Ushuaia: en el fin del mundo con forro polar y bikini
A duras penas puedo escribir este post. El cuerpo me pide camita. Esta tarde lo he mimado en un SPA precioso y le he dado de cenar estupendamente ante unas vistas maravillosas de montaña y mar - bueno canal casi mar- pasadas las 10 de la noche. Estar en la localidad más austral del planeta es lo que tiene, tenemos luz desde las 4 de la mañana hasta pasadas las 10. Este viaje he venido en plan rica. Así que anécdotas de buscarme la vida voy a tener bien pocas. "Porque yo lo valgo", me voy a dar un homenaje como una señora y este hotel precioso es un ejemplo de ello.
Dejamos Buenos Aires con muy buen recuerdo y con la tranquilidad de volver. Ya acostumbrados al verano emprendemos nuestro viaje hacia el frio polar.
La noche anterior, os dejé en el teatro Cervantes. Aunque hubo diversidad de opiniones, a mí lo único que me gustó fue el teatro en sí, el edificio quiero decir. La obra me pareció un mal chiste, una opereta de festival de fin de curso o teatro universitario que no lograba hacerme reir. No le pasaba lo mismo a un señor de la primera fila que, salvo que fuese el padre o tío de alguna de las actrices, disfrutó de lo lindo y soltaba unas carcajadas de los más sonoras ante mi estupor.
El vuelo a Ushuaia discurrió sin grandes retrasos - bien!- y me colocó al lado de un chico majete al que debí sugerirle que escribiera un blog o una serie tipo "Doctor en Alaska", pero que podría llamarse "Auditor de Bancos busca los fondos evadidos en el Fin del Mundo", porque le habían destinado a Ushuaia de auditor de bancos y a mí me sonó como a deportación. Charlamos un rato y me indica algunos restaurantes.
El aterrizaje en Ushuaia es de no mirar, bueno o de mirar así con las manos con agujeros en los dedos, como miro yo las pelis de terror cuando por fin me animo. El aterrizaje es entre montañas nevadas y se realiza en una peninsulita sobre el canal Beagle. Por el agujero hay que mirar el paisaje que es precioso.
El parque nacional de Tierra de Fuego, da una sensación de paisaje aletargado. Es como si a un bosque precioso le hubiesen metido en la nevera a muy baja temperatura y tuvieramos una especie de "polo de bosque". Como una menestra congelada que adquiere sabor con un poquito de calor y un chorrito de aceite, la vegetación permanece esperando rayos de sol para capturar vitaminas y realizar la fotosíntesis. Mientras tanto, espera en la nevera intentando no gastar energías hasta poder crecer más rápido y llegar al sol.
Un precioso y particular paisaje nos conduce hasta la ría Lapataia, que se abre en una gran bahía.
En el camino diques construidos por castores, montañas nevadas, árboles autóctonos tipo haya y multitud de flora y fauna propia del lugar. Eso sí, todo contenido. Es un bosque sabio, maduro, conocedor de las inclemencias de la vida y de la anarquía del paso del tiempo. Refugio de Yàmanas (ahora no sé si lo he escrito bien, eran los indígenas que habitaban el lugar) y de zorros, ahora ve corretear al conejo castellano que se adapta a una piedra y ve al castor canadiense retozar en sus embalses sin peligro de osos.
La tarde transcurre visitando el museo del presidio. Un antigüo presidio es testigo de una extraña colonización del terreno por delincuentes hacendosos que consiguen asentar a la Argentina en Ushuaia. Muy curioso. Todo es realmente curioso. Esa sensación de lo inhóspito del lugar convierte todo en realidades que suenan a leyendas de naufragios y retos ganados al mar y al implacable frío.
Leyendas que fueron realidad y me hacen preguntarme en la naturaleza aventurera de algunos hombres. Me hace pensar con gratitud en cuantos con su vida nos dieron adelantos y descubrimientos.
Mañana embarcamos con destino a Cabo de Hornos. Llevo un par de cajas de Biodramina y unos cuantos forros polares. Viendo mapas a lunares de naufragios, pensaré en algunos de estos aventureros mirando hacia la Antártida. El mar, la nieve, el frío y el viento han sido compañeros. Esperemos que se porten bien mientras vamos embarcados. Navegaremos durante tres días y terminaremos en Punta Arenas, ya en Chile.
Lorenzo sal!!!!



Miss Calamar dijo
Un bosque helado, cómo mola.
Y me alegra que vayas de ricachona, de spas y buenos restaurantes. Te mereces eso, guapa, eso y mucho más.
Abrígate mucho que luego te me resfrías.
Y no dejes de escribir y de disfrutar!
;)
5 Diciembre 2007 | 10:42 AM