En familia en la sierra cordobesa
Recién despertada de una siesta de paz, escucho una conversación de cotorras y otras aves.
La brisa refresca un día soleado por el sol y por la compañía; sentirse en familia y en complicidad es tan agradable como el bonito campo, como el arroyo que fluye y los árboles que se levantan. Las ciruelas maduran mientras el durazno aparece medio aletargado.
Bala un cordero debajo de un árbol mientras escribo en mi moleskine tumbada en una hamaca frente a una pileta con bordes de madera.
El Golden más feliz de la tierra, nada en el arroyo y se sacude duchándonos de alegría.
Las vacas tienen orgasmos al atardecer y los caballos asoman la cabeza por una valla empedrada.
Es final de primavera y el reino animal está con las hormonas enaltecidas, cada uno hace su particular sonido, se expresa con su propio canto.
Nunca me había encontrado en un cuadro pastoral como éste. En esta especie de Toscana argentina, tan a gusto, sintiéndome en familia, con mis primas tan cercanas que viven tan lejos y mimetizada con la naturaleza.
Las gallinas se pasean mientras dos gallos las llevan al redil. Y yo me dejo vencer por una siesta al sol.
La Córdoba argentina me trae a mis primas.


Miss Calamar dijo
Qué artistas, las vacas.
Y cuántas siestas me pegaba yo.
:P
18 Diciembre 2007 | 11:14 PM