Desatando nudos
Llego a casa tarde. Un compañero me acerca al barrio para que no tenga que adentrarme en los mundos subterráneos a altas horas después de una semana agotadora.
El barrio está en ebullición. Es jueves, el que era día oficial de comienzo de fin de semana antes de que fuera el miércoles, que está siendo alcanzado por un martes de carnaval ya perenne.
Derrengada en el asiento del copiloto veo como la gente se reúne y queda para tomar esa caña, esas setas maravillosas o esas tapas que hay que ubicar en algún bar repleto. Cada día hay más foráneos, habitantes que antes no eran habituales y ahora vienen al olor de las páginas "in & out" de las revistas de moda y suplementos semanales. Chicos de flequillos largos y camisas de toda la vida mantienen el mismo look de pijo de hace años, sin practicamente ninguna innovación, a su lado las pititas esquivan las mierdas de algún perro que se autopasea por el barrio y esquivan "gente rara" que no hace más que pasar por una calles extremadamente estrechas. Me gusta que se contagien del barrio, que se den un baño reconstituyente y revitalizador para sus cuerpecillos poco permeables hasta la fecha. Y que se dejen invadir por su espíritu. Chueca-spirit for everybody!. Seguro que todo iría mejor.
En esas estoy cuando subo a casa a desparramarme en el sofá. Lo que queda de mí. En pocas horas estaré de vuelta en la calle.
No consigo desconectar. Duermo mal. Me preocupa no ser capaz de despertarme a las séis de la mañana; pasar de todo y dar un golpe al despertador.
Salgo de nuevo a la calle. El silencio acoge un amanecer tranquilo solo interrumpido por los últimos que llegan a casa. Por aquellos a los que se les lió la noche. Trato de adivinar quienes van de retiro y quienes de reemplazo. Los andares delatan, las ojeras delatan.
A las 8 de la mañana ya está cumplido el primer hito. El segundo aguarda preparativos y datos de última hora. Llamadas de Madrid y Londres. Presentación. Más llamadas. Entre medias, un chuletón de vida y una palmadita. Mi jefe se pone sentimental y nos dice que es un placer trabajar con nosotros. El cansancio y el premenstrual de los cojones casi me hacen derramar una lagrimita. Odio que diga eso. Hace olvidar las horas y el agotamiento, el stress y la pelea. Es la frase "goma de borrar"; con ella borra el cansancio y prepara el siguiente maratón. Su humanidad nos hace perder la nuestra, nos convierte en supermáquinas.
Por la tarde, llena de vino y glóbulos rojos, sigo atendiendo llamadas de todas partes, en inglés y en español. Llamadas para informar, llamadas de enfado, llamadas de comprensión, llamadas pidiendo ayuda.
Hace ya doce horas que salí de casa y mi cuerpo dice basta. Llego a casa dudando si forzarme un poco más. Si completar mi cansancio general con el único que me falta; el muscular. Decido ir a baile y salirme si no puedo seguir la clase. En algunos momentos siento que me duermo, en otros siento que mi corazón no puede más. Algunas veces, pienso que después de ésto dormiré mucho mejor, que me desintoxicaré el alma y empezaré a recargar el swing. La coreografía es arriesgada. Bailamos con sillas y el sueño acrecienta el riesgo de tropezón. Me toca ser chico, para variar. Creo que todo empezó cuando era pequeña. Siempre me tocaba ser Sandokan en vez de la bella princesa, la atlética y lista ángel de Charlie, el príncipe en cualquier juego que ahora llamarían de rol. Asi que no me sorprende. Acepto mi nueva condición con total naturalidad y aliviada por no tener que abrirme de piernas junto a las patas de madera. Yo solo me tengo que sentar encima de una silla plegable y hacer juego de fuerzas para no acabar como una viñeta de Mortadelo, tipo sandwich de Honey.
Después de la clase, ceno algo y llamo a una amiga. Tengo el patio revuelto después de mi anterior post. Mil llamadas sin contestar en una semana sin un minuto libre. Todo el mundo quiere saber, yo no tengo problema en contar. Pero necesito aliento.
Hoy solo he conseguido dormir siete horas. Tenía previsto dormir diezmil, pero no se puede cambiar todo en un día. Ahora me voy al fisio. A que desate mi cuello de jirafa que ha estado haciendo macramé todos estos días. Y ver a Juan.
Y siento el rollo. Tenía ganas de escribir.






yocreoquesi dijo
Carpe Diem, siempre se puede más dulce princesa, porque tambien eres princesa, de las de la India... Bs.
1 Marzo 2008 | 11:22 AM