Navegando por los mares del sur segunda parte: glaciares y pingüinos
Como os contaba en el post anterior, hoy nos ha despertado la mar revuelta. En cualquier caso, después del documental y del pastillazo contra el mareo, he dormido como un león marino, mecida por el ligero vaivén de las olas, acunada por el mar.
Después del desayuno nos dan una charla sobre el Estrecho de Magallanes y sus descubridores. De nuevo historias de marinos y corsarios, de hombres intrépidos y descubrimientos.
Acabado el documental sitúo una silla frente al ventanal de proa. Miro el mar embravecido, "mar muy gruesa" nos dicen en el puente de mando. El barco da algunos planchazos y el agua se levanta hasta los ventanales. Las cubiertas están cerradas. Algunas focas nos acompañan en el camino y de vez en cuando asoman su cabecita bigotuda. Aves acuáticas, albatros, cormoranes y gaviotas hacen requiebros en el aire y dan ambientación como "extras" de temporal.
Tras la comida tenemos un nuevo desembarco. Esta vez nos adentramos porel seno Chico en busca de dos glaciares. Es un fiordo con un paisaje de roca erosionada por los hielos.
Hoy hace mucho frío. Un granizo que parece canicas con la velocidad de la zodiac nos da en la cara. Navegamos rápido por el canal. Es fantástico. El frio helado en la cara me encanta aunque a veces haga un poco de daño.Tras un recodo, vemos la lengua de un glaciar en retroceso. Pero cuando volvemos a girar un paisaje alucinante nos deja perplejos. Una montaña de hielo azulado se levanta como el planeta Kripton (?) sobre una ladera. La refracción de la luz convierte este hielo blanco en azul zafiro. Vemos algunos desprendimientos que se oyen como si se tratase de un derrumbamiento masivo de toda la montaña, como pasada por megafonía. Comunidades de cormoranes de tripa blanca vuelan y se posan por las laderas del fiordo. Es precioso. No puedo dejar de hacer fotos, una tras otra, como si de la obsesión de la montaña de "Encuentros en la tercera fase" se tratara el hielo ejerce sobre mí un poder hipnótico.
Volvemos bien agarrados y subimos de nuevo al barco.
Duchita, cena de despedida y copa de champagne con el capitán.
Después de ésto, se subasta con fines benéficos la carta de navegación a Cabo de Hornos. Unos catalanes pijos de habla castellana pujan por la carta. Pero un canario navegante y naúfrago, según nos enteramos después puja más alto. Se pican un par de veces hasta que de la nada surge un chileno que puja más alto todavía. Ciertas dudas y finalmente se lo lleva el canario. Y, sobre todo, se lo lleva la asociación benéfica, claro está. Es curioso ver una subasta en este entorno. Los euros surgiendo de brazos en alto y piques de pingüino macho levantando el pico alto, más alto.Bien visto. Hay que aprovechar la idiosincrasia humana para buenos fines. Todos contentos.
Durante todo el día, varios delfines han acompañado nuestra navegación. Como perrillos vagabundos de pueblo que persiguen al coche que llega o a los ciclistas, los delfines nos acompañan y juguetean con el barco.
Nos vamos a dormir. Estoy realmente acoplada a la dinámica del barco. No me quiero ir.
A la mañana siguiente nuevo madrugón, esta vez para ir a la isla Margarita a ver pingüinos magallánicos. Montamos de nuevo en las zodiacs. Hoy está la cosa más divertida. Moviditas las olas. La isla es una especie de comuna hippie de pingüinos. Ahí están los tíos paseando desnudos, bañándose en pelota picada y comiendo de lo que les da el mar. Refugiaditos en sus cuevitas y alimentando a sus polluelos parece que viven tan felices, lejos de la vida "perra" del pingüino emperador de la Antártida, que parece estar pidiendo a gritos que le trasladen a alguna parte más lógica de vivir por mucho que digan que siempre han de volver a su lugar de nacimiento. Si tu lugar de nacimiento es una auténtica putada, casi mejor que te lleven a otro sitio, vamos digo yo... (naturalistas fanáticos, es una broma...).
La isla huele a excrementos. Se puede soportar, porque digamos, que está muy ventilada. Sopla un viento tremendo, que parece nos vaya a trasladar de vuelta en parapente al barco en lugar de en zodiac. Paseamos, hacemos mil fotos pingüiniles en mil posturas, haciendose carantoñas, paseando en mitad del camino, al borde del mar, en la tierra, acurrucados, en duos, trios, grupos y algunos autistas.
Llegamos hasta el faro, pero no subimos pues las escaleras son muy empinadas y casi no tenemos tiempo para volver.
Volvemos charlando con uno de los monitores. Qué majete. En la isla queda una alemana que hace un estudio sobre los pingüinos. Esta es la última de las excursiones. Una pena. Esto engancha.
Duchita, desayuno, preparación de maleta y llegada a Punta Arenas. Fin de trayecto.
No me quiero ir. Se me ha hecho muy corto. Me ha encantado el viaje.
Un poco melancólica espero en el salón de proa, viendo acercarse un ciudad mucho más grande que Ushuaia y menos bonita desde la distancia.
Tras el desembarco, pillamos un autobús a Puerto Natales, desde donde os estoy escribiendo.
Este lugar tiene ambiente de montañeros y unas vistas preciosas de montes nevados y mar.
Mañana excursión a Torres del Paine.
Quiero ser libre, ir a mi bola con amigos y quedarme lo que quiera en cada lugar. Con una mochila estar aquí y andar cuanto quiera. Tomarme una cerveza con colegas y respirar este ambientillo, que me quiere recordar un poco a esos lugares con sabor por el mundo, como Cuzco, como San Cristobal de las Casas. Esos sitios a los que algún día volveré sin prisas y sin cálculos de tiempo.
Quiero vagar.
Besos a todos, me retiro que mañana toca madrugón.



Miss Calamar dijo
¡Tráeme un pingüinitooooooooooooo!
9 Diciembre 2007 | 12:05 PM