiz, con el crecimiento de un tronco cuya misión era sujetar ramas dispuestas a abrazar al aire y a los pájaros.
Y ahora ya miro así. Mientras me marchito en un estornudo, mientras me ahogo en un polen, mientras me duermo en una almohada de antihistamínicos, siento la vida renacer fuera de mi. Y quiero saltar sobre la hierba, hacer fotos a cada flor que se abre, comerme un pic-nic en el campo metido en una cesta de paja, pero permaneceré a cubierto cambiando filtros protegida por naturalezas muertas.
En este devenir japonés, me ha llamado un amigo que se va pronto para que le recomiende lugares. El martes quedo con él. Hasta entonces le he mandado un correo con hoteles y direcciones. Un correo que he disfrutado yo más que él reviviendo algunos momentos. Otros amigos se van en abril, pero ellos tienen guía de lujo. (Nora, que se van todos para allá...)
Hoy he ido a comprarme el próximo libro para el Club de Lectura. He salido con otros dos; un "Tokio Blues" más para regalar y "Primera nieve en el monte Fuji" de Yasunari Kawabata. No he podido dejar de comprarlo. En mi estado japonés no podía no llevarme un título así, ni una portada como la que tiene.
Busco delicadeza y hondura. Luminosidad.
Ya os diré si lo encuentro.







am_zoo dijo
No recuerdo haber sido japonés...
4 Marzo 2008 | 10:44 PM