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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

18 Diciembre 2007

Compras y tangos en Buenos Aires

Volvemos a Buenos Aires. Cambiamos forros polares por camisetas de tirantes. Vuelta al verano.

A estas alturas tengo el cuerpecillo con la capacidad de adaptación altamente desarrollada. Ya no importa si hace frio, si hace calor, si hace viento, si hace sol, me acoplo a lo que sea.

Buenos Aires nos recibe con un día medio nublado. El calor es húmedo, pero el día está un poco "panza de burro" y nos permite no achicharrarnos. Hay una manifestación grande cerca de plaza de Mayo, por lo que nuestro paseo previsto decidimos dejarlo para mañana.

La tarde transcurre entre compras y compras. Entre ellas, una bolsa adicional para poder traernos de vuelta lo que ha crecido la maleta que venía ya demasiado llena desde Madrid.

Cenamos en Puerto Madero en un restaurante de carne puesto como una antigua caballeriza. Puerto Madero recuerda a las zonas de los Docks ingleses. Una zona que intentó ser puerto y no lo consiguió y que se conviritió en zona de recreo. Antiguos edificios portuarios renovados y convertidos en restaurantes. Barcos restaurantes, grúas y puentes que permanencen como símbolo de lo que no se llegó a ser y, cómo no, un puente de Calatrava, que comienza a ser una plaga por el mundo.

Cenamos tardísimo, hay mucho movimiento en la zona, todo el mundo parece haber salido a cenar.

Al día siguiente paseamos por La Recoleta, viendo sus edificios, plazoletas y llegando al cementerio. A mi me dan mal rollo. Por muy curiosos que sean de ver, siempre me dan malestar. Vemos la tumba de Evita y, Laluz, vi también la estatua que publicaste, que me impresionó bastante.

Después nos desplazamos a la zona de Palermo-Soho, desde Plaza Italia hasta la Plaza Serrano y Armenia. Esta zona es una pura tienda. Todo lleno de tienditas modernas y restaurantes de diseño. Ideal, todo ideal. Viendo Buenos Aires, cuesta entender qué sucede con este país. Existen tiendas mucho más grandes y lujosas que las nuestras, restaurantes de lo más chic y teatros por todas partes. Uno no alcanza a entender como puede tener estos establecimientos y la alegría en su uso, habiendo sufrido hace unos 6-7 años la crisis tan grande que sufrieron.

Es cierto que las aceras están para matarse de un tropezón, que hay mucho coche viejo y que hay barrios de chabolas inmensos que no se ven en nuestro país, que se ven colas largas esperando a autobuses colectivos y que los aires acondicionados gotean cuando caminas por la calle, pero aun así, no llego a entender esta ciudad. A medio camino entre Madrid y Paris, te sientes por completo en una ciudad europea. La viveza de la gente recuerda a la madrileña, el no parar, el no dormir, la alegría del consumo y el espíritu, concuerdan perfectamente con nuestra idiosincrasia. Uno se siente permanentemente en casa, no extraña casi nada. Pero está claro, que la clase más favorecida tiene que gastar más en lujo que nosotros, porque Madrid se queda un poco atrás tanto en el tamaño de las tiendas de los barrios buenos como en el diseño de los locales. Siempre hemos sido un poco cutres, en este sentido, y aquí se percibe.

Vamos al Café Tortoni a tomar aire y ver lo bonito que es y recalamos en el hotel para darnos una duchita reconstituyente.

Nos espera una noche decadente. Vamos a la confitería Ideal a picar algo y ver un espectáculo de tango. Estamos solos. El lugar es una pastelería antigua con muchísimo sabor. Está vieja y un poco melancólica. Estamos solos. A nuestra llegada vemos una señora con rulos en la cabeza que debe ser alguna artista del show. Surrealista. Picamos unas empanadas y unas cervezas mientras vemos subir y subir gente por una escalinata hacia otro lugar de la confitería. Preguntamos al camarero, que nos viene a decir que éste el show para guiris y que donde van de verdad la gente tanguera es al piso de arriba, donde bailan y toman algo. Es realmente, la tanguería. Nos quedamos a ver el espectaculo pensando en subir a echar un vistazo arriba una vez terminado.

El espectáculo es regular; el cuerpo de baile me gusta más que en el Viejo Almacén, aunque se ve que todavía están poco experimentadas. El vestuario es mucho más bonito, el otro era un poco de saldos Arias relleno con apliques de Pontejos. La música me gusta menos. Pero lo que más "epata" es la aparición estelar de la diva sin rulos, con su peinado de cascada color ceniza anaranjado. Combina vestidos y pantalones siempre con brillos, con la cara superpintada como nuestras folclóricas. Y desafina. Desafina un montón. Además es la maestra de ceremonias y nos hace presentarnos a los cuatro gatos que permanecemos en el espectáculo.
Como fin de fiesta nos sacan a bailar. Un bailarín saca a la de mi lado que rechaza, me mirá y yo salgo rápidamente. Aunque jamás he bailado nada parecido, estoy deseando bailar. Luego tengo que aclarar que no tengo ni idea, porque el rápido convencimiento puede dar lugar a error. Me dejo llevar. Quiero aprender a bailar tangoooooo!. Necesito un voluntario. Pleeeaaaseeee. Aviso de navegantes: con tacones mido más de 1.80.

Decadente pero entrañable, calificaría al espectáculo.

Lo bueno viene cuando nos dirigimos por la escalinata al piso de arriba. La tangueria es un salón abovedado, con tintes palaciegos, en el que la pista de baile está rodeada de mesitas. Allí la gente toma algo y sale a bailar tangos, milongas y valsitos - o algo así-.
Se ve que mucha gente ya se conoce. Hay parejas consolidades que bailan "rebien" y otras que dan un poco de risa. Una japonesa lo baila todo con buen conocimiento de causa. Una mujer sola espera tomando algo a que alguien la saque a bailar. Siempre alguien saca a bailar a quien ama el tango. En una tanguería nadie que quiera, se queda sin bailar.
De pronto se me ocurre un plan para el futuro para unas próximas vacaciones: irme a Buenos Aires a aprender tango. Desde allí hacer excursiones y visitas a los distintos lugares de este inmenso y maravilloso país. ¿Alguien se apunta?

Una orquesta toca en directo maravillosamente y después una pareja de profesores de escuela salen a bailar dos piezas de una forma exquisita. Todo el mundo aplaude. Por fin nos fundimos con los lugareños.

Buenos Aires bazar y tango.
Buenos Aires de contrastes.
Buenos Aires de taxistas filósofos.
Buenos Aires de gente y gente.
Buenos Aires, teatral y pija.
Buenos Aires, decadente y moderna.
Buenos Aires ya me voy.
Con la música de tango en las venas
volveré y bailaré contigo.

Tags: argentina, viajes

servido por Honey 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

cachog

cachog dijo

Uff! Descripción espectacular de un paseo por mi Buenos Aires querido. No estoy para darte clases de tango, pero ya las empiezo a tomar para poder enseñarte en tú próximo viaje. Por suerte con la altura y tus tacos no hay problemas. Seguí contando tus vivencias, please!

19 Diciembre 2007 | 02:48 AM

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Sobre mí

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Señorita Honeychurch

madrid, España
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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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