De Chile a Argentina pasando por Torres del Paine
Os dejé recién llegada a Puerto Natales. Después de una cenita a base de centolla y pescado, nos vamos a la cama como boas constrictor.
A la mañana siguiente nos espera un madrugón intenpestivo para ir al parque nacional de Torres del Paine. Nos recoge un autobusito mediano en el que vamos varios de los pasajeros del crucero. El guía ejerce un poder no esperado sobre mí. Como si fuera un hipnotizador cada vez que pronuncia la palabra "cuernos" caigo fulminada en un sueño profundo.
El capullo de él nos lleva a una tiendaa eso de las 8.00 de la mañana, cuando todavía no han puesto ni las carreteras. Enfurruñada y con un reglazo de los de "no me hables que te escupo", espero paciente arrancar de nuevo con cara de pocos amigos.
Vamos camino del parque por un paisaje amplio, ventoso y de escasa vegetación. Estos parajes del sur, mezclan estepa, pampa, y lagos con una singularidad absoluta. Al ver el primer guanaco - una especie de llamas - se me pasa rápidamente el malestar y resurge la paparazzi que hay en mi, persiguiendo los guanacos como si fuera una especie de gaucha fotógrafa. Después de los guanacos vemos condores sobrevolando por los cerros, avutardas paseando, guanacos baby, ciervos y hasta un zorro de paseo.
Entramos al parque. Es precioso. Tiene un bloque montañoso que se convierte en el bloque central del mismo y alrededor ser realizan excursiones y marchas de mínimo tres días. Lo nuestro no es ni un aperitivo. Es la aceituna que precede al aperitivo. Peroestá bien para hacerse una idea. El día está complicado, un viento tremendo nos quema las orejillas y a veces nos impide avanzar caminando. Vemos una cascada preciosa, unos lagos de color azulísimo y un témpano desprendido de un glaciar en una especie de playa de grava formada por el propio glaciar retrocedido. En uno de los vendavales se me vuela el gorro y se me cae directo hacia la cascada. Queda enganchado finalmente en una rama de una zarza. "Más se perdió en Cuba" pienso yo. Y cual es mi sorpresa, cuando de pronto veo al guía tirándose a por el gorro por el precipicio. "No, de verdad, déjelo, no merece la pena" le digo, yo ya con un cargo de conciencia terrible después de haberle llamado hipnotizador yhuirle en cada explicación cansina. Finalmente el tío rescata el gorrito y yo me quedo con micargo de conciencia. Aunque que quede claro, lo cortés no quita lo valiente, y se puede ser amable y plastaa la vez.
Los cuernos (ZZZZZ), son dos formas medio puntiagudas del macizo montañoso, que ubican también un glaciar. Entre medias de los cuernos, se supone que se levantan unas formaciones que parecen torres y que dan nombre al parque. Yo creo que se las inventan y no existen. Todos los turistas vamos a ver las torres pero yo os aseguro de que no vi ninguna por allí. Dicen que era por la niebla y las nubes, pero yo no las he visto, así que no sé si es como el jorobado de Nôtre Dame o algo así...
Tras un día en el parque esperando que se levante la maldita nube, nos vamos a ver una cueva muy curiosa donde encontraron restos de animales prehístoricos. De vuelta al hotel, cenita en un sito muy gracioso regentado por una alemana casada con un chileno y que guardaba una mezcla muy conseguida de ambas nacionalidades y a la camita para el siguiente madrugón.
El día siguiente transcurre todo de viaje. Cogemos a las 7 de la mañana (Dios quiero dormir!) un autobús de línea a Calafate. Entre medias tenemos que pasar la frontera, bueno, las fronteras. Primero hacemos una cola larga para pasar una frontera con un funcionario muy serio dentro de un ventanuco. Un coñazo.
Subimos al autobús, y al cabo de ocho kilómetros, misma operación con la frontera argentina. Aquí la cosa cambia, tres chicos jóvenes detrás de un mostrador hacen bromas a cada entrante en el país. Que si eres de Madrid, que si eres de Barcelona, que si el equipo de fútbol, etc... se nota un ambiente tan diametralmente opuesto en las dos fronteras, que se nota inmediatamente el cambio de país. Qué cosas. Lo cierto es que la pasamos con mucha más alegría, en todos los sentidos.
De la carretera hasta Calafate, poco puedo decir mas que me parecio de una aridez absoluta, tanta que me quedé completamente sopa hasta llegar a la estación de autobús.
Llegada al hotel. Paseíto por "la calle" que resulta ser Calafate. Un puro comercio para turistas. Carísimas las tiendas. Cosas bonitas.
Después me voy al hotel y me llaman ofreciendome un masaje en oferta que inmediatamente acepto. Un masajista, al que casualmente ahora estoy viendo a través del espejo que tengo enfrente del ordenador con un portátil en un sofá, me da un masaje completito (bueno, caaaasiiii, no seais mal pensados) y me deja como nueva y lista para irme por fin a la camita. Y sin cenar.
Mañana os cuento mi día de hoy: Parque de los Glaciares (la pasada)
Y lo junto con lo que voy a ver a mañana: Perito Moreno.
Solo deciros que este viaje mantiene un continúo modo "in cresciendo" que no sé donde va a llegar. No sé donde tengo ya la capacidad de sorpresa. Ayer veía un témpano gigante y flipaba, hoy tiene que ser un glaciar, mañana tendré que ir a la Antártida o quien sabe si a la luna.
Qué bonito es viajar



laluzenmi dijo
cuernos!
tú no ibas a descansar?
dosíficate honey!
(y los masajes deben ser completitos, o no son masajes, son simples amasamientos musculares...)
12 Diciembre 2007 | 10:23 AM