El cuerpo de baile espera a la Vedette
Es la vedette, la diva, la estrella que brilla cuando baja por la escalinata llena de pailletes, lentejuelas y destellos plateados. Ya no puedes ver otra cosa, lo invade todo; pensamiento, vista, oido y hasta olfato. El Perito es la estrella del viaje sin ninguna duda. Impresionante.
Pero vamos por orden, nos quedamos en mi llegada a Calafate. Esa especie de pequeña ciudad en el medio del desierto no tiene más que viento. Viento y tiendas para crujir al turista. Hacen bien. Es lo lógico. En cualquier caso, carece del encanto de Ushuaia, lo crujen con tiendas de ropa y complementos, cuando bien lo podrían hacer con cafetitos monos de tartas y chocolates calientes.
El primer día en Calafate lo pasamos en el Parque Nacional de los Glaciares. Tomamos un barco y pasamos el día navegando por el Lago Argentino y sus ramificaciones que están salpicados de montañas, glaciares y témpanos.
Otra vez abrigada hasta las cejas, en disposición cebolla pues el día aparece soleado y venimos de latitudes todavía más al sur donde hace más frío, entramos y salimos de cubierta. Traspasada la Boca del Diablo comienzan a aparecer los primeros témpanos gigantes. Las dimensiones, mucho mayores que las del barco nos sugieren que el glaciar que los despide será algo gigantesco. Solo el 10-15% de la superficie del témpano está a la vista, el resto está sumergida en el agua para hacer el equilibrio del tentetieso. Los colores son alucinantes, cuanto más comprimido está el hielo más azul fuerte es el color. En el barco hay un fotógrafo que hace fotos y luego te las graba en un CD junto con su reportaje sobre el parque. Ya que yo soy la paparazzi del grupo, aprovecho la ocasión y, aunque al principio me da corte, luego me empiezo a enganchar y no hay quien me separe del objetivo. En plan top-model de tapadillo, con gorro, bufanda ygafas de sol, parezco King Africa posando cual Naomi Campbell para la campaña de invierno de alguna prenda deportiva. Poco a poco la gente se empieza a animar y el barco parece un desfile fotográfico. El Glaciar Upsala mira estupefacto. "Qué harán?", se pregunta.
Es enorme, gigantesco, el glaciar Upsala recorre kilómetros y kilómetros hasta que se recosta en el brazo Upsala del lago Argentino. Las aguas son azules. Las montañas con una vegetación tímida y superviviente que se agarra como puede con arneses al poco sustrato que se ha depositado desde la retirada del último hielo.
Paramos a comer en la Bahia Onelli. Damos un paseo con nuestras bolsitas de pic-nic y llegamos a una especie de playa donde confluyen tres o cuatro glaciares más. En la orilla los hielos de los témpanos depositados. Mil formas diversas preparan los témpanos para sorprendernos. Sentandos sobre una piedra, intentando guarecernos del viento fuerte, comemos nuestros bocatas.
Tras un rato allí y tras un paseo de vuelta al embarcadero, el barco navega de vuelta. Los témpanos iniciales, que tanto habían capturado nuestra atención, casi venciendo el equilibrio del barco a su paso por el peso de la curiosidad, ahora nos parecen pequeños hielos de cubata. La capacidad de sorpresa humana se adapta a todo. Ayer alucinaba con la nieve de las montañas, por la mañana alucinó con los témpanos y por la tarde ya solo quiere ver glaciares.
Un día maravilloso. Luminoso ybello.
Por la tarde, un baño en la piscina caliente del hotel y una sauna me dejan lista para irme a la cama.
El día siguiente es el día estrella, el día del Perito Moreno.
Esperando a la Vedette


cachog dijo
La vedette se rompe cada tanto y es un espectáculo alucinante. No creo, lamentablemente, que puedas llegar a verlo en este viaje, pués hace muy poquito que ocurrió el último desprendimiento. Sin embargo, vale la pena igual. ES ÚNICO!!! (El asado está más cerca. Apurate porque en 15 días el que se vá de vacaciones soy yo).
15 Diciembre 2007 | 05:07 AM