Navegando por los mares del sur
Sentada en el salón de proa del Mare Australis mirando el mar. Parece que ha amainado un poco el temporal y el oleaje. Estamos pasando por un codo del Océano Pacífico y dejado atrás el Canal Beagle de camino a Punta Arenas. Hoy nos ha despertado revuelta la mar. Un suicidio de la botella de agua contra la moqueta y un traqueteo musical de apertura y cerrado de cajones de la cómoda y puertas de armarios me ha despertado de buena mañana. Por fin vemos despertar a este mar, a este paraje extremo en la punta más austral de mundo.
Ayer un sorprendentemente benévolo Cabo de Hornos nos sorprendió sin demasiado movimiento ni a la llegada ni en el desembarco en las zodiacs.
Cabo de Hornos es siempre un misterio, nunca se sabe si será o no posible el desembarco. Lugar inhóspito con escasa vegetación que se agarra en tierras del norte sin querer aproximarse a tanta inclemencia, sus aguas están bañadas de historias de naufragios y aventuras marítimas. Nuestra dosis de aventura se ve reducida por un mar en calma y un día tranquilo.
Previamente nos habían aleccionado de como realizar el desembarco y cómo ir preparados con ropa impermeable y de abrigo y con chalecos salvavidas. "No hay que caer al agua" nos dicen "si uno cae, las posibilidades de supervivencia son muy escasas". El agua está a unos 6 grados hoy, en un día bueno, y la orilla está llena de unas algas gruesas y largas, como lianas submarinas. Esta operación es tarea arriesgada, dada la edad media de los ocupantes del barco; mucha gente mayor que es la que puede pagarse este crucero. Ironías de la vida, sería un crucero ideal para jóvenes. Como no es así, un tripulante -que luego veremos de barman- sujeta metido en el agua con un neopreno la zodiac, mientras otros dos nos ayudan a bajar con unos tablones a modo de pasarela.
La isla está habitada por una familia chilena. Como otros puntos extremos de la zona, aparecen como símbolo de pertenencia del territorio a Chile.
Pasamos una hora en Cabo de Hornos paseando y viendo el paisaje, de pronto invadido por un montón de especímenes naranjas. Como astronautas por la luna, los pasajeros del Mare Australis caminamos embutidos en nuestros chalecos salvavidas naranjas por unas pasarelas de madera que señalan la parte por la que hay que pisar. Para preservar la original y escasa vegetación de nuestras botas de montaña y nuestro perfil invasor. En el extremo sur de la isla, donde se sitúa el monumento a todos losnavegantes muertos enfoco la vista hacia la Antártida, intentando adivinar donde el mar pasará a ser hielo y la vegetación se diluirá hasta quedarse reducida a una capa blanca. Estamos a unos 1000 km. de allí y mi mente desea más que nunca el teletransporte, reunirse con el pingüino emperador por unos momentos. Alrededor hay leones marinos, pero no he traido prismáticos.
El crucero es totalmente recomendable, genial organizado. Es un crucero de exploración, lejos de ser un "love boat" con piscinas y jacuzzis, dentro del barco nos ponen documentales de pingüinos, navegantes y pueblos indígenas, nos hablan de la historia de la zona y nos enseñan a hacer nudos marineros. La comida es buenísima y parecen querer alimentarnos por si nos quedasemos varados durante 15 días sin alimento.
La tripulación es toda chilena. Son educadísimos y están siempre en su punto exacto, en su justa medida de cordialidad y distancia. En un tonoperfecto, aunque dejando atrás la labia y capacidad de comunicación argentinas.
Vuelta al barco, nos espera un desayuno copioso, una buena siesta después del madrugón y más adelante otro precioso desembarco aBahia Wulaia. Tras un pequeño paseo, que en el barco consideran de dificultad alta -imaginaosel público- llegamos al punto más alto de lamontaña, desde donde se contempla una bahía preciosa, entre canales naturales, vegetación ymontañas nevadas. Hace un día buenísimo y todo el grupo de "exploradores intrépidos" vamos dejando la ropa a lo largo del camino, como si de un streap-trekk se tratase. Por un momento imagino el panorama en la cima y no tengo palabras...
En este lugar, fuedonde el capitán Fitz Roy junto con Charles Darwin(todavía muy jovenzuelo) mantuvieron contacto con los aborígenes Yámanas en el siglo XIX. Más adelante Dawin desarrollaría su teoría de la evolución de las especies basado en mucho de lo que aquí contempló.
El guía nos pide 5 minutos de silencio para poder escuchar la naturaleza - es lo que tiene viajar en grupo- . Somos una especie de invasión, un grupo de gaviotas omnívoras, por lo que se agradece enormemente la paz y el silencio.
Cogemos (aunque aquí sea una grosería) la zodiac y navegamos al barco de nuevo, donde tras una duchita - la segunda del día- nos espera una rica cena.
Aunque dos de los monitores más simpáticos y monillos intentan liarme para participar en un numerito en el que yo debía ser una de las modelos - tela marinera- finalmente les doy esquinazo para quedarme tranquilamente en un comodísimo sofá en el salón de proa un precioso documental sobre el pingüino emperador. Nunca he visto un documental con mejor ambientación; en la pantalla miles de pingüinos luchan por sobrevivir en los hielos, afuera las montañas nevadas flanquean los lados del Canal Beagle.
Hipnotizada por la belleza que se puede contemplar hasta casi las once de la noche, me cuesta cerrar los ojos e irme a dormir.
Pero mañana espera otro día sorprendente...
(escrito el 6 de diciembre)


Miss Calamar dijo
Y con buenas música en tus orejitas, que yo lo sé.
A seguir surcando los mares y los paisajes, honeychurchill.
Aquí te espero yo.
Besitos.
:)
8 Diciembre 2007 | 10:58 PM