Dr Ji
Me recibe sonriente y vestido con una especie de kimono versión balneario urbano.
Cuando llego a mi particular centro de relax, me siento como en casa. Las chicas me preguntan por mi vida, por mis viajes. Yo les pregunto a ellas por la suya y por sus horas de masajes y tratamientos.
El Dr. Ji aparece en el cuadro, como teletransportado desde Xian, como un guerrero de terracota versión light, de sonrisa tímida y adolescente.
Me tienen preparada una sala con una camilla con toallas. Me dicen que no hace falta que me desnude, que solo lo haga si quiero estar más cómoda.
Por respeto a Dr. Ji me quedo vestida. El rubor oriental me resulta muy considerado, y si sigo, ya tendremos tiempo de ir a mayores e ir despojándome de mis vestimentas poco a poco.
Le digo que quiero un masaje que favorezca la respiración. El tui- na, es una técnica de masaje chino tradicional muy antigua. Se basa en estimular determinados puntos del cuerpo, de una forma similar a la acupuntura. Me lo habían ofrecido un día que fui por allí. Saben que lo pruebo todo. Me encantan estos sobeteos. Así que le pregunté a Dr. Ji si valía para aliviar el asma y me dijo que sí.
Sus manos son ásperas y no utiliza ninguna crema o aceite. Si puede no tocarte directamente, utiliza una toalla o la propia tela de tu camiseta o pantalón. Presiona ciertos puntos de una forma decidida y recorre tu cuerpo entero como si estuviera amasando, dejando sin grumos la masa para un pan, una pizza o una estupenda tarta de fresas y chocolate.
Me presiona dos puntos en los pies que duelen un montón. Me intento comunicar con él, preguntarle si me duele porque tengo algo tenso o si es un punto que a todo el mundo duele. Me dice "es punto". Por lo que llego a la conclusión, de que se trata de un "punto filipino" que a todo el mundo debe de doler.
Me amasa, los brazos, las piernas, el vientre y las costillas. Me doy la vuelta y me amasa la espalda y el cuello, y hace un bollo gigante con mi culete en pompa. Curioso, muy curioso.
Al cabo de un rato, dice "ya". Me incorporo y me siento en la camilla. Me pregunta "mejor?". Yo toda requetesobada me encuentro mejor. No sé si respiro mejor, hoy no estoy mal porque he ido al monte a respirar y la nube tóxica sobre Madrid parece haber desaparecido, de momento. Le digo que sí, no muy convencida de si el masaje ha tenido un efecto terapeútico o si responde al puro vicio de que me soben.
A la salida, me compro un bono de cinco. Porque siempre digo que sí y a mí me hacen descuentos por antiguedad y porque lo pruebo todo con singular alegría. Me dicen que el Dr. Ji es médico, que lleva séis años en España y que ya lo empiezan a entender. Hablamos de sus manos fuertes, mientras él mira con cara de chino de Tintín, con ese aspecto joven de señor mayor. No sabemos qué pensará. Qué se esconderá detrás de esas murallas de incomunicación absoluta. Qué se esconderá detrás de esas manos ásperas que parecen de agricultor de campos de arroz. Qué se esconderá detrás de ese masaje Tui-na misterioso y nuevo. Lo seguiré probando, a ver que efectos produce.






yocreoquesi dijo
Vaya, vaya, como te cuidas, no? Ya me dirás donde hay que ir para que te requetesoben, suena muy bien.
Besos.
3 Febrero 2008 | 04:59